viernes, 22 de febrero de 2013

“No quiero ser ninguno de ellos”


No quiero ser ninguno de ellos, no. No les envidio un ápice de cualquiera de esos sucios céntimos de euro que acumulan por cientos de miles, por millones. No quiero para mi la ignominia de ser un traidor  a sus vecinos, a sus conciudadanos. No quiero ser carne ni cuerpo para la mentira, para la hipocresía y el engaño cierto. Sólo espero una conciencia tranquila y vivir en paz, hoy, en estos días. No deseo sencillamente lo que no es mío, lo que no he construido sin esfuerzo. No quiero nada que no tenga mi sudor ni mi aliento. No atacaré a un bombero por negarse a ejecutar un embargo, sencillamente porque no hay contradicción ideológica en ello, los bomberos precisamente lo que desean es defender y preservar a las gentes en sus casas luchando incluso contra el fuego. No se me ocurriría sacarle un dedo corazón a aquellos a los que engaño o saqueo.  No les diría que se jodan a seis millones de víctimas de los avarientos. No negaría lo que está sucediendo porque sería tanto como encubrir, como negar lo que es cierto y se muestra palpablemente inatacable. No querría estar en el poder a no ser que estuviera preparando cómo evitar mi arresto o construyendo firmemente mi impunidad. No podría dormir ante el desfile defenestrado de cuerpos saltando por los aires o ardiendo. No querría ser la demostración histórica  de la palabra corrupción, estafa, robo, fraude, engaño, descreimiento, hundimiento del futuro de una nación, vergüenza de un presente que les está perdonando la vida por suerte para ellos. No quisiera sobre mi espalda tantos malos augurios ni tantas ganas de vilipendiarme o hacerme pagar los engaños, las mentiras ni mi ineptitud cobarde. No quiero ser ninguno de ellos, frágiles, temblorosos, temerosos de que de repente todo estalle y les arrastre en una  gran ola sonora de gente gritando desesperada por las calles que todo lo barre. Yo solo quiero ser el amor para quien me ame, la parte proporcional de un abrazo a un amigo, a un hermano, la mano en el hombro sobre los padres, el buenos días al vecino, la ayuda que no se pide, la mirada que nada esconde, la voz que no grita, el paso más próximo a la palabra hombre.

viernes, 25 de enero de 2013

“El tiempo no existe, existen los relojes”


Tiene el curioso hábito de dejar olvidadas cosas por casa al modo de huellas que certifiquen su paso. Tanto da que sea el último libro que está leyendo o un sostén como una coraza. Como si no fuera poco, deja sembrado su aroma, que viene a hacerse flor en su ausencia, llenándolo todo. Que deje siempre modelado en el sofá y en la cama su forma aún tibia, no puede ser sino incómodo, pues nadie en su sano juicio quiere verse destruyendo tal magnífico castillo de arena.  El hecho de que el silencio salga triunfante en el pulso gracias a que ella lo ayuda desde la distancia es sencillamente chocante. Si aún no resulta suficiente, tener que lidiar con el vacío omnipresente cuando antes había sido tu aliado, no puede definirse sino como conflicto de intereses. Tampoco es menos todo lo que le hurta a la mente,  quedarse pensando en lo último conversado, o en el último beso, o quizás en el recorrido irregular que hicieron tus manos horas antes y que provocaran tanto estremecimiento o, sencillamente, tanto calor desde la ebullición cadenciosa de las sábanas. Desde luego es inaceptable que el pijama que había estado siendo tuyo desde el principio, ese mismo al que le falta un botón, sea escamoteado por ella, que lo coja y lo inhale robándole su olor, que sea ahora su posesión y desde luego, que aún quedándole enorme, le siente mejor que a ti pese a todo. Ahora la rebeca con capucha gris de pensar es su cota de mallas élfica y he de ponérmela regularmente para que, ahora sí, no pierda su olor. No hay quien lo entienda. De repente el tiempo no existe y no he vuelto a usar el reloj, ese accesorio tecnológico anquilosado de una sola función. De repente el tiempo salta de un mensaje a  otro, se mide por actividades y no conoce fin. De repente hoy, aunque llueva, todo tiene otro olor.

viernes, 18 de enero de 2013

“Al ducharme me he dado un buen golpe en la cabeza”


 No. No nos engañan y no nos manipulan. No nos desahucian y desde luego no blindan a los bancos contra nosotros. La ley por supuesto se impone   abrazando a las personas protectoramente. Los jueces, colectivo independiente, vigilan aguzadamente al poder legislativo e impiden el saqueo a la dignidad de las personas actuando de oficio sin contemplaciones y ciertamente ciegos. Ni por asomo existe la mentira y el cinismo, la palabra dada es una condena de vida y quien dice hará sencillamente hace. Por suerte ningún político ha amasado ninguna fortuna. Nadie malversa, ni roba, ni atenta contra el bien común, nadie necesita ser indultado. Es tal el honor, la dignidad, la ética, la moral, que es impensable que pueda darse la corrupción en el seno de ningún partido político ni de ningún ámbito social. Es aún más impensable que nadie  encubra a quién actúa sólo en su propio beneficio injustamente y a costa de los demás. La gestión de lo público tiene como huella la ausencia prácticamente de paro. Los emprendedores quieren pagar cada vez más impuestos para devolver todo el apoyo disfrutado, quieren allanar el camino a los que empiezan desde cero. Son los deportistas de élite los que han regresado de sus retiros fiscales paradisíacos para vaciarse los bolsillos y ayudar así a las bases generando las mejores instalaciones e infraestructuras deportivas. Exportamos ciencia y nuevas tecnologías, somos el número uno en patentes médicas. La prensa ha vuelto a ser independiente, gracias a Dios. Es precisamente la Conferencia Episcopal quien ha empezado a vender bienes para que nadie pase hambre, son los obispos los que se han rebelado contra la idea de que pueda haber sufrimiento en cualquier familia y no toleran, faltaba más, el engaño ni la manipulación, no absuelven ya a quién solo dice arrepentirse de palabra, sin más. La mentira ha desaparecido de España y la picaresca es sólo una curiosidad del siglo de oro. Los delincuentes pierden la nacionalidad al ser apresados y han de abandonar las fronteras de Europa. El salario mínimo se ha triplicado y nadie ha vuelto a echar un candado. Ninguna puerta está cerrada hoy. Los niños han sido declarados patrimonio nacional. Joder, vaya golpe me he dado.

viernes, 4 de enero de 2013

336 palabras

Os deseo lo mejor. Os deseo salud y os deseo belleza. Os deseo virtud y sentido común. Os deseo justicia y que el dolor no os toque. Que os besen al descuido y os escriban en la piel con un dedo la palabra amor. Os deseo ayuda mutua y generosidad cierta. Que nada os hunda, que nadie sufra, que nadie muera si no es en paz. Os deseo la conciencia limpia y la honestidad manifiesta. Os deseo éxito, recompensa, el valor sobre vuestro esfuerzo. Os deseo luz y connivencia. Os deseo una mano que se presta con una sonrisa. Os deseo solidaridad y  prosperidad. Os deseo abrazos y reencuentros gratos. Os deseo clarividencia. Os deseo la verdad y que no os roce la envidia ni el deseo de lo ajeno. Os deseo dormir en paz, olvidar la palabra arrepentimiento, remordimiento. Os deseo el afecto de los vuestros, el hombro a hombro de los amigos.  Os deseo tranquilidad. Que amanezcáis junto al ser amado, que os sonría aún sin haber abierto los ojos mientras el sol se cuela por la ventana y aún mantienen  el calor las sábanas. Os deseo besos, caricias, os deseo acurrucaros en su cuello, que os sintáis a salvo, que detengáis el tiempo. Os deseo que se os quede su olor colgado, que no se note su ausencia mientras tanto. Os deseo que la avaricia no os lleve, que no generéis sufrimiento, ni dolor, ni daño. Os deseo que la vida os respete y que quedéis indemnes. Os deseo formar parte de los más gratos recuerdos.  Os deseo estudio y aprendizaje, os deseo superación constante. Os deseo consciencia y tolerancia, os deseo respeto y la ausencia de temor. Os deseo valor y valentía. Os deseo estar de pie y no de rodillas.  Os deseo con voz, con una voz que no grita. Os deseo concienciados y generosos, fuertes y no lábiles. Os deseo incorruptibles y moralmente blindados. Os deseo vivos y consistentes. Os deseo firmes, inamovibles y en la primera línea del frente.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Te quiero


Te quiero por encima de mis posibilidades desde lo más profundo de mi crisis. Te quiero con este corazón hipotecado que no conoce la dación en pago ni me libera de carga alguna. Te quiero sin dueño, sin sueño, sin existencia clara. Te quiero desde mi piso de habitaciones rellenas de cuadros y libros, desde las  terrazas abiertas a la vida que no conoces, desde mi hogar con perro. Te quiero desde las calles, y los gritos y las cargas policiales. Te quiero desde los Eres y desde la totalidad de los despidos. Te quiero pese a todas las colas del paro y pese a todos los emigrantes, inmigrantes, pese a las tasas judiciales. Te quiero pese a la sanidad y educación robadas. Te quiero pese al I+D inexistente. Te quiero pese a la falta de crédito y pese a la culpa de los suicidios. Te quiero pese a las carreteras con socavones y pese a la dignidad desconchada. Te quiero pese al exceso de la burbuja inmobiliaria y al desprecio impune de los bancos. Te quiero pese al abuso de estos tiempos recortados y grises, pese a los esfuerzos congelados. Te quiero porque te quiero y porque los políticos, pese a todo, no pueden mancillarlo. Te quiero desde la totalidad de los errores que se han sembrado. Te quiero desde mi ignorancia y desde la prima de riesgo. Te quiero pese al banco europeo y este presente regulado por decretos. Te quiero desde el vacío de los bolsillos y a pesar de la avaricia de los avarientos. Te quiero aún sin voz y aún sin saberlo. Te quiero aún doliente, pese al futuro incierto y porque el fin del mundo no existe. Te quiero pese al desenfoque de nuestros sueños, pese a tus elecciones, te quiero pese a los cientos de miles de millones de euros que no veremos  Te quiero pese a la totalidad de tus acreedores y pese a los comedores sociales. Te quiero aunque roben en los bancos de alimentos y por sobre la totalidad de los desahucios. Te quiero pues aún así te quiero, porque pese a todo estás viva, vida, y porque sencillamente yo aún no he muerto.

viernes, 14 de diciembre de 2012

S/T






Queridos conciudadanos: 
Más allá de cualquier color o bandera, más allá de la riqueza de nuestros bolsillos y de la comodidad o humedad de nuestras casas.  A lo lejos incluso, desde los remotos tiempos de nuestro origen común, por entre nuestras disensiones sempiternas, desde lo más profundo de nuestra asesina bioquímica y de nuestra genética. Desde nuestra evolución , desde nuestra inteligencia, desde nuestros logros , desde nuestros sueños.  Desde nuestro amor y desde nuestro odio, desde nuestra capacidad para generar ternura o miedo, desde nuestra humanidad más íntima y por sobre la totalidad de nuestros defectos os escribo, os llamo a gritos más allá de la gramática y de la incorrección de este texto mal acentuado y que no le resta un ápice a todo el horror que estamos viviendo. Os miro a los ojos, os agarro por el cuello y os jalo de las manos, os pateo la espalda  y lloro. Lloro porque empujamos al vacío una vez más a uno de los nuestros. Hoy, 14 de diciembre, ha decidido matarse en Málaga un nuevo vecino, ha dejado atrás a una madre de 98 años a la que cuidaba y ha enterrado con ella 50 y tantos años de estar viviendo. Ella ha dicho basta, no puedo más, no quiero seguir viviendo. Somos nosotros quienes no hemos sabido aferrarle las manos para cortar su desaliento, los que no hemos sabido acompañarla a un lugar seguro, los que no hemos sabido hacerle ver que merece la pena seguir viviendo, pese a toda la miseria y ambición que nos rodea, pese a nuestra falta de escrúpulos y límites, pese a la esclavitud que nos imponen las ideas materialmente absurdas. Pese al lado oscuro de la palabra impotencia. La dignidad nada tiene que ver con el dinero ni con la apariencia pues nada saben de nuestros recuerdos ni de nuestro tránsito penoso y breve por la tierra. Somos la totalidad de lo que somos gracias a la vida, a nuestro esfuerzo por mantenerla íntegra e indemne , por nuestro instinto animal o por aquellos que nos quieren o necesitan, ¿cómo abandonar esa idea? ¿cómo permitir que nada importe por la invención o existencia de las deudas que nada saben del poder inmarcesible del amor, de la felicidad de los sueños a los que se aspira, de todos aquellos que nos necesitan y complementan, que nos hacen precisamente ser  humanos en el abrazo y en el auxilio, en la caricia y en la tristeza?  Somos seres humanos porque tenemos la capacidad de decir basta y porque la totalidad de nosotros hacemos Uno, sólo Uno, pues sólo células somos de un mismo organismo. Queridos conciudadanos, os pido perdón por no saber traducir el grito que me ahoga desde dentro, por no saber hablar. Os estoy pidiendo auxilio para los nuestros.




lunes, 10 de diciembre de 2012

Hoy


Es la lluvia la que cae acompasadamente hoy mojándonos a todos por igual . Pienso en cómo la muerte también todo lo iguala. En que lo básico para todo hombre no conoce distingos ni jerarquías. Pienso en cómo somos incapaces de gestionar nuestra convivencia pese al paso de los milenios y la totalidad de nuestros avances. Nos llamamos sociedad democrática pero no excluimos las desigualdades relacionadas directamente con la vida económica, donde la fortuna, contrariamente a lo que propugnamos es una fuente de influencia demoledora, donde los trabajadores son pésimamente protegidos de la explotación, donde el propio estado no facilita encontrar un empleo, y donde cada uno no puede hacer valer sus derechos, ni obtener de la sociedad la protección contra los riesgos de la vida, que son muchos. Llevo años escribiendo que la democracia ha fracasado, recuerdo que alguien me replicó desde la comodidad de su bonanza con pocos argumentos sólidos. Hemos vuelto a coincidir, la crisis no le ha tratado nada bien, me pedía consejo, pero yo ya no puedo ayudarle. Recordaba perfectamente el día en que me abordó impetuosamente más preocupado por impresionar a sus acompañantes  y a sí mismo que en darse cuenta de que la afirmación el saber no da dinero era una auténtica atrocidad. Por lo visto no sólo no le respondí sino que reconduje su enfrentamiento cuatro pasos antes y le hablé de educación y de cultura. No recuerdo absolutamente nada pero él dice que le quedó marcado que sutilmente le toreara dejándole los bolsillos llenos de dudas y que le hubiera desarmado sin siquiera haber sacado mi espada. Cree que ya es tarde pero para su sorpresa le contesté que no, que si ser bien educado cuesta el mismo esfuerzo que ser maleducado, él tiene tiempo de sobra, pero no sin esfuerzo, para recuperar lo que ahora echaba en falta. Y es que lo que realmente ha de preocuparnos de la crisis es la ausencia de valores éticos y morales ciertos y aprehensibles, pues esa es la causa real de todo lo que sostenemos y que no son sino antivalores sociales: el egoísmo,  el individualismo, el engaño, todo aquello que nos hace un poco más animales.
Sin embargo, abajo, ahora, en la calle, se oyen los silbatos acompasadamente. Desconozco la queja. Apenas suena insistentemente uno y el resto calla, no se escuchan consignas y aún menos a la policía, pero hay un runrún que adormece y que me hace intuir que de lo que se habla es de que seamos los de antes, cuando ya eso es imposible, pues solo nos queda el sueño y el deseo urgente del advenimiento de un hombre nuevo que nos salve.

viernes, 30 de noviembre de 2012

"del amor"


Una escritora me ha sugerido que hable hoy del amor, como si yo pudiera decidir cómo late en mi cabeza lo que identifico con mi corazón o cómo siquiera traigo a este presente una caricia o el abismo de una espera o la ambición de retener por más tiempo a quién huele tibiamente por entre tu cuello, mientras es el olor de su pelo el que cosquillea tu ánimo y su fragancia acuna una vez más el deseo y el deleite. Como si traer en estas entrelíneas el recuerdo de su forma pudiera recomponer el puzzle roto en que se conviertieron las sábanas de algodón blanco y cálido de su ternura, la composición elocuente de su impronta, la huella ambicionada de su suave textura y sus caricias. Ni aún hablando de su boca brillante ni de sus ojos tristes, ni de su voz que murmuraba mi nombre y me atraía para sí reivindicándome una vez más. Cómo decir que su espalda era la orogénesis cierta que abarcaba la totalidad de lo que abarcaba mi vista, el territorio fértil del que sólo fui usufructuario o incluso siervo de la gleba a ratos y que hoy he perdido por haber seguido andando por entre otras tierras, esas otras tierras que nunca más volvieron a ofrecerme un paisaje tan añorado o con tanta sensación de pertenencia. Hablar hoy de sus manos no puede describir cómo nos comunicábamos, ni cómo su gesto era la línea que trazaba mi silueta convirtiéndose en la corintia que según Plinio el Viejo  hizo nacer el dibujo ante mi partida inevitable. ¿cómo traer la fina arquitectura de sus hombros sin recordar que mi cuerpo ya no lo habita? ¿cómo no pensar en su clarividente generosidad y en que jamás conocimos el conflicto, o en su entrega cierta, o en su muda alegría, o en su cara brillante cuando reía de mis ensoñaciones y ocurrencias carentes de toda razón pues estaba loco por ella? Cómo hablar del   obsequio de su amor, de mi amor, de lo que tallamos con tanta brevedad en el tiempo y que sin embargo es hoy una escultura de tiempo que no recoge lamentablemente el maravilloso acto de su creación, que nunca más me he atrevido a exhibir, a exponer, a mostrar para que esa acción externa no la postre, ni la use, ni la gaste, ni la haga ser malinterpretada por quién desconoce el pulcro valor de sus gestos, de su sonrisa apenas, de sus lágrimas cuando perdí mis pasos y me fundí en negro. ¿Cómo hablar del amor si no lo tengo?

viernes, 23 de noviembre de 2012

23 de noviembre


Cuando vivo este presente es cuando asumo que no hay vida inteligente en el universo, básicamente porque nosotros somos un buen ejemplo de tal ausencia. Cuando enciendo el televisor o reviso los diarios asumo que nos queda cada vez menos tiempo, que tardará más en amarillear el papel que en extinguirse demasiados derechos o conquistas sociales. Si hubo que luchar para conseguirlos, habrá que luchar para retenerlos. Cuando presencio la manipulación diaria y el juego con nuestros sentimientos, incluso con nuestra hambre o techo, es cuando asumo que no puede esperarnos sino el enfrentamiento. ¿cómo se pone freno a quién no frena su avidez y desposee al resto de sus mínimos? Es cuando hago memoria y recuerdo, que deshago un camino de hechos y de silencios, que me retrotraigo en lo que en cierto modo ya me es ajeno, pues así veo que ciertas decisiones inciertas han errado a través del tiempo y descubro cómo hoy emulamos aquellos desaciertos. ¿acaso no podemos dar por preciso y exacto que sabemos en qué acabará todo esto si no lo encauzamos?  Debemos recordar en qué consiste esto del juego de la política, asumir que somos nosotros quienes los ponemos ahí, que su pedestal no es de hierro, sino sólo de tiempo, de un tiempo que consumen para si casi en su totalidad, pero sabed que el tiempo no existe sin embargo, que podemos alterarlo y arrebatárselo, pues si somos los legitimados para ponerlos donde están, ¿ acaso no somos los mismos que legítimamente podemos bajarlos de su escalón condenándolos al olvido, condenándolos a ser exactamente igual que nosotros , pues eso  son en realidad  lo que son? No es todo. Cuando veo a la gente sonreír, ayudarse. Cuando soy testigo de cuántos tienden la mano y luchan por lo ajeno llevados por la justicia y el amor al prójimo, es cuando sé que aún no estamos acabados ni perdidos del todo.  Cuando veo a tanta gente dispuesta a no consentir, aguardando que alguien de un paso en la dirección correcta para seguirlo sin vacilación, es cuando asumo que aunque está tardando, alguien se va alzar. Esto es lo que pienso mientras desde mi trabajo intento sortear a toda la gente que no asume sus pagos ni su palabra para que no me arrastren con ellos. Mientras tanto pienso y así me devaneo, asumo que cuando yerro, por suerte también se que ya sólo me espera el acierto.

viernes, 9 de noviembre de 2012

No somos


Somos cobayas. Conejillos de indias en una jaula gigante que se pierde en el horizonte. Somos la representación de lo que soportamos aún sin saber dónde están nuestros límites. Somos una bomba a punto de explotar imprevisiblemente, pues la mecha ya arde sinuosa e imparable. Somos el grito ahogado y la espalda apaleada. Somos un cuerpo que es arrastrado por el suelo para acallarlo. Somos los que estamos siendo desposeídos de lo que hemos heredado. La pasividad estúpida y aborregada de los que permiten que les hurten y roben. Somos los ingenuos que dejamos hacer, los que creemos si necesidad de demostración, a pesar de todo lo que en nuestra contra está siendo probado. Somos la ausencia del espíritu crítico. La cualidad de lo maleable y manipulado. Triste carne de cañón triste. Somos los que nos creemos algo estando en la lista de los ninguneados. Los que cumpliremos obedientes con la navidad habiendo tan poco que celebrar. Somos los que hemos desprestigiado a la palabra solidaridad y al propio ser humano. Somos los que decimos egoístamente “ a mi no me va a pasar”, los que no tendemos la mano, ni golpeamos en la mesa con el puño. Somos los que no queremos que nada cambie, pues nada hacemos. Somos aquello que estamos permitiendo. Todo lo que sin duda no hacemos al fin y al cabo. Somos aquellos que hemos devaluado a la verdad, los que hacemos que no importe que nos mientan. Somos los que creemos que no estamos tan mal pese a todo; los que piensan que no recogeremos lo que estamos sembrando inexplicablemente. Somos los que apedreamos el futuro de cristal y echamos sal en nuestros huertos, los que escupimos contra el viento y dejamos que desahucien a nuestro igual. Somos los que olvidamos que sin nosotros no hay nada más. Los que no asumimos que somos la pieza clave en este engranaje. Los que no sabemos que sin nosotros actuando adocenados, convertiríamos en un mal chiste a la prima de riesgo, que trasladaríamos el problema a quien nos tiene cogidos por el cuello y que tanto nos necesita para poder ser quien es. Somos los que permanecemos donde nos dicen sin haber razón alguna para ello. Somos los ignorantes que nunca gritamos rabiosos que juntos somos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

2 de noviembre


Dejar tendidos los pensamientos en la orilla, y colgando el pudor de una rama doblada por el peso. Romper la estabilidad de la propia tibieza entrando en el agua agarrado de una mano que te aferra como acto reflejo y a la pata coja. Deslumbrase por los ataques del sol punzantes a través del oleaje que discurre. Bañarse así en el río de la vida a la espera de que alguien decida robar la ropa o la tranquilidad. Asumir que siempre hay alguien agazapado y al acecho, entretanto, entre tantos. Bucear con urgencia hasta los guijarros del fondo y ver sus pies y su cuerpo desnudo, en suspenso, por entre los peces y la vegetación.  Intentar hundirla jocosamente desde tu propio hundimiento y sólo conseguir tragar agua con sabor a verde cieno. Asumir que todo eso ha podido ser vida pero ya sólo eso. Huir del tiempo así de despreocupado y por todo lo que el recuerdo, la memoria, retroalimenta con tanto engaño o ilusión. Regresar por tanto a las mismas tardes de siempre y retomar la construcción de la soledad donde la dejaste. Volver al laberinto sin madeja y sin memoria. Reescribir en letras doradas que somos la constatación evidente de que no hay vida inteligente en la totalidad del universo y para que no se olvide. Poner lavadoras y limpiar la casa, sacar al perro e ir al trabajo sin embargo. Efectivamente, elegir la ropa o asear el aspecto como un autómata duplicado. Guardar también en un cajón los propios sueños para atesorarlos tristemente.  Ir y venir como el agua de una clepsidra sometida y convencionalmente.  Intentar quebrar, vaciar de contenido,  la palabra axioma. Echar constantemente en falta lo que no se ha tenido aún inexplicablemente mientras el perro ronca a tus pies.  Pensar, sopesar, reflexionar, arrodillarse siempre ante un bando, pues es lo que acabamos haciendo. Ser una pompa de jabón entre alfileres. Un nudo que nada ata. Un hilo frágil pendiendo de un hilo. El vacío que llena nada. La vida es todo aquello que tenemos detrás al mirarnos en un espejo solamente.

viernes, 26 de octubre de 2012

Qué lástima


Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga que lo que está pasando en estos días inciertos, él ya lo ha vivido, como efectivamente sí hacen otros. He reflexionado sobre lo que está pasando y veo demasiado talento acumulado en una generación,( sí, sabedlo, pues no todos han de ser “ninis”, ni mucho menos), y que se ven forzados a emigrar: Echados, expulsados tácita y firmemente. ¿en qué momento ha dejado el Estado de procurar y mirar por sus ciudadanos? Y sobre todo, ¿qué va a pasar en este país con el vacío de una generación talentosa, formada y preparada? ¿no les recuerda a otros momentos de nuestra historia en que se gritaban consignas del estilo: “muerte a los intelectuales” y que éstos, efectivamente acabaran emigrando o alimentando exilio huyendo así de la muerte? ¿saben ustedes el gran beneficio que hicieron éstos intelectuales en Iberoamérica, por ejemplo? ¿lo que aportaron en sus universidades y ámbitos culturales y que nosotros perdimos entonces con tanto perjuicio? ¿qué va a pasar, no se lo han preguntado? ¿son capaces de imaginar que todos aquellos emigrados acabarán generando el suficiente desarrollo y tejido con su esfuerzo en sus países de recepción y que aquí sólo nos quedará esperar a que regresen aquellos nostálgicos, pues no  lo harán todos, (¿quién quiere estar donde no le quieren?), con el poco dinero que hayan acumulado en demasiados años de estrechez y privaciones? ¿qué sucederá entonces? ¿volverán, con ese dinero, una generación después a comprar pisos y a especular, haciendo nacer una nueva burbuja inmobiliaria? ¿sufrirán nuestros nietos nuevamente lo que hoy sufrimos? ¿es ese el perfil de nuestra rueda de la fortuna, es acaso plausible todo esto que digo? Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga cariñoso,- “Hernán, no es este el camino, sé cómo acabarán devorándose entre sí, cómo acabará destruyéndose lo construído, cómo acabará todo en un siglo de retraso”-.

viernes, 19 de octubre de 2012

Si


Si la Filosofía anegara las calles, si la Poesía sobrevolara las cornisas y las cubiertas, si subiera hasta donde las nubes huelen a humo de avión y el cielo raya el desequilibrio de tantos viajes. Si viviera Anaxágoras, Parménides o Protágoras. Si Diógenes nos hallara a plena luz del día, si el mismo Sócrates no hubiera bebido nada en aquella hora cierta en que apenas sí alcanzó a aprender una pequeña melodía que ya sería eterna, si ese día siguiera siendo hoy. Si en lugar de guerras hubiera justas literarias, batallones de poetas blandiendo plumas, sonetos y cuadernos. Si en lugar de todo hubiera nada. Una nada primigenia virgen de toda mano o molde. Si pudiera moldearse una nueva amalgama sin alquimia. Si pudiera escribirse nuevamente la palabra hombre, como cuando volvemos amar después de todo, así sólo sea un paréntesis nuevamente. Si se pudiera recuperar la pureza que alguna vez nos mantuvo unidos. Si acaso Platón no hubiera hablado de la caverna y pudiéramos ver todos al mismo tiempo, llegando al mismo conocimiento. Si acaso no hicieran falta las palabras, ni siquiera el más mínimo gesto. Si Wittgenstein aún fuera tocado por estas mañana de octubre en su cabaña o no, si también lo hiciera Adorno desde la solidez de sus convicciones, cuántos conflictos entonces no habrían desarrollado su calvario, cuántos profetas no habrían encontrado el camino de regreso afortunadamente por entre el desierto; cuántos burócratas perderían todo reconocimiento y cuánto banquero no iría preso. Si Nietzsche viviera estaríamos todos suspensos. Si cualquier poeta aun viviera arraigado en nosotros, diríamos entonces amor, vida, caricia, tristeza que recompensa, diríamos esto no puede estar sucediendo y anunciaríamos un mundo nuevo. Si todo esto pudiera estar sucediendo al mismo tiempo. Si fuera posible que sucediera. Si acaso yo no fuera tan idiota e ingenuo.

lunes, 15 de octubre de 2012

S/T


Hundir las manos en la tierra y coleccionar el silencio. Quedarte mirando al vacío. No coger el teléfono, desde luego. Hacerse el sordo. Leer como refugio al medio. Caminar con prisa y decir sólo, adiós, hasta luego. Llevar encendido constantemente el Ipod y las gafas de sol puestas. Tumbarte paralelo a suelo y techo. No confiar en que nada mejore. No depositar tus esperanzas en nadie. No creer en nada que no pueda ser. No querer nada que no se pueda tener. Ser  tu propio refugio. Cultivar hacendoso la soledad. Pintar lo que no será mostrado. Escribir lo que no será leido. Estudiar todo aquello a lo que no se dará uso. Solucionar lo ajeno sin más. Escuchar al otro con ajenidad. No mirar el reloj pues no importa. Rascarse la cabeza. Pensar haciadentrado. Mirar permanentemente al vacío. Quedarse a oscuras. Limpiar tu sitio. Evitar toda interacción. Ser escrupuloso. Ver más que otros y que no tenga sentido. Salir y entrar vagamundo. Estar siempre de paso. No permanecer demasiado tiempo. No querer ir nunca más allá. No tomar decisiones que hipotequen un futuro que no existe. Ser esquivo. Ser críptico. Ser ininteligible. Amar. Amar como sólo ama quien no se pronuncia.  Ver el error ajeno y hacer que no importe.  Llegar a conclusiones que solucionan problemas y dejarlas que se evaporen. Sonreír a la nada. Hablar solo.  Sentir tu propia diferencia como una frontera encadenada a una pared. Disfrazarse de persona. Leer los periódicos y ver siempre la misma noticia. Descubrir lecturas maravillosas que se perderán entre otras tantas. Olvidar. No soñar, sino tener visiones, pesadillas. No poder comunicar el filo preciso de una palabra pese a la verborrea.  Ver el tejido social con la fragilidad de una tela de araña desde nuestra escala. Intentar ser tan preciso que nadie te entienda. No comprender las convenciones. Cultivar saber para recoger olvido. Carecer de convicciones. No posicionarse en ningún bando defectuoso. Asumir que nada merece la pena. Vivir por hacer algo o por no hacer nada. Entrenar la autodefensa. Cerrar los ojos para descansar. Tener ganas de gritar constantemente. Saberse limitado e ínfimo. Estar “por encima” de demasiados y salir perdiendo. Ganar todas las derrotas. Esquivar todos los besos ¿y ahora qué?

viernes, 21 de septiembre de 2012

Pues todo es sueño


Pensar es desconocer que aún dormimos. Pues todo es sueño. Nuestro deambular desorientado y arrastrado de pies, llamadlo vida, transita así los días. Testigo es de la verdad secreta y demudada: El sempiterno rumor que no se halla, aquella voz como un suspiro que clama; “Esto es pasar, no ir haciendo camino, sino ver el ir y venir de las estaciones “. La verdad es sueño, la verdad. Tanto da que pueda hacerse una canción con la verdad, la verdad, que con la mentira, mentira. Tanto da pues tanto es sueño. Acaso pesadilla. Tanto da pues tan poco importa hoy si  se está despierto. Siquiera afligido. Siquiera vivos o muertos. Creer que la vida es todo aquello que creemos que percibimos, tampoco es.  Ni creer  tampoco entonces  que somos conscientes de tan poco, pues ni aún siendo. Y entretanto, durmiendo que no dormidos. Y entre tantos, un concierto de ronquidos, pero ningún acierto. Y así va siendo nuestro sueño, con pequeños sobresaltos que nos hacen parecer despiertos, pero sólo eso. Así los días nuevamente, he de decirlo en ambos sentidos. Nuevamente porque al repetirlo me repito. Nuevamente también porque es toda la humanidad la que no tiene a bien dejar de andar los mismos pasos, ni de dejar de pisar las mismas huellas, - vigilando escrutadores no salirse del cerco-, una y otra vez tercamente constantes como la enfermedad y de nuevo, sempiternamente. Así y con todo somos capaces de soñar el amor, el afecto, la solidaridad, incluso soñamos con colonizar el planeta Marte. Así y con todo somos capaces de escribir “El maestro y Margarita” o “Paisaje con grano de arena”, grabar “El sueño de la razón produce monstruos” o componer “Peer Gynt”. Así y con todo nos salva una vez más lo que se nos escapa y no controlamos. Pues aunque desconocemos que aún dormimos, nos queda la esperanza, como una súplica, que aguarda a que uno de nosotros abra los ojos inevitablemente. Que alzando la mano, descubra, al fin, que el mundo no es lo que nosotros creemos ser tan simplemente. Que ser conscientes, (ojalá se entienda ya que no es fácil), es sencillamente no ser.  Entonces allí, en el abismo, suspendidos en suspense, asidos apenas a una idea, a un rumor desesperado que se aferra, que hace destacar las venas y es testigo de una voz: “Bien, de acuerdo, todo es sueño, pues, si todo es sueño, queda aún pendiente que despierte del sueño profundo en que no vivo”.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Si no.


¿Qué nos queda si no la amistad y el amor? ¿qué más sino aspirar al equilibrio de nuestro círculo, de nuestros vecinos y conciudadanos? Es como barrer la puerta de tu propia casa, tu cachito, ¡ ah, si todos lo hiciéramos al tiempo ! Si acaso arrimáramos el hombro lo suficiente como para sentir como propio el dolor ajeno. Poder oír la queja ajena y rumorosa que se avergüenza de ver la luz, la propia pena desapacible que se enquista, la dolencia sinuosa y tililante que se arrastra y que no deja ni respirar de tanto como acapara, y tan humanamente. El dolor que no deja ver que no estamos solos en el camino, ni tampoco abandonados. La punzada aguda que hurta al descuido la posibilidad  de percibir nítidamente que nuestra suerte pende en vilo, planeando sobre nuestras decisiones, sobre todas aquéllas opciones que llegamos a asumir como actos propios tan torpemente, ¿qué nos queda si no los pactos sociales tras milenios de evolución? ¿qué más si no traer al presente el sentido común esculpido en el muro de la historia y desde el recodo más oscuro de nuestra propia supervivencia como especie ? Acaso no sintiéramos lo mismo con  los mismos estímulos, acaso no deseáramos las mismas cosas ni soñáramos los mismos sueños, acaso no sintiéramos tan intensamente el cálido guantazo del amor con tan poca originalidad desde  el comienzo de nuestro tiempo como especie, como hombres, como los voraces depredadores desconsolados que somos tan tristemente. ¿Qué nos queda si no mirar a los ojos de la muerte y asumir que esto no es sino puro tránsito, que pues estamos de paso, sólo podemos aspirar a dejar en la mejor de las comodidades a todos aquellos que serán nuestros heredados? ¿qué más sino intentar dejar en orden todos nuestros papeles sin causar más molestias que la de tener que recordarnos con amor, lástima, sentimiento de perdida, deuda o gratitud? ¡ ah, si tuviéramos esa suerte de ser conscientes de la propia realidad, haríamos nuestra también la ajena ! ¿Qué nos queda si no?, pues, si no, ¿qué nos queda?

lunes, 10 de septiembre de 2012

Ha llegado el momento



Ha llegado el momento. Han llegado las horas y los días. Tantas noches abiertas y desde luego tantas estrellas. Hoy es el presente incierto que tan mal conjuga y que tanto ha fomentado tristemente el verbo enjugar. Nadie ha sacado un plan, su plan, y lo ha puesto en medio. No podemos saber si nos sumamos o seguimos esperando mientras tanto. El plan existe y lo tenemos cada uno de nosotros, eso está claro, sucede que parece que no lo hemos descubierto aún. La calle se está haciendo la distraída ya por demasiado tiempo y de estación en estación. Todas las ventanas devuelven hoy el reflejo de una imagen solitaria, un malentendido Vermeer deprimente en los minutos en que la esperanza lucha por sobrevivir, nuevamente. Filosofía para niños si acaso sólo es el principio, pues hoy empieza todo. Los sueños tienen que bajar a la tierra y ha de salir la maldad, el mal, de la cabeza del mundo. Hemos recibido demasiadas señales de lo que se nos viene encima. La integridad humana se ha convertido en un cristal roto en las manos de un bebé y se escurre constante por entre las alcantarillas. No es el momento de atrancar las puertas, echar los pestillos, ni de cerrar los candados. Tampoco de esconderse bajo la cama ni bajo las sábanas como niños. No se puede seguir girando la cara, ni agachar la cabeza o retirar la mirada. Hoy es el día en que hemos de mirar a los ojos y debemos cerrar los puños con los dientes apretados. Hoy es el día en que hemos de llorar de pura rabia porque no hay otro camino. Hoy tienen que levantarse barricadas de pensamientos positivos y decididos. La obstinación ha de gritar ningún paso atrás más, porque a nuestra espalda se están ahogando nuestros vecinos. Ningún atropello más porque exigimos estar vivos, porque sólo nosotros somos dueños de nuestro destino. Hoy es el día, hoy, tenéis que asumirlo, pues hoy es el día en que ha de quedar la playa rayada y han de quedar las naves ardiendo.

Mudanza


A veces la vida poco tiene que ver con la cantidad acumulada de decisiones que nos motivan, así, bien  puede suceder que le toque a uno mudarse de casa inesperadamente, aunque esa decisión haya sido querida y meditada tras mucho tiempo y, del mismo modo se haya encontrado uno sin la fuerza suficiente para tomarla a su debido tiempo. El caso es que sucediendo, no queda otra. No se me ocurrirá decir que no es una suerte, aún más para alguien que, como yo, encuentra que la más mínima decisión que le afecta es en sí un problema con demasiadas opciones o soluciones válidas. La vida sin embargo sigue su camino constante ajena a nuestra falta de virtud. Por suerte, he de decir. Es entonces cuando sucede que uno se congracia con lo que no controla, (supongo  que aquí algo tendrá que ver que Sancho, mi perro, ande jugando a mis pies intentando convencerme para seguirle mientras escribo, o que se repita el duelo, una vez más, entre las campanas de Santa María y Santiago y que eso me lleve también a Estambul - ahora que lo pienso-), y que me hace sentir tan bien, tan a gusto, tan cansado por la mudanza, pero tan feliz por los amigos que la han asumido como propia y que también ven en mí el beneficio, quizás, de haber dejado guardados en los otros armarios y altillos una memoria que no puede estar en mejor sitio que donde se queda, atrás, cerrada, dejada para que otros la vivan.  Entiendo, hoy lo sé, que así deberían ser todas nuestras decisiones: la suma concatenada de actos, a veces incontrolados, que nos llevan a estar más cerca de nosotros mismos o de lo que queremos, quizás más cerca de la palabra justo, entendida la justicia como el arte de dar a cada uno o suyo, no podemos sino pretender que, en la medida de lo posible, acumulemos el mayor grado de felicidad, de tranquilidad o de bienestar. Es erróneo pensar en aguantar situaciones porque creemos que es lo que debe ser, porque haya algo por encima de nosotros que nos obliga a actuar en nuestra propia contra. No es justo y no es bueno por lo tanto. Si ya no queréis a vuestra pareja como antes y no tiene solución, liberadla y sed libres, si es el trabajo lo que no os llena, buscad la manera de que sea soportable a cambiadlo por algo más grato. Cambiad si sois vosotros pues siempre se está tiempo. No huyáis, dad la cara, sed justos, es la única manera de que el espejo devuelva una imagen nítida. Mudaos, avanzad, que vuestra vida no sea una suma de intereses ajenos.

jueves, 19 de julio de 2012

Si yo no fuera yo


 Si yo no fuera yo, si tú no fueras tú, si España no fuera España incluso. Si hoy nunca hubiera sido hoy mientras tanto. Si nada entonces supiera la arena de tus pasos, ni la mesilla de noche de tu última lectura. Si las sábanas no hubieran grabado la impronta de tu cuerpo una vez más. Si no hubiera sido tu espalda, ni tu cuello, si tu pecho hubiera sido ignoto e inexplorado, si no hubiera sido mía tu orogénesis, ni mis movimientos o mis besos te hubieran pertenecido. Si entonces el tiempo no hubiera sido sino un pacto ¿qué fue lo que anduvimos haciendo? Si no hubiéramos soñado no tendríamos recuerdos. No nos habríamos tendido en la umbría al fondo de los helechales, donde los abejarucos comienzan de nuevo a girar la rueda de la vida, sin saber que están en Piornal, ni que nosotros, lasos, negaríamos estar allí desde ese momento. Si no hubiéramos paseado no nos habríamos descubierto, ni yo te habría subido la falda, ni tú me habrías retenido tanto tiempo. Si yo no fuera yo ni tú fueras tú, si el sol no nos hubiera acompañado en su descenso, ni la noche hubiera mostrado su deleite. Si Goytisolo no hubiera detenido el tiempo. Si entonces tus manos no hubieran vuelto a hablar por entre los saltos de agua, ni tu boca hubiera abierto la frontera de tu cuerpo. Si entonces hubiera sido nunca. Si sueño hubiera sido vida y nosotros sólo hubiéramos sido nosotros. Si el silencio no hubiera exhibido la prolongada sombra del deseo bajo los robles mucho más allá del gran castaño caído, mientras tu cabello humedecía mis hombros y el futuro no alcanzaba sino hasta la hora de la siesta. Si nunca hubiéramos sido. Si no hubiéramos tenido manos, ni lengua, si no hubiéramos anudado el día ni hablado entonces de música ni de poesía, si no hubiéramos dicho que nos encantaba Hokusai, o Hiroshige, si nada entonces hubiera sido. Si yo no fuera yo, ni tú fueras tú. Si pudiera volver a amasar todo esto que escribo.

lunes, 9 de julio de 2012

“ Tu vida va en ello ”


Tu vida va en ello. Sigue tu camino, no pares. Ve, continúa aún más, no te arrepientas. Mientras no escojamos todo será una posibilidad nuevamente. El tiempo así pesa en plomo lo que la duda no sopesa. Guardados tengo, por ejemplo, como tú,  demasiados abrazos y aún así no me acompañarán en la mudanza. Atrás habré de dejar tanto de todo aquello que fue tanto y que hoy sólo es simplemente aquello. Has de seguir sólo porque todo cambia de forma cual orilla, cual camino nevado en la noche del tiempo en que sólo el caminante hace machadiano camino una vez más y tan acertadamente, así uno esté perdido. No te preocupes, fue San Agustín quien dijo que para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe, pues la vida sólo eres tú, no hay plan mágico, allí donde estés eres la vida y así deberías vivirla, pues tu vida, recuérdalo, siempre va en ello. No importa como lo hagas, si le dices a la amada que la amas y le besas el cuello y le agarras la cintura tiernamente o si simplemente permaneces a su lado en silencio diciéndole así, te quiero, una vez más. No importa como ayudas al amigo si en silencio o con enfrentamiento, no importa si le miras a los ojos y te plantas o si simplemente haces sin que se sepa. No importa como abrazas a tu hermano cuando lo necesita, ni si te haces el distraído intencionadamente con tus propios padres a fin de que nuevamente puedan reprenderte, sentir una vez más que no has volado definitivamente, o siquiera percibir que la vida te ha convertido en un hombre, sí, pero en un hombre de piedra quizás incapaz de volver a ser blando. No te preocupes, si así ha sido, así es, sigue, no pares, ya habrá tiempo de ser polvo. Sigue, no pares, habrás de ponerte hombro con hombro con el amigo, con el amor, con el vecino, con los padres. Habrás de apretar los dientes y seguir avanzando contra el miedo. Sigue, no calles. Sigue, no retrocedas. Sigue, no toleres. Sigue, no te arrepientas. Sigue, no te canses. Sigue, no desfallezcas, no te falles. Sigue, vive, vive hasta que no puedas seguir más.

lunes, 25 de junio de 2012

ARREBATO EN DUELO


Escribir a veces para no abrirle la cabeza a más de uno a mamporros o, para no abrirte las venas, simplemente. Otras,  para insultar a todos los hijos de  puta. Aunque no siempre es así, también me acuerdo ahora de los bastardos y de los cabrones de los últimos tiempos, me suelo recrear con esos imbéciles que pretenden tanto y alcanzan tan poco, que dan la espalda o se bajan los pantalones con la misma facilidad, asquerosos, lameculos de otros siervos, bastardos con esmero, perros de pocos cerdos. Me acuerdo, entrados en el odio, de los codiciosos, de los que ambicionan nadie sabe qué, un protagonismo absurdo, grasiento, patético, dirigir las conductas, hacer sufrir, encontrar deleite al humillar, querer vejar… ¿Y aquellos otros?, los de allí, los oportunistas de siempre, los que nunca se cansan, los que no duermen, los que no respiran conteniendo el aire para pasar inadvertidos, agazapados en la sombra tenebrosa de la falsa apariencia. Idos todos a tomar por culo. Idos. Sí, a la mierda, estoy más que harto, escribir se hace a veces para no partirle la cara a más de uno, o para no quitarte de en medio simplemente. Escribir para fijar el tiempo que se pierde en un tecleo, escribir que es el mismo tiempo que tardamos en contar miles de muertos, o el que gastan demasiadas familias en irse a la ruina. Escribir para decir que la Democracia ha fracasado, que es un hecho. Escribir para pedir el cumplimiento de tanta promesa electoral, o para asegurar que no existe el buen político si se debe a un partido ¿dónde están los cambios que dejaron escritos en aquel montón de cenizas? Escribir para pedir más unidad entre los que estamos sosteniendo esto ¿Cómo pensar en el futuro si mientras no escojamos, todo será una posibilidad, y ésta , hoy más que nunca, está podrida?  Basta, basta ya, ¿acaso hemos de poner la fuerza donde no llega el despropósito de estas palabras, que tras más de tres años utilizo faltando a las formas más elementales? Ya no sé qué más hacer ni cómo llamar vuestra atención ¿os quedaréis en la anécdota de todo lo que en este escrito malhablo, os dejaréis manipular así? Basta, basta ya de todo.



viernes, 8 de junio de 2012

Veris leta facies


              Paseemos por los valles y campos de una habitación forrada de libros multicolores sin ordenar. Caminemos abrazados torpemente por las sendas que no existen mientras el sol sigue su danza testimonial y el suelo está plagado de las hojas aún verdes de poemarios no editados. Gastemos el tiempo que se crea queriendo, yendo de un sitio a otro vagamundos y humildemente ricos. Bañémonos en el mar oceánico de mi bañera mientras no recogemos caracolas ni nos abrasamos por el sol. Viajemos el mundo sin salir de casa y hagamos la ruta de las manos por nuestros cuerpos entregados. Hagamos un intercambio de olor. Amontonemos caricias con forma de castillo de arena sobre la alfombra, sutil edificio que ninguna ola podrá sitiar. Horademos de huellas invisibles el pasillo. Colguemos recuerdos en las paredes y  el techo. Quedémonos en silencio escrutando las horas desnudas. Llenémonos los bolsillos de besos. Salgamos volando por la ventana mientras el violinista de la cara verde improvisa una canción de amor. Seamos eclipse en el eclipse de Venus aunque sólo sea una vez. Celebremos la fiesta del abrazo piel con piel mientras te refugias en mi cuello. Bailemos la danza de los locos entregados, de los propietarios nudistas de islas inexistentes. Hagamos un pacto de Estado que se selle con nuestras lenguas. Seamos alimento para el hambre. Digamos adiós a los pájaros. Démonos calor como excusa en el entretiempo. Anudemos nuestros segundos viendo una película distraídamente amontonados. Ven. Ven volando sin mirar atrás, entra por el balcón dónde ya regados, están los latidos en flor. Ven. Háblame de todo lo que no conozco como si fuera mi vida. Apaga mi sed contra tu cuerpo, toma aquí mis manos, guardemos silencio, nos está mirando de frente la auténtica cara de la primavera.

jueves, 31 de mayo de 2012

“Golpe de calor”


No tengáis miedo, no temáis. La vida no siempre sonríe con la boca torcida. A veces la vida es también la sonrisa franca del amigo, la emoción del hermano o la cálida contemplación de nuestros padres. A veces es también tu sombra la que coge de la mano a otra sombra y la besa y camina de espaldas al sol, y no se estresa y ve, y mira, y encuentra una mirada iluminada y unos pómulos que se elevan y unas comisuras que se tensan, un cuerpo que se ofrece y un tiempo que no se malgasta. Amaos. Sentíos, sed uno. Conversad tranquilos, escuchad con atención, sabed que vosotros sois el otro. La fuerza sempiterna de la evolución está en nosotros. No temáis, no sufráis. El amor está ahí para cogerlo y dice ven, ámame, ven, siéntate a mi lado, ven, forma parte de mi vida, de mi historia así sea en un breve momento. No sufráis, no lloréis. Pues en tanto, se pierde el rastro, el hilo, las pulsaciones del camino. Que las lágrimas sean sólo de alegría, de emoción que apenas sí se contiene ¿no es acaso eso lo que, desnudos, podremos defender ante la muerte? No lloréis, no huyáis. Manteneos firmes y orgullosos, no mováis un pie. Es la única forma que tenemos de no volver a utilizar un espejo. Si sabéis quiénes sois, lo que estáis dispuestos a hacer con la mente libre y el corazón resuelto, con la conciencia tranquila y sabiendo que lo que se hace, se es. Sabiendo que uno es lo que se decide a hacer, sólo podemos hacer bien, pues de lo contrario nos convertiremos en todo aquello que corrompemos. Si un bailarín no es un bailarín cuando no baila, un ladrón lo es mientras roba ¿Qué sois? Pues sed. No huyáis, no olvidéis. Que el tiempo no haya corrido para nada, que las muertes no hayan sido en vano, que los suspiros y el dolor den paso al conocimiento, a la asunción del error, al camino que se veta, a la experiencia que se aprende, a la traba que se supera, al tiempo que no se repite, a lo que ha sido vivido y de lo que nadie puede despojaros. No olvidéis, no desistáis. Sólo nosotros sabemos que todo momento es pasajero, que sólo por eso necesitamos lo mejor, pero lo mejor para todos. Sólo así podemos beneficiar en algo a los herederos encadenados a nuestro tiempo. No desistáis, amad. Exigid estar vivos, el tiempo que sostenemos en las palmas de las manos y que no se retiene. No malgastéis el lapso siendo sometidos. Exigíos. No desistáis, que merezca la pena esto que escribo. Amad, sobre todo amad, sólo por eso ya merece la pena estar vivo.

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Dónde estamos?


Así sin más. Desde estos días horadados. En las ciudades sempiternamente inmóviles. En las voces dentro de demasiadas cabezas. En las horas tristemente corruptas. En las manos llenas de lo ajeno del vecino.  En los corazones no resueltos. En los ánimos enarenados. En las huellas de los pies que se arrastran. En los cercos abandonados de los cadáveres. En la vida que se exhala. En el anhídrido carbónico de todo beso. En las caricias con llagas. En las heridas abiertas  con un bisturí oxidado. En los huesos que el hambre amosca. En los cultivos echados a perder. En todos aquellos negocios de persianas bajadas. En el mundo de las sombras y no de los sueños. En la mentira piadosa que tanto destruye. En el engaño que se alimenta día a día. En la desigualdad que se construye. En los secretos a voces. En la palabra mancillada. En la desesperación de los impagos. En la infidelidad de tantos casados. En la deslealtad de tantos cargos públicos. En el estancamiento como sociedad. En el no futuro por el que tanto se ha trabajado. En la amistad que se traiciona. En el amor que se fuerza. En toda desnudez que se violenta. En la falta de consentimiento. En la palabra asco. En los dioses que tan poco saben de lo humano. En las guerras  que inventamos. En el odio que se cultiva. En la escisión social que siempre ha habido. En el oportunismo de los arrimados. En la falta de moral, de ética. En la ausencia de filósofos. En el exceso de banqueros ávidos. En el egoísmo de los que se imponen. En la envidia que se admira. En la infancia robada. En el engaño sistemático. En la manipulación mediática. En todo aquello que oímos y fingimos no oír. En lo que vemos  y aceptamos aún si no nos gusta. En las mentiras que difundimos. En las mentiras que nos creemos. En el conformismo que siempre dormita. En la lasitud de nuestro desánimo. En la falta de confianza. En la indisponibilidad para el sacrificio común. En la falta de diálogo y de sinceridad. En todas aquellas oportunidades que se han enterrado. En todas aquéllas sonrisas que se ocultan. En tanto como toleramos. ¿Necesitas que pregunte hacia dónde vamos?

viernes, 27 de abril de 2012

Carta abierta


 Estimado Sr./a, me pongo en contacto con usted a través del presente a fin de trasladarle que no quiero seguir viviendo así, con la ventana constantemente abierta al frío, ni con los días de este gris plomizo tan poco favorecer al ánimo. No me parece prudente el abandono que se está dando a nuestros convecinos, ni tampoco la poca educación y cultura que le espera a nuestros hijos. No sé si entiende que el futuro es el resultado total de una suma de presentes, pues el futuro no existe, de hecho ni tan siquiera existe el presente, dicen algunos que al ser presente, en el mismo y preciso instante que sucede, en esa micra de fracción ya es pasado, aunque no quiero distraerle con estas diatribas que me son tan propias y tan ajenas para usted, tan acostumbrado a la materialidad dúctil de lo económicamente práctico. Precisamente por este detalle, por ser usted quien es, por vivir precisamente de sus arriendos, de sus cobros, del seguimiento de sus deudores y del préstamo desorbitado a sus iguales, a sus pares, a los que perdona incluso que le roben, bien debe saber usted, creo, que debe atender a sus inquilinos en sus necesidades más básicas, no digo yo ya comodidades, pues las más de las veces, quien no ha tenido no echa en falta,  pero al menos, ya que va a subir los arriendos quite cargas, responsabilidades, asuma usted algo. Quizás podría permitir más acción a sus inquilinos, a sus ciudadanos, permítales buscarse la vida con ciertos “subarriendos”, olvídese de su perenne fiscalización, levante la mano, de un respiro en estos días con tan poco oxígeno, deje vivir en definitiva, o se expone a  no tener inquilinos a los que seguir sangrando. ¿qué haría usted entonces? ¿cómo sustentaría sus privilegios, cómo pagaría los encuentros con sus amigos? ¿ cómo haría frente a las deudas que usted también tiene? No es sólo que la casa esté cada vez en peor estado, es que aún siendo incómoda va a comenzar a ser incluso fea, por los desconchones, por las reparaciones que usted va a dejar de hacer y encargar. No sé si sabe que por su culpa la luz y el agua son cada vez más caros, el gas no deja de subir, y la calidad de su casa de bajar, ¿ es acaso justo que cada vez se pague más por lo que cada vez es peor? En fin piénselo, aún estamos a tiempo, poco tengo yo que ver con todo esto salvo la creencia de que si nos va bien a todos, viviremos en un mundo mejor. He de dejarle, salud y belleza, H


viernes, 20 de abril de 2012

368


Salir a la calle y ver el cúmulo de caras conocidas con fondo gris. El futuro como preocupación. No saber si se llegará a meta alguna. No saber si luchar simplemente por ser feliz. Ver el amor evaporarse y los amoríos sustentados levemente en el humo azulado que se ha fumado. No tener más que lo que se tiene y contiene en la palabra insuficiente. Ir así entretanto. No sabiendo. El presente acaso demasiado detenido, retenido por indocumentado. Escuchar a los Happy Mondays tras tantos años en que se ha visto tanto y tan diferente. No haber encontrado camino ni rastro alguno siquiera. No. Así no. En los tiempos de la procela es propicio nadar a favor de la corriente, pero ir, poco a poco, nadando hacia la orilla con determinación sin embargo. No es ahora pertinente ni admisible luchar exteriormente con tanto desgaste, sino hacerlo en nuestro interior, en silencio, reservando, asumiendo qué o qué no es tolerable o intolerable para nosotros, esperar, aguardar a que sea necesario romper la resistencia. Gastar el tiempo que se respira en aspiraciones alcanzables y satisfactorias no puede ser sino la mejor decisión para estos días en que se instala el mismo rasero de injusta contrición en cada una de nuestras casas. Llevaba 209 palabras para decir que no se agarra lo que no se alcanza indubitadamente. Como todo aquello que pueda ser expresado, verbalizado, comunicado, ha de tenerse por relativo, poned en justo término lo que digo. La calle sigue ahí sin embargo, pensad en eso, gris o no, el tiempo hará que todo pase una vez más nuevamente.  Esto es ser humano. La suma constante de números equivocados en un péndulo, pero también un vector de superación constante. ¿Cómo no aspirar a más con tanto lastre y tanto don como hemos heredado? Acaso nadie espere ya nada de nadie, acaso seamos un especie sin perdón. Quizás hemos perdido el nombre de gente, quizás no somos ya capaces de vernos. Recapacito o no. Una vez más la calle que mi ventana enmarca me muestra el pulso decidido de la hormiga y yo, desde mi nido suave de libros sólo puedo pensar que sólo soy todo aquello que veo como vivido.