No quiero ser ninguno de
ellos, no. No les envidio un ápice de cualquiera de esos sucios céntimos de
euro que acumulan por cientos de miles, por millones. No quiero para mi la
ignominia de ser un traidor a sus
vecinos, a sus conciudadanos. No quiero ser carne ni cuerpo para la mentira,
para la hipocresía y el engaño cierto. Sólo espero una conciencia tranquila y
vivir en paz, hoy, en estos días. No deseo sencillamente lo que no es mío, lo
que no he construido sin esfuerzo. No quiero nada que no tenga mi sudor ni mi
aliento. No atacaré a un bombero por negarse a ejecutar un embargo,
sencillamente porque no hay contradicción ideológica en ello, los bomberos
precisamente lo que desean es defender y preservar a las gentes en sus casas
luchando incluso contra el fuego. No se me ocurriría sacarle un dedo corazón a
aquellos a los que engaño o saqueo. No
les diría que se jodan a seis millones de víctimas de los avarientos. No
negaría lo que está sucediendo porque sería tanto como encubrir, como negar lo
que es cierto y se muestra palpablemente inatacable. No querría estar en el
poder a no ser que estuviera preparando cómo evitar mi arresto o construyendo
firmemente mi impunidad. No podría dormir ante el desfile defenestrado de
cuerpos saltando por los aires o ardiendo. No querría ser la demostración
histórica de la palabra corrupción,
estafa, robo, fraude, engaño, descreimiento, hundimiento del futuro de una
nación, vergüenza de un presente que les está perdonando la vida por suerte
para ellos. No quisiera sobre mi espalda tantos malos augurios ni tantas ganas
de vilipendiarme o hacerme pagar los engaños, las mentiras ni mi ineptitud
cobarde. No quiero ser ninguno de ellos, frágiles, temblorosos, temerosos de
que de repente todo estalle y les arrastre en una gran ola sonora de gente gritando desesperada
por las calles que todo lo barre. Yo solo quiero ser el amor para quien me ame,
la parte proporcional de un abrazo a un amigo, a un hermano, la mano en el
hombro sobre los padres, el buenos días al vecino, la ayuda que no se pide, la
mirada que nada esconde, la voz que no grita, el paso más próximo a la palabra
hombre.
viernes, 22 de febrero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
“El tiempo no existe, existen los relojes”
Tiene el curioso hábito de
dejar olvidadas cosas por casa al modo de huellas que certifiquen su paso.
Tanto da que sea el último libro que está leyendo o un sostén como una coraza.
Como si no fuera poco, deja sembrado su aroma, que viene a hacerse flor en su
ausencia, llenándolo todo. Que deje siempre modelado en el sofá y en la cama su
forma aún tibia, no puede ser sino incómodo, pues nadie en su sano juicio
quiere verse destruyendo tal magnífico castillo de arena. El hecho de que el silencio salga triunfante
en el pulso gracias a que ella lo ayuda desde la distancia es sencillamente
chocante. Si aún no resulta suficiente, tener que lidiar con el vacío
omnipresente cuando antes había sido tu aliado, no puede definirse sino como
conflicto de intereses. Tampoco es menos todo lo que le hurta a la mente, quedarse pensando en lo último conversado, o
en el último beso, o quizás en el recorrido irregular que hicieron tus manos
horas antes y que provocaran tanto estremecimiento o, sencillamente, tanto
calor desde la ebullición cadenciosa de las sábanas. Desde luego es inaceptable
que el pijama que había estado siendo tuyo desde el principio, ese mismo al que
le falta un botón, sea escamoteado por ella, que lo coja y lo inhale robándole
su olor, que sea ahora su posesión y desde luego, que aún quedándole enorme, le
siente mejor que a ti pese a todo. Ahora la rebeca con capucha gris de pensar
es su cota de mallas élfica y he de ponérmela regularmente para que, ahora sí,
no pierda su olor. No hay quien lo entienda. De repente el tiempo no existe y
no he vuelto a usar el reloj, ese accesorio tecnológico anquilosado de una sola
función. De repente el tiempo salta de un mensaje a otro, se mide por actividades y no conoce
fin. De repente hoy, aunque llueva, todo tiene otro olor.
viernes, 18 de enero de 2013
“Al ducharme me he dado un buen golpe en la cabeza”
No. No nos engañan y no nos manipulan. No nos
desahucian y desde luego no blindan a los bancos contra nosotros. La ley por
supuesto se impone abrazando a las
personas protectoramente. Los jueces, colectivo independiente, vigilan
aguzadamente al poder legislativo e impiden el saqueo a la dignidad de las
personas actuando de oficio sin contemplaciones y ciertamente ciegos. Ni por
asomo existe la mentira y el cinismo, la palabra dada es una condena de vida y
quien dice hará sencillamente hace. Por suerte ningún político ha amasado
ninguna fortuna. Nadie malversa, ni roba, ni atenta contra el bien común, nadie
necesita ser indultado. Es tal el honor, la dignidad, la ética, la moral, que
es impensable que pueda darse la corrupción en el seno de ningún partido
político ni de ningún ámbito social. Es aún más impensable que nadie encubra a quién actúa sólo en su propio
beneficio injustamente y a costa de los demás. La gestión de lo público tiene
como huella la ausencia prácticamente de paro. Los emprendedores quieren pagar
cada vez más impuestos para devolver todo el apoyo disfrutado, quieren allanar
el camino a los que empiezan desde cero. Son los deportistas de élite los que
han regresado de sus retiros fiscales paradisíacos para vaciarse los bolsillos
y ayudar así a las bases generando las mejores instalaciones e infraestructuras
deportivas. Exportamos ciencia y nuevas tecnologías, somos el número uno en
patentes médicas. La prensa ha vuelto a ser independiente, gracias a Dios. Es
precisamente la Conferencia Episcopal
quien ha empezado a vender bienes para que nadie pase hambre, son los obispos
los que se han rebelado contra la idea de que pueda haber sufrimiento en
cualquier familia y no toleran, faltaba más, el engaño ni la manipulación, no
absuelven ya a quién solo dice arrepentirse de palabra, sin más. La mentira ha
desaparecido de España y la picaresca es sólo una curiosidad del siglo de oro.
Los delincuentes pierden la nacionalidad al ser apresados y han de abandonar
las fronteras de Europa. El salario mínimo se ha triplicado y nadie ha vuelto a
echar un candado. Ninguna puerta está cerrada hoy. Los niños han sido
declarados patrimonio nacional. Joder, vaya golpe me he dado.
viernes, 4 de enero de 2013
336 palabras
Os deseo lo mejor. Os deseo salud y os deseo belleza. Os
deseo virtud y sentido común. Os deseo justicia y que el dolor no os toque. Que
os besen al descuido y os escriban en la piel con un dedo la palabra amor. Os
deseo ayuda mutua y generosidad cierta. Que nada os hunda, que nadie sufra, que
nadie muera si no es en paz. Os deseo la conciencia limpia y la honestidad
manifiesta. Os deseo éxito, recompensa, el valor sobre vuestro esfuerzo. Os
deseo luz y connivencia. Os deseo una mano que se presta con una sonrisa. Os
deseo solidaridad y prosperidad. Os
deseo abrazos y reencuentros gratos. Os deseo clarividencia. Os deseo la verdad
y que no os roce la envidia ni el deseo de lo ajeno. Os deseo dormir en paz,
olvidar la palabra arrepentimiento, remordimiento. Os deseo el afecto de los
vuestros, el hombro a hombro de los amigos.
Os deseo tranquilidad. Que amanezcáis junto al ser amado, que os sonría
aún sin haber abierto los ojos mientras el sol se cuela por la ventana y aún
mantienen el calor las sábanas. Os deseo
besos, caricias, os deseo acurrucaros en su cuello, que os sintáis a salvo, que
detengáis el tiempo. Os deseo que se os quede su olor colgado, que no se note
su ausencia mientras tanto. Os deseo que la avaricia no os lleve, que no
generéis sufrimiento, ni dolor, ni daño. Os deseo que la vida os respete y que
quedéis indemnes. Os deseo formar parte de los más gratos recuerdos. Os deseo estudio y aprendizaje, os deseo
superación constante. Os deseo consciencia y tolerancia, os deseo respeto y la
ausencia de temor. Os deseo valor y valentía. Os deseo estar de pie y no de
rodillas. Os deseo con voz, con una voz
que no grita. Os deseo concienciados y generosos, fuertes y no lábiles. Os
deseo incorruptibles y moralmente blindados. Os deseo vivos y consistentes. Os
deseo firmes, inamovibles y en la primera línea del frente.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Te quiero
Te quiero por encima de mis posibilidades desde lo
más profundo de mi crisis. Te quiero con este corazón hipotecado que no conoce
la dación en pago ni me libera de carga alguna. Te quiero sin dueño, sin sueño,
sin existencia clara. Te quiero desde mi piso de habitaciones rellenas de
cuadros y libros, desde las terrazas
abiertas a la vida que no conoces, desde mi hogar con perro. Te quiero desde
las calles, y los gritos y las cargas policiales. Te quiero desde los Eres y
desde la totalidad de los despidos. Te quiero pese a todas las colas del paro y
pese a todos los emigrantes, inmigrantes, pese a las tasas judiciales. Te
quiero pese a la sanidad y educación robadas. Te quiero pese al I+D
inexistente. Te quiero pese a la falta de crédito y pese a la culpa de los
suicidios. Te quiero pese a las carreteras con socavones y pese a la dignidad
desconchada. Te quiero pese al exceso de la burbuja inmobiliaria y al desprecio
impune de los bancos. Te quiero pese al abuso de estos tiempos recortados y grises,
pese a los esfuerzos congelados. Te quiero porque te quiero y porque los
políticos, pese a todo, no pueden mancillarlo. Te quiero desde la totalidad de
los errores que se han sembrado. Te quiero desde mi ignorancia y desde la prima
de riesgo. Te quiero pese al banco europeo y este presente regulado por
decretos. Te quiero desde el vacío de los bolsillos y a pesar de la avaricia de
los avarientos. Te quiero aún sin voz y aún sin saberlo. Te quiero aún
doliente, pese al futuro incierto y porque el fin del mundo no existe. Te
quiero pese al desenfoque de nuestros sueños, pese a tus elecciones, te quiero
pese a los cientos de miles de millones de euros que no veremos Te quiero pese a la totalidad de tus
acreedores y pese a los comedores sociales. Te quiero aunque roben en los
bancos de alimentos y por sobre la totalidad de los desahucios. Te quiero pues
aún así te quiero, porque pese a todo estás viva, vida, y porque sencillamente
yo aún no he muerto.
viernes, 14 de diciembre de 2012
S/T
Queridos
conciudadanos:
Más allá de cualquier color o bandera, más allá de la riqueza de
nuestros bolsillos y de la comodidad o humedad de nuestras casas. A lo lejos incluso, desde los remotos tiempos
de nuestro origen común, por entre nuestras disensiones sempiternas, desde lo
más profundo de nuestra asesina bioquímica y de nuestra genética. Desde nuestra
evolución , desde nuestra inteligencia, desde nuestros logros , desde nuestros
sueños. Desde nuestro amor y desde
nuestro odio, desde nuestra capacidad para generar ternura o miedo, desde
nuestra humanidad más íntima y por sobre la totalidad de nuestros defectos os
escribo, os llamo a gritos más allá de la gramática y de la incorrección de
este texto mal acentuado y que no le resta un ápice a todo el horror que
estamos viviendo. Os miro a los ojos, os agarro por el cuello y os jalo de las
manos, os pateo la espalda y lloro.
Lloro porque empujamos al vacío una vez más a uno de los nuestros. Hoy, 14 de
diciembre, ha decidido matarse en Málaga un nuevo vecino, ha dejado atrás a una
madre de 98 años a la que cuidaba y ha enterrado con ella 50 y tantos años de
estar viviendo. Ella ha dicho basta, no puedo más, no quiero seguir viviendo.
Somos nosotros quienes no hemos sabido aferrarle las manos para cortar su
desaliento, los que no hemos sabido acompañarla a un lugar seguro, los que no
hemos sabido hacerle ver que merece la pena seguir viviendo, pese a toda la
miseria y ambición que nos rodea, pese a nuestra falta de escrúpulos y límites,
pese a la esclavitud que nos imponen las ideas materialmente absurdas. Pese al
lado oscuro de la palabra impotencia. La dignidad nada tiene que ver con el
dinero ni con la apariencia pues nada saben de nuestros recuerdos ni de nuestro
tránsito penoso y breve por la tierra. Somos la totalidad de lo que somos
gracias a la vida, a nuestro esfuerzo por mantenerla íntegra e indemne , por
nuestro instinto animal o por aquellos que nos quieren o necesitan, ¿cómo
abandonar esa idea? ¿cómo permitir que nada importe por la invención o
existencia de las deudas que nada saben del poder inmarcesible del amor, de la
felicidad de los sueños a los que se aspira, de todos aquellos que nos
necesitan y complementan, que nos hacen precisamente ser humanos en el abrazo y en el auxilio, en la
caricia y en la tristeza? Somos seres
humanos porque tenemos la capacidad de decir basta y porque la totalidad de nosotros
hacemos Uno, sólo Uno, pues sólo células somos de un mismo organismo. Queridos
conciudadanos, os pido perdón por no saber traducir el grito que me ahoga desde
dentro, por no saber hablar. Os estoy pidiendo auxilio para los nuestros.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Hoy
Es
la lluvia la que cae acompasadamente hoy mojándonos a todos por igual . Pienso
en cómo la muerte también todo lo iguala. En que lo básico para todo hombre no
conoce distingos ni jerarquías. Pienso en cómo somos incapaces de gestionar
nuestra convivencia pese al paso de los milenios y la totalidad de nuestros
avances. Nos llamamos sociedad democrática pero no excluimos las
desigualdades relacionadas directamente con la vida económica, donde la fortuna,
contrariamente a lo que propugnamos es una fuente de influencia demoledora,
donde los trabajadores son pésimamente protegidos de la explotación, donde el
propio estado no facilita encontrar un empleo, y donde cada uno no puede hacer
valer sus derechos, ni obtener de la sociedad la protección
contra los riesgos de la vida, que son muchos. Llevo años escribiendo que la
democracia ha fracasado, recuerdo que alguien me replicó desde la comodidad de
su bonanza con pocos argumentos sólidos. Hemos vuelto a coincidir, la crisis no
le ha tratado nada bien, me pedía consejo, pero yo ya no puedo ayudarle.
Recordaba perfectamente el día en que me abordó impetuosamente más preocupado
por impresionar a sus acompañantes y a
sí mismo que en darse cuenta de que la afirmación el saber no da dinero era una
auténtica atrocidad. Por lo visto no sólo no le respondí sino que reconduje su
enfrentamiento cuatro pasos antes y le hablé de educación y de cultura. No
recuerdo absolutamente nada pero él dice que le quedó marcado que sutilmente le
toreara dejándole los bolsillos llenos de dudas y que le hubiera desarmado sin
siquiera haber sacado mi espada. Cree que ya es tarde pero para su sorpresa le
contesté que no, que si ser bien educado cuesta el mismo esfuerzo que ser
maleducado, él tiene tiempo de sobra, pero no sin esfuerzo, para recuperar lo
que ahora echaba en falta. Y es que lo que realmente ha de preocuparnos de la
crisis es la ausencia de valores éticos y morales ciertos y aprehensibles, pues
esa es la causa real de todo lo que sostenemos y que no son sino antivalores
sociales: el egoísmo, el individualismo,
el engaño, todo aquello que nos hace un poco más animales.
Sin
embargo, abajo, ahora, en la calle, se oyen los silbatos acompasadamente.
Desconozco la queja. Apenas suena insistentemente uno y el resto calla, no se
escuchan consignas y aún menos a la policía, pero hay un runrún que adormece y
que me hace intuir que de lo que se habla es de que seamos los de antes, cuando
ya eso es imposible, pues solo nos queda el sueño y el deseo urgente del
advenimiento de un hombre nuevo que nos salve.
viernes, 30 de noviembre de 2012
"del amor"
Una
escritora me ha sugerido que hable hoy del amor, como si yo pudiera decidir
cómo late en mi cabeza lo que identifico con mi corazón o cómo siquiera traigo
a este presente una caricia o el abismo de una espera o la ambición de retener
por más tiempo a quién huele tibiamente por entre tu cuello, mientras es el
olor de su pelo el que cosquillea tu ánimo y su fragancia acuna una vez más el
deseo y el deleite. Como si traer en estas entrelíneas el recuerdo de su forma
pudiera recomponer el puzzle roto en que se conviertieron las sábanas de
algodón blanco y cálido de su ternura, la composición elocuente de su impronta,
la huella ambicionada de su suave textura y sus caricias. Ni aún hablando de su
boca brillante ni de sus ojos tristes, ni de su voz que murmuraba mi nombre y
me atraía para sí reivindicándome una vez más. Cómo decir que su espalda era la
orogénesis cierta que abarcaba la totalidad de lo que abarcaba mi vista, el
territorio fértil del que sólo fui usufructuario o incluso siervo de la gleba a
ratos y que hoy he perdido por haber seguido andando por entre otras tierras,
esas otras tierras que nunca más volvieron a ofrecerme un paisaje tan añorado o
con tanta sensación de pertenencia. Hablar hoy de sus manos no puede describir
cómo nos comunicábamos, ni cómo su gesto era la línea que trazaba mi silueta
convirtiéndose en la corintia que según Plinio el Viejo hizo nacer el dibujo ante mi partida
inevitable. ¿cómo traer la fina arquitectura de sus hombros sin recordar que mi
cuerpo ya no lo habita? ¿cómo no pensar en su clarividente generosidad y en que
jamás conocimos el conflicto, o en su entrega cierta, o en su muda alegría, o en
su cara brillante cuando reía de mis ensoñaciones y ocurrencias carentes de
toda razón pues estaba loco por ella? Cómo hablar del obsequio de su amor, de mi amor, de lo que
tallamos con tanta brevedad en el tiempo y que sin embargo es hoy una escultura
de tiempo que no recoge lamentablemente el maravilloso acto de su creación, que
nunca más me he atrevido a exhibir, a exponer, a mostrar para que esa acción
externa no la postre, ni la use, ni la gaste, ni la haga ser malinterpretada
por quién desconoce el pulcro valor de sus gestos, de su sonrisa apenas, de sus
lágrimas cuando perdí mis pasos y me fundí en negro. ¿Cómo hablar del amor si
no lo tengo?
viernes, 23 de noviembre de 2012
23 de noviembre
Cuando
vivo este presente es cuando asumo que no hay vida inteligente en el universo,
básicamente porque nosotros somos un buen ejemplo de tal ausencia. Cuando
enciendo el televisor o reviso los diarios asumo que nos queda cada vez menos
tiempo, que tardará más en amarillear el papel que en extinguirse demasiados
derechos o conquistas sociales. Si hubo que luchar para conseguirlos, habrá que
luchar para retenerlos. Cuando presencio la manipulación diaria y el juego con
nuestros sentimientos, incluso con nuestra hambre o techo, es cuando asumo que
no puede esperarnos sino el enfrentamiento. ¿cómo se pone freno a quién no
frena su avidez y desposee al resto de sus mínimos? Es cuando hago memoria y
recuerdo, que deshago un camino de hechos y de silencios, que me retrotraigo en
lo que en cierto modo ya me es ajeno, pues así veo que ciertas decisiones
inciertas han errado a través del tiempo y descubro cómo hoy emulamos aquellos
desaciertos. ¿acaso no podemos dar por preciso y exacto que sabemos en qué
acabará todo esto si no lo encauzamos?
Debemos recordar en qué consiste esto del juego de la política, asumir
que somos nosotros quienes los ponemos ahí, que su pedestal no es de hierro,
sino sólo de tiempo, de un tiempo que consumen para si casi en su totalidad,
pero sabed que el tiempo no existe sin embargo, que podemos alterarlo y
arrebatárselo, pues si somos los legitimados para ponerlos donde están, ¿ acaso
no somos los mismos que legítimamente podemos bajarlos de su escalón
condenándolos al olvido, condenándolos a ser exactamente igual que nosotros ,
pues eso son en realidad lo que son? No es todo. Cuando veo a la gente
sonreír, ayudarse. Cuando soy testigo de cuántos tienden la mano y luchan por
lo ajeno llevados por la justicia y el amor al prójimo, es cuando sé que aún no
estamos acabados ni perdidos del todo.
Cuando veo a tanta gente dispuesta a no consentir, aguardando que
alguien de un paso en la dirección correcta para seguirlo sin vacilación, es
cuando asumo que aunque está tardando, alguien se va alzar. Esto es lo que
pienso mientras desde mi trabajo intento sortear a toda la gente que no asume
sus pagos ni su palabra para que no me arrastren con ellos. Mientras tanto
pienso y así me devaneo, asumo que cuando yerro, por suerte también se que ya sólo
me espera el acierto.
viernes, 9 de noviembre de 2012
No somos
Somos
cobayas. Conejillos de indias en una jaula gigante que se pierde en el
horizonte. Somos la representación de lo que soportamos aún sin saber dónde
están nuestros límites. Somos una bomba a punto de explotar imprevisiblemente,
pues la mecha ya arde sinuosa e imparable. Somos el grito ahogado y la espalda
apaleada. Somos un cuerpo que es arrastrado por el suelo para acallarlo. Somos
los que estamos siendo desposeídos de lo que hemos heredado. La pasividad
estúpida y aborregada de los que permiten que les hurten y roben. Somos los
ingenuos que dejamos hacer, los que creemos si necesidad de demostración, a
pesar de todo lo que en nuestra contra está siendo probado. Somos la ausencia
del espíritu crítico. La cualidad de lo maleable y manipulado. Triste carne de
cañón triste. Somos los que nos creemos algo estando en la lista de los
ninguneados. Los que cumpliremos obedientes con la navidad habiendo tan poco
que celebrar. Somos los que hemos desprestigiado a la palabra solidaridad y al
propio ser humano. Somos los que decimos egoístamente “ a mi no me va a pasar”,
los que no tendemos la mano, ni golpeamos en la mesa con el puño. Somos los que
no queremos que nada cambie, pues nada hacemos. Somos aquello que estamos
permitiendo. Todo lo que sin duda no hacemos al fin y al cabo. Somos aquellos
que hemos devaluado a la verdad, los que hacemos que no importe que nos
mientan. Somos los que creemos que no estamos tan mal pese a todo; los que
piensan que no recogeremos lo que estamos sembrando inexplicablemente. Somos
los que apedreamos el futuro de cristal y echamos sal en nuestros huertos, los
que escupimos contra el viento y dejamos que desahucien a nuestro igual. Somos
los que olvidamos que sin nosotros no hay nada más. Los que no asumimos que
somos la pieza clave en este engranaje. Los que no sabemos que sin nosotros
actuando adocenados, convertiríamos en un mal chiste a la prima de riesgo, que
trasladaríamos el problema a quien nos tiene cogidos por el cuello y que tanto
nos necesita para poder ser quien es. Somos los que permanecemos donde nos
dicen sin haber razón alguna para ello. Somos los ignorantes que nunca gritamos
rabiosos que juntos somos.
viernes, 2 de noviembre de 2012
2 de noviembre
Dejar
tendidos los pensamientos en la orilla, y colgando el pudor de una rama doblada
por el peso. Romper la estabilidad de la propia tibieza entrando en el agua
agarrado de una mano que te aferra como acto reflejo y a la pata coja. Deslumbrase
por los ataques del sol punzantes a través del oleaje que discurre. Bañarse así
en el río de la vida a la espera de que alguien decida robar la ropa o la
tranquilidad. Asumir que siempre hay alguien agazapado y al acecho, entretanto,
entre tantos. Bucear con urgencia hasta los guijarros del fondo y ver sus pies
y su cuerpo desnudo, en suspenso, por entre los peces y la vegetación. Intentar hundirla jocosamente desde tu propio
hundimiento y sólo conseguir tragar agua con sabor a verde cieno. Asumir que
todo eso ha podido ser vida pero ya sólo eso. Huir del tiempo así de
despreocupado y por todo lo que el recuerdo, la memoria, retroalimenta con
tanto engaño o ilusión. Regresar por tanto a las mismas tardes de siempre y
retomar la construcción de la soledad donde la dejaste. Volver al laberinto sin
madeja y sin memoria. Reescribir en letras doradas que somos la constatación
evidente de que no hay vida inteligente en la totalidad del universo y para que
no se olvide. Poner lavadoras y limpiar la casa, sacar al perro e ir al trabajo
sin embargo. Efectivamente, elegir la ropa o asear el aspecto como un autómata
duplicado. Guardar también en un cajón los propios sueños para atesorarlos
tristemente. Ir y venir como el agua de
una clepsidra sometida y convencionalmente. Intentar quebrar, vaciar de contenido, la palabra axioma. Echar constantemente en
falta lo que no se ha tenido aún inexplicablemente mientras el perro ronca a
tus pies. Pensar, sopesar, reflexionar,
arrodillarse siempre ante un bando, pues es lo que acabamos haciendo. Ser una
pompa de jabón entre alfileres. Un nudo que nada ata. Un hilo frágil pendiendo
de un hilo. El vacío que llena nada. La vida es todo aquello que tenemos detrás
al mirarnos en un espejo solamente.
viernes, 26 de octubre de 2012
Qué lástima
Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga
que lo que está pasando en estos días inciertos, él ya lo ha vivido, como
efectivamente sí hacen otros. He reflexionado sobre lo que está pasando y veo
demasiado talento acumulado en una generación,( sí, sabedlo, pues no todos han
de ser “ninis”, ni mucho menos), y que se ven forzados a emigrar: Echados,
expulsados tácita y firmemente. ¿en qué momento ha dejado el Estado de procurar
y mirar por sus ciudadanos? Y sobre todo, ¿qué va a pasar en este país con el
vacío de una generación talentosa, formada y preparada? ¿no les recuerda a
otros momentos de nuestra historia en que se gritaban consignas del estilo:
“muerte a los intelectuales” y que éstos, efectivamente acabaran emigrando o
alimentando exilio huyendo así de la muerte? ¿saben ustedes el gran beneficio
que hicieron éstos intelectuales en Iberoamérica, por ejemplo? ¿lo que
aportaron en sus universidades y ámbitos culturales y que nosotros perdimos
entonces con tanto perjuicio? ¿qué va a pasar, no se lo han preguntado? ¿son
capaces de imaginar que todos aquellos emigrados acabarán generando el
suficiente desarrollo y tejido con su esfuerzo en sus países de recepción y que
aquí sólo nos quedará esperar a que regresen aquellos nostálgicos, pues no lo harán todos, (¿quién quiere estar donde no
le quieren?), con el poco dinero que hayan acumulado en demasiados años de
estrechez y privaciones? ¿qué sucederá entonces? ¿volverán, con ese dinero, una
generación después a comprar pisos y a especular, haciendo nacer una nueva
burbuja inmobiliaria? ¿sufrirán nuestros nietos nuevamente lo que hoy sufrimos?
¿es ese el perfil de nuestra rueda de la fortuna, es acaso plausible todo esto
que digo? Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga cariñoso,-
“Hernán, no es este el camino, sé cómo acabarán devorándose entre sí, cómo
acabará destruyéndose lo construído, cómo acabará todo en un siglo de retraso”-.
viernes, 19 de octubre de 2012
Si
Si la Filosofía anegara las
calles, si la Poesía sobrevolara las cornisas y las cubiertas, si subiera hasta
donde las nubes huelen a humo de avión y el cielo raya el desequilibrio de
tantos viajes. Si viviera Anaxágoras, Parménides o Protágoras. Si Diógenes nos
hallara a plena luz del día, si el mismo Sócrates no hubiera bebido nada en
aquella hora cierta en que apenas sí alcanzó a aprender una pequeña melodía que
ya sería eterna, si ese día siguiera siendo hoy. Si en lugar de guerras hubiera
justas literarias, batallones de poetas blandiendo plumas, sonetos y cuadernos.
Si en lugar de todo hubiera nada. Una nada primigenia virgen de toda mano o
molde. Si pudiera moldearse una nueva amalgama sin alquimia. Si pudiera
escribirse nuevamente la palabra hombre, como cuando volvemos amar después de
todo, así sólo sea un paréntesis nuevamente. Si se pudiera recuperar la pureza
que alguna vez nos mantuvo unidos. Si acaso Platón no hubiera hablado de la
caverna y pudiéramos ver todos al mismo tiempo, llegando al mismo conocimiento.
Si acaso no hicieran falta las palabras, ni siquiera el más mínimo gesto. Si
Wittgenstein aún fuera tocado por estas mañana de octubre en su cabaña o no, si
también lo hiciera Adorno desde la solidez de sus convicciones, cuántos
conflictos entonces no habrían desarrollado su calvario, cuántos profetas no
habrían encontrado el camino de regreso afortunadamente por entre el desierto;
cuántos burócratas perderían todo reconocimiento y cuánto banquero no iría
preso. Si Nietzsche viviera estaríamos todos suspensos. Si cualquier poeta aun
viviera arraigado en nosotros, diríamos entonces amor, vida, caricia, tristeza
que recompensa, diríamos esto no puede estar sucediendo y anunciaríamos un
mundo nuevo. Si todo esto pudiera estar sucediendo al mismo tiempo. Si fuera
posible que sucediera. Si acaso yo no fuera tan idiota e ingenuo.
lunes, 15 de octubre de 2012
S/T
Hundir las manos
en la tierra y coleccionar el silencio. Quedarte mirando al vacío. No coger el
teléfono, desde luego. Hacerse el sordo. Leer como refugio al medio. Caminar
con prisa y decir sólo, adiós, hasta luego. Llevar encendido constantemente el
Ipod y las gafas de sol puestas. Tumbarte paralelo a suelo y techo. No confiar
en que nada mejore. No depositar tus esperanzas en nadie. No creer en nada que
no pueda ser. No querer nada que no se pueda tener. Ser tu propio refugio. Cultivar hacendoso la
soledad. Pintar lo que no será mostrado. Escribir lo que no será leido.
Estudiar todo aquello a lo que no se dará uso. Solucionar lo ajeno sin más.
Escuchar al otro con ajenidad. No mirar el reloj pues no importa. Rascarse la
cabeza. Pensar haciadentrado. Mirar permanentemente al vacío. Quedarse a
oscuras. Limpiar tu sitio. Evitar toda interacción. Ser escrupuloso. Ver más
que otros y que no tenga sentido. Salir y entrar vagamundo. Estar siempre de
paso. No permanecer demasiado tiempo. No querer ir nunca más allá. No tomar
decisiones que hipotequen un futuro que no existe. Ser esquivo. Ser críptico.
Ser ininteligible. Amar. Amar como sólo ama quien no se pronuncia. Ver el error ajeno y hacer que no
importe. Llegar a conclusiones que
solucionan problemas y dejarlas que se evaporen. Sonreír a la nada. Hablar
solo. Sentir tu propia diferencia como
una frontera encadenada a una pared. Disfrazarse de persona. Leer los
periódicos y ver siempre la misma noticia. Descubrir lecturas maravillosas que
se perderán entre otras tantas. Olvidar. No soñar, sino tener visiones,
pesadillas. No poder comunicar el filo preciso de una palabra pese a la
verborrea. Ver el tejido social con la
fragilidad de una tela de araña desde nuestra escala. Intentar ser tan preciso
que nadie te entienda. No comprender las convenciones. Cultivar saber para
recoger olvido. Carecer de convicciones. No posicionarse en ningún bando
defectuoso. Asumir que nada merece la pena. Vivir por hacer algo o por no hacer
nada. Entrenar la autodefensa. Cerrar los ojos para descansar. Tener ganas de
gritar constantemente. Saberse limitado e ínfimo. Estar “por encima” de
demasiados y salir perdiendo. Ganar todas las derrotas. Esquivar todos los
besos ¿y ahora qué?
viernes, 21 de septiembre de 2012
Pues todo es sueño
Pensar es desconocer que aún dormimos. Pues todo es
sueño. Nuestro deambular desorientado y arrastrado de pies, llamadlo vida,
transita así los días. Testigo es de la verdad secreta y demudada: El
sempiterno rumor que no se halla, aquella voz como un suspiro que clama; “Esto
es pasar, no ir haciendo camino, sino ver el ir y venir de las estaciones “. La
verdad es sueño, la verdad. Tanto da que pueda hacerse una canción con la
verdad, la verdad, que con la mentira, mentira. Tanto da pues tanto es sueño. Acaso
pesadilla. Tanto da pues tan poco importa hoy si se está despierto. Siquiera afligido.
Siquiera vivos o muertos. Creer que la vida es todo aquello que creemos que
percibimos, tampoco es. Ni creer tampoco entonces que somos conscientes de tan poco, pues ni
aún siendo. Y entretanto, durmiendo que no dormidos. Y entre tantos, un
concierto de ronquidos, pero ningún acierto. Y así va siendo nuestro sueño, con
pequeños sobresaltos que nos hacen parecer despiertos, pero sólo eso. Así los
días nuevamente, he de decirlo en ambos sentidos. Nuevamente porque al
repetirlo me repito. Nuevamente también porque es toda la humanidad la que no
tiene a bien dejar de andar los mismos pasos, ni de dejar de pisar las mismas
huellas, - vigilando escrutadores no salirse del cerco-, una y otra vez
tercamente constantes como la enfermedad y de nuevo, sempiternamente. Así y con
todo somos capaces de soñar el amor, el afecto, la solidaridad, incluso soñamos
con colonizar el planeta Marte. Así y con todo somos capaces de escribir “El
maestro y Margarita” o “Paisaje con grano de arena”, grabar “El sueño de la
razón produce monstruos” o componer “Peer Gynt”. Así y con todo nos salva una
vez más lo que se nos escapa y no controlamos. Pues aunque desconocemos que aún
dormimos, nos queda la esperanza, como una súplica, que aguarda a que uno de
nosotros abra los ojos inevitablemente. Que alzando la mano, descubra, al fin,
que el mundo no es lo que nosotros creemos ser tan simplemente. Que ser
conscientes, (ojalá se entienda ya que no es fácil), es sencillamente no ser. Entonces allí, en el abismo, suspendidos en
suspense, asidos apenas a una idea, a un rumor desesperado que se aferra, que
hace destacar las venas y es testigo de una voz: “Bien, de acuerdo, todo es
sueño, pues, si todo es sueño, queda aún pendiente que despierte del sueño
profundo en que no vivo”.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Si no.
¿Qué
nos queda si no la amistad y el amor? ¿qué más sino aspirar al equilibrio de
nuestro círculo, de nuestros vecinos y conciudadanos? Es como barrer la puerta
de tu propia casa, tu cachito, ¡ ah, si todos lo hiciéramos al tiempo ! Si
acaso arrimáramos el hombro lo suficiente como para sentir como propio el dolor
ajeno. Poder oír la queja ajena y rumorosa que se avergüenza de ver la luz, la propia
pena desapacible que se enquista, la dolencia sinuosa y tililante que se
arrastra y que no deja ni respirar de tanto como acapara, y tan humanamente. El
dolor que no deja ver que no estamos solos en el camino, ni tampoco
abandonados. La punzada aguda que hurta al descuido la posibilidad de percibir nítidamente que nuestra suerte
pende en vilo, planeando sobre nuestras decisiones, sobre todas aquéllas
opciones que llegamos a asumir como actos propios tan torpemente, ¿qué nos
queda si no los pactos sociales tras milenios de evolución? ¿qué más si no
traer al presente el sentido común esculpido en el muro de la historia y desde
el recodo más oscuro de nuestra propia supervivencia como especie ? Acaso no
sintiéramos lo mismo con los mismos
estímulos, acaso no deseáramos las mismas cosas ni soñáramos los mismos sueños,
acaso no sintiéramos tan intensamente el cálido guantazo del amor con tan poca
originalidad desde el comienzo de
nuestro tiempo como especie, como hombres, como los voraces depredadores
desconsolados que somos tan tristemente. ¿Qué nos queda si no mirar a los ojos
de la muerte y asumir que esto no es sino puro tránsito, que pues estamos de
paso, sólo podemos aspirar a dejar en la mejor de las comodidades a todos
aquellos que serán nuestros heredados? ¿qué más sino intentar dejar en orden
todos nuestros papeles sin causar más molestias que la de tener que recordarnos
con amor, lástima, sentimiento de perdida, deuda o gratitud? ¡ ah, si
tuviéramos esa suerte de ser conscientes de la propia realidad, haríamos
nuestra también la ajena ! ¿Qué nos queda si no?, pues, si no, ¿qué nos queda?
lunes, 10 de septiembre de 2012
Ha llegado el momento
Ha
llegado el momento. Han llegado las horas y los días. Tantas noches abiertas y
desde luego tantas estrellas. Hoy es el presente incierto que tan mal conjuga y
que tanto ha fomentado tristemente el verbo enjugar. Nadie ha sacado un plan,
su plan, y lo ha puesto en medio. No podemos saber si nos sumamos o seguimos
esperando mientras tanto. El plan existe y lo tenemos cada uno de nosotros, eso
está claro, sucede que parece que no lo hemos descubierto aún. La calle se está
haciendo la distraída ya por demasiado tiempo y de estación en estación. Todas
las ventanas devuelven hoy el reflejo de una imagen solitaria, un malentendido Vermeer
deprimente en los minutos en que la esperanza lucha por sobrevivir, nuevamente.
Filosofía para niños si acaso sólo es el principio, pues hoy empieza todo. Los
sueños tienen que bajar a la tierra y ha de salir la maldad, el mal, de la
cabeza del mundo. Hemos recibido demasiadas señales de lo que se nos viene
encima. La integridad humana se ha convertido en un cristal roto en las manos
de un bebé y se escurre constante por entre las alcantarillas. No es el momento
de atrancar las puertas, echar los pestillos, ni de cerrar los candados. Tampoco
de esconderse bajo la cama ni bajo las sábanas como niños. No se puede seguir
girando la cara, ni agachar la cabeza o retirar la mirada. Hoy es el día en que
hemos de mirar a los ojos y debemos cerrar los puños con los dientes apretados.
Hoy es el día en que hemos de llorar de pura rabia porque no hay otro camino.
Hoy tienen que levantarse barricadas de pensamientos positivos y decididos. La
obstinación ha de gritar ningún paso atrás más, porque a nuestra espalda se
están ahogando nuestros vecinos. Ningún atropello más porque exigimos estar
vivos, porque sólo nosotros somos dueños de nuestro destino. Hoy es el día,
hoy, tenéis que asumirlo, pues hoy es el día en que ha de quedar la playa
rayada y han de quedar las naves ardiendo.
Mudanza
A veces la vida poco tiene que
ver con la cantidad acumulada de decisiones que nos motivan, así, bien puede suceder que le toque a uno mudarse de
casa inesperadamente, aunque esa decisión haya sido querida y meditada tras
mucho tiempo y, del mismo modo se haya encontrado uno sin la fuerza suficiente
para tomarla a su debido tiempo. El caso es que sucediendo, no queda otra. No
se me ocurrirá decir que no es una suerte, aún más para alguien que, como yo,
encuentra que la más mínima decisión que le afecta es en sí un problema con
demasiadas opciones o soluciones válidas. La vida sin embargo sigue su camino
constante ajena a nuestra falta de virtud. Por suerte, he de decir. Es entonces
cuando sucede que uno se congracia con lo que no controla, (supongo que aquí algo tendrá que ver que Sancho, mi
perro, ande jugando a mis pies intentando convencerme para seguirle mientras
escribo, o que se repita el duelo, una vez más, entre las campanas de Santa
María y Santiago y que eso me lleve también a Estambul - ahora que lo pienso-),
y que me hace sentir tan bien, tan a gusto, tan cansado por la mudanza, pero
tan feliz por los amigos que la han asumido como propia y que también ven en mí
el beneficio, quizás, de haber dejado guardados en los otros armarios y
altillos una memoria que no puede estar en mejor sitio que donde se queda,
atrás, cerrada, dejada para que otros la vivan.
Entiendo, hoy lo sé, que así deberían ser todas nuestras decisiones: la
suma concatenada de actos, a veces incontrolados, que nos llevan a estar más
cerca de nosotros mismos o de lo que queremos, quizás más cerca de la palabra
justo, entendida la justicia como el arte de dar a cada uno o suyo, no podemos
sino pretender que, en la medida de lo posible, acumulemos el mayor grado de
felicidad, de tranquilidad o de bienestar. Es erróneo pensar en aguantar
situaciones porque creemos que es lo que debe ser, porque haya algo por encima
de nosotros que nos obliga a actuar en nuestra propia contra. No es justo y no
es bueno por lo tanto. Si ya no queréis a vuestra pareja como antes y no tiene
solución, liberadla y sed libres, si es el trabajo lo que no os llena, buscad
la manera de que sea soportable a cambiadlo por algo más grato. Cambiad si sois
vosotros pues siempre se está tiempo. No huyáis, dad la cara, sed justos, es la
única manera de que el espejo devuelva una imagen nítida. Mudaos, avanzad, que
vuestra vida no sea una suma de intereses ajenos.
jueves, 19 de julio de 2012
Si yo no fuera yo
Si yo no fuera yo, si tú no fueras tú, si España no fuera España incluso. Si hoy nunca hubiera sido hoy mientras tanto. Si nada entonces supiera la arena de tus pasos, ni la mesilla de noche de tu última lectura. Si las sábanas no hubieran grabado la impronta de tu cuerpo una vez más. Si no hubiera sido tu espalda, ni tu cuello, si tu pecho hubiera sido ignoto e inexplorado, si no hubiera sido mía tu orogénesis, ni mis movimientos o mis besos te hubieran pertenecido. Si entonces el tiempo no hubiera sido sino un pacto ¿qué fue lo que anduvimos haciendo? Si no hubiéramos soñado no tendríamos recuerdos. No nos habríamos tendido en la umbría al fondo de los helechales, donde los abejarucos comienzan de nuevo a girar la rueda de la vida, sin saber que están en Piornal, ni que nosotros, lasos, negaríamos estar allí desde ese momento. Si no hubiéramos paseado no nos habríamos descubierto, ni yo te habría subido la falda, ni tú me habrías retenido tanto tiempo. Si yo no fuera yo ni tú fueras tú, si el sol no nos hubiera acompañado en su descenso, ni la noche hubiera mostrado su deleite. Si Goytisolo no hubiera detenido el tiempo. Si entonces tus manos no hubieran vuelto a hablar por entre los saltos de agua, ni tu boca hubiera abierto la frontera de tu cuerpo. Si entonces hubiera sido nunca. Si sueño hubiera sido vida y nosotros sólo hubiéramos sido nosotros. Si el silencio no hubiera exhibido la prolongada sombra del deseo bajo los robles mucho más allá del gran castaño caído, mientras tu cabello humedecía mis hombros y el futuro no alcanzaba sino hasta la hora de la siesta. Si nunca hubiéramos sido. Si no hubiéramos tenido manos, ni lengua, si no hubiéramos anudado el día ni hablado entonces de música ni de poesía, si no hubiéramos dicho que nos encantaba Hokusai, o Hiroshige, si nada entonces hubiera sido. Si yo no fuera yo, ni tú fueras tú. Si pudiera volver a amasar todo esto que escribo.
lunes, 9 de julio de 2012
“ Tu vida va en ello ”
Tu
vida va en ello. Sigue tu camino, no pares. Ve, continúa aún más, no te
arrepientas. Mientras no escojamos todo será una posibilidad nuevamente. El
tiempo así pesa en plomo lo que la duda no sopesa. Guardados tengo, por
ejemplo, como tú, demasiados abrazos y
aún así no me acompañarán en la mudanza. Atrás habré de dejar tanto de todo
aquello que fue tanto y que hoy sólo es simplemente aquello. Has de seguir sólo
porque todo cambia de forma cual orilla, cual camino nevado en la noche del
tiempo en que sólo el caminante hace machadiano camino una vez más y tan
acertadamente, así uno esté perdido. No te preocupes, fue San Agustín quien
dijo que para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe, pues la
vida sólo eres tú, no hay plan mágico, allí donde estés eres la vida y así
deberías vivirla, pues tu vida, recuérdalo, siempre va en ello. No importa como
lo hagas, si le dices a la amada que la amas y le besas el cuello y le agarras
la cintura tiernamente o si simplemente permaneces a su lado en silencio
diciéndole así, te quiero, una vez más. No importa como ayudas al amigo si en
silencio o con enfrentamiento, no importa si le miras a los ojos y te plantas o
si simplemente haces sin que se sepa. No importa como abrazas a tu hermano
cuando lo necesita, ni si te haces el distraído intencionadamente con tus
propios padres a fin de que nuevamente puedan reprenderte, sentir una vez más
que no has volado definitivamente, o siquiera percibir que la vida te ha
convertido en un hombre, sí, pero en un hombre de piedra quizás incapaz de
volver a ser blando. No te preocupes, si así ha sido, así es, sigue, no pares,
ya habrá tiempo de ser polvo. Sigue, no pares, habrás de ponerte hombro con hombro
con el amigo, con el amor, con el vecino, con los padres. Habrás de apretar los
dientes y seguir avanzando contra el miedo. Sigue, no calles. Sigue, no
retrocedas. Sigue, no toleres. Sigue, no te arrepientas. Sigue, no te canses.
Sigue, no desfallezcas, no te falles. Sigue, vive, vive hasta que no puedas
seguir más.
lunes, 25 de junio de 2012
ARREBATO EN DUELO
Escribir a veces para no abrirle
la cabeza a más de uno a mamporros o, para no abrirte las venas, simplemente.
Otras, para insultar a todos los hijos
de puta. Aunque no siempre es así,
también me acuerdo ahora de los bastardos y de los cabrones de los últimos
tiempos, me suelo recrear con esos imbéciles que pretenden tanto y alcanzan tan
poco, que dan la espalda o se bajan los pantalones con la misma facilidad,
asquerosos, lameculos de otros siervos, bastardos con esmero, perros de pocos
cerdos. Me acuerdo, entrados en el odio, de los codiciosos, de los que
ambicionan nadie sabe qué, un protagonismo absurdo, grasiento, patético,
dirigir las conductas, hacer sufrir, encontrar deleite al humillar, querer
vejar… ¿Y aquellos otros?, los de allí, los oportunistas de siempre, los que
nunca se cansan, los que no duermen, los que no respiran conteniendo el aire
para pasar inadvertidos, agazapados en la sombra tenebrosa de la falsa
apariencia. Idos todos a tomar por culo. Idos. Sí, a la mierda, estoy más que
harto, escribir se hace a veces para no partirle la cara a más de uno, o para
no quitarte de en medio simplemente. Escribir para fijar el tiempo que se
pierde en un tecleo, escribir que es el mismo tiempo que tardamos en contar
miles de muertos, o el que gastan demasiadas familias en irse a la ruina.
Escribir para decir que la
Democracia ha fracasado, que es un hecho. Escribir para pedir
el cumplimiento de tanta promesa electoral, o para asegurar que no existe el
buen político si se debe a un partido ¿dónde están los cambios que dejaron
escritos en aquel montón de cenizas? Escribir para pedir más unidad entre los
que estamos sosteniendo esto ¿Cómo pensar en el futuro si
mientras no escojamos, todo será una posibilidad, y ésta , hoy más que nunca,
está podrida? Basta, basta ya, ¿acaso
hemos de poner la fuerza donde no llega el despropósito de estas palabras, que
tras más de tres años utilizo faltando a las formas más elementales? Ya no sé
qué más hacer ni cómo llamar vuestra atención ¿os quedaréis en la anécdota de
todo lo que en este escrito malhablo, os dejaréis manipular así? Basta, basta
ya de todo.
viernes, 8 de junio de 2012
Veris leta facies
Paseemos por los valles y campos de
una habitación forrada de libros multicolores sin ordenar. Caminemos abrazados
torpemente por las sendas que no existen mientras el sol sigue su danza
testimonial y el suelo está plagado de las hojas aún verdes de poemarios no
editados. Gastemos el tiempo que se crea queriendo, yendo de un sitio a otro
vagamundos y humildemente ricos. Bañémonos en el mar oceánico de mi bañera
mientras no recogemos caracolas ni nos abrasamos por el sol. Viajemos el mundo
sin salir de casa y hagamos la ruta de las manos por nuestros cuerpos
entregados. Hagamos un intercambio de olor. Amontonemos caricias con forma de
castillo de arena sobre la alfombra, sutil edificio que ninguna ola podrá
sitiar. Horademos de huellas invisibles el pasillo. Colguemos recuerdos en las
paredes y el techo. Quedémonos en
silencio escrutando las horas desnudas. Llenémonos los bolsillos de besos.
Salgamos volando por la ventana mientras el violinista de la cara verde
improvisa una canción de amor. Seamos eclipse en el eclipse de Venus aunque
sólo sea una vez. Celebremos la fiesta del abrazo piel con piel mientras te
refugias en mi cuello. Bailemos la danza de los locos entregados, de los
propietarios nudistas de islas inexistentes. Hagamos un pacto de Estado que se
selle con nuestras lenguas. Seamos alimento para el hambre. Digamos adiós a los
pájaros. Démonos calor como excusa en el entretiempo. Anudemos nuestros
segundos viendo una película distraídamente amontonados. Ven. Ven volando sin mirar
atrás, entra por el balcón dónde ya regados, están los latidos en flor. Ven. Háblame
de todo lo que no conozco como si fuera mi vida. Apaga mi sed contra tu cuerpo,
toma aquí mis manos, guardemos silencio, nos está mirando de frente la
auténtica cara de la primavera.
jueves, 31 de mayo de 2012
“Golpe de calor”
No tengáis miedo, no temáis. La vida no siempre sonríe con la boca torcida. A
veces la vida es también la sonrisa franca del amigo, la emoción del hermano o
la cálida contemplación de nuestros padres. A veces es también tu sombra la que
coge de la mano a otra sombra y la besa y camina de espaldas al sol, y no se
estresa y ve, y mira, y encuentra una mirada iluminada y unos pómulos que se
elevan y unas comisuras que se tensan, un cuerpo que se ofrece y un tiempo que
no se malgasta. Amaos. Sentíos, sed uno. Conversad tranquilos, escuchad con
atención, sabed que vosotros sois el otro. La fuerza sempiterna de la evolución
está en nosotros. No temáis, no sufráis.
El amor está ahí para cogerlo y dice ven, ámame, ven, siéntate a mi lado, ven,
forma parte de mi vida, de mi historia así sea en un breve momento. No sufráis, no lloréis. Pues en tanto,
se pierde el rastro, el hilo, las pulsaciones del camino. Que las lágrimas sean
sólo de alegría, de emoción que apenas sí se contiene ¿no es acaso eso lo que,
desnudos, podremos defender ante la muerte?
No lloréis, no huyáis. Manteneos firmes y orgullosos, no mováis un pie. Es
la única forma que tenemos de no volver a utilizar un espejo. Si sabéis quiénes
sois, lo que estáis dispuestos a hacer con la mente libre y el corazón
resuelto, con la conciencia tranquila y sabiendo que lo que se hace, se es.
Sabiendo que uno es lo que se decide a hacer, sólo podemos hacer bien, pues de
lo contrario nos convertiremos en todo aquello que corrompemos. Si un bailarín no
es un bailarín cuando no baila, un ladrón lo es mientras roba ¿Qué sois? Pues
sed. No huyáis, no olvidéis. Que el
tiempo no haya corrido para nada, que las muertes no hayan sido en vano, que
los suspiros y el dolor den paso al conocimiento, a la asunción del error, al
camino que se veta, a la experiencia que se aprende, a la traba que se supera,
al tiempo que no se repite, a lo que ha sido vivido y de lo que nadie puede
despojaros. No olvidéis, no desistáis. Sólo
nosotros sabemos que todo momento es pasajero, que sólo por eso necesitamos lo
mejor, pero lo mejor para todos. Sólo así podemos beneficiar en algo a los
herederos encadenados a nuestro tiempo. No
desistáis, amad. Exigid estar vivos, el tiempo que sostenemos en las palmas
de las manos y que no se retiene. No malgastéis el lapso siendo sometidos.
Exigíos. No desistáis, que merezca la pena esto que escribo. Amad, sobre todo
amad, sólo por eso ya merece la pena estar vivo.
viernes, 11 de mayo de 2012
¿Dónde estamos?
Así sin más. Desde estos días horadados. En las
ciudades sempiternamente inmóviles. En las voces dentro de demasiadas cabezas.
En las horas tristemente corruptas. En las manos llenas de lo ajeno del
vecino. En los corazones no resueltos.
En los ánimos enarenados. En las huellas de los pies que se arrastran. En los
cercos abandonados de los cadáveres. En la vida que se exhala. En el anhídrido
carbónico de todo beso. En las caricias con llagas. En las heridas
abiertas con un bisturí oxidado. En los
huesos que el hambre amosca. En los cultivos echados a perder. En todos
aquellos negocios de persianas bajadas. En el mundo de las sombras y no de los
sueños. En la mentira piadosa que tanto destruye. En el engaño que se alimenta
día a día. En la desigualdad que se construye. En los secretos a voces. En la
palabra mancillada. En la desesperación de los impagos. En la infidelidad de
tantos casados. En la deslealtad de tantos cargos públicos. En el estancamiento
como sociedad. En el no futuro por el que tanto se ha trabajado. En la amistad
que se traiciona. En el amor que se fuerza. En toda desnudez que se violenta.
En la falta de consentimiento. En la palabra asco. En los dioses que tan poco
saben de lo humano. En las guerras que
inventamos. En el odio que se cultiva. En la escisión social que siempre ha
habido. En el oportunismo de los arrimados. En la falta de moral, de ética. En
la ausencia de filósofos. En el exceso de banqueros ávidos. En el egoísmo de
los que se imponen. En la envidia que se admira. En la infancia robada. En el
engaño sistemático. En la manipulación mediática. En todo aquello que oímos y
fingimos no oír. En lo que vemos y
aceptamos aún si no nos gusta. En las mentiras que difundimos. En las mentiras
que nos creemos. En el conformismo que siempre dormita. En la lasitud de
nuestro desánimo. En la falta de confianza. En la indisponibilidad para el
sacrificio común. En la falta de diálogo y de sinceridad. En todas aquellas
oportunidades que se han enterrado. En todas aquéllas sonrisas que se ocultan.
En tanto como toleramos. ¿Necesitas que pregunte hacia dónde vamos?
viernes, 27 de abril de 2012
Carta abierta
Estimado Sr./a, me pongo en contacto con usted a
través del presente a fin de trasladarle que no quiero seguir viviendo así, con
la ventana constantemente abierta al frío, ni con los días de este gris plomizo
tan poco favorecer al ánimo. No me parece prudente el abandono que se está
dando a nuestros convecinos, ni tampoco la poca educación y cultura que le
espera a nuestros hijos. No sé si entiende que el futuro es el resultado total
de una suma de presentes, pues el futuro no existe, de hecho ni tan siquiera
existe el presente, dicen algunos que al ser presente, en el mismo y preciso
instante que sucede, en esa micra de fracción ya es pasado, aunque no quiero
distraerle con estas diatribas que me son tan propias y tan ajenas para usted,
tan acostumbrado a la materialidad dúctil de lo económicamente práctico.
Precisamente por este detalle, por ser usted quien es, por vivir precisamente
de sus arriendos, de sus cobros, del seguimiento de sus deudores y del préstamo
desorbitado a sus iguales, a sus pares, a los que perdona incluso que le roben,
bien debe saber usted, creo, que debe atender a sus inquilinos en sus
necesidades más básicas, no digo yo ya comodidades, pues las más de las veces,
quien no ha tenido no echa en falta, pero al menos, ya que va a subir los arriendos
quite cargas, responsabilidades, asuma usted algo. Quizás podría permitir más
acción a sus inquilinos, a sus ciudadanos, permítales buscarse la vida con
ciertos “subarriendos”, olvídese de su perenne fiscalización, levante la mano,
de un respiro en estos días con tan poco oxígeno, deje vivir en definitiva, o
se expone a no tener inquilinos a los
que seguir sangrando. ¿qué haría usted entonces? ¿cómo sustentaría sus
privilegios, cómo pagaría los encuentros con sus amigos? ¿ cómo haría frente a
las deudas que usted también tiene? No es sólo que la casa esté cada vez en
peor estado, es que aún siendo incómoda va a comenzar a ser incluso fea, por
los desconchones, por las reparaciones que usted va a dejar de hacer y
encargar. No sé si sabe que por su culpa la luz y el agua son cada vez más
caros, el gas no deja de subir, y la calidad de su casa de bajar, ¿ es acaso
justo que cada vez se pague más por lo que cada vez es peor? En fin piénselo,
aún estamos a tiempo, poco tengo yo que ver con todo esto salvo la creencia de
que si nos va bien a todos, viviremos en un mundo mejor. He de dejarle, salud y
belleza, H
viernes, 20 de abril de 2012
368
Salir
a la calle y ver el cúmulo de caras conocidas con fondo gris. El futuro como
preocupación. No saber si se llegará a meta alguna. No saber si luchar
simplemente por ser feliz. Ver el amor evaporarse y los amoríos sustentados
levemente en el humo azulado que se ha fumado. No tener más que lo que se tiene
y contiene en la palabra insuficiente. Ir así entretanto. No sabiendo. El
presente acaso demasiado detenido, retenido por indocumentado. Escuchar a los Happy Mondays tras tantos años en que se
ha visto tanto y tan diferente. No haber encontrado camino ni rastro alguno
siquiera. No. Así no. En los tiempos de la procela es propicio nadar a favor de
la corriente, pero ir, poco a poco, nadando hacia la orilla con determinación
sin embargo. No es ahora pertinente ni admisible luchar exteriormente con tanto
desgaste, sino hacerlo en nuestro interior, en silencio, reservando, asumiendo
qué o qué no es tolerable o intolerable para nosotros, esperar, aguardar a que
sea necesario romper la resistencia. Gastar el tiempo que se respira en
aspiraciones alcanzables y satisfactorias no puede ser sino la mejor decisión
para estos días en que se instala el mismo rasero de injusta contrición en cada
una de nuestras casas. Llevaba 209 palabras para decir que no se agarra lo que
no se alcanza indubitadamente. Como todo aquello que pueda ser expresado,
verbalizado, comunicado, ha de tenerse por relativo, poned en justo término lo
que digo. La calle sigue ahí sin embargo, pensad en eso, gris o no, el tiempo
hará que todo pase una vez más nuevamente. Esto es ser humano. La suma constante de
números equivocados en un péndulo, pero también un vector de superación
constante. ¿Cómo no aspirar a más con tanto lastre y tanto don como hemos
heredado? Acaso nadie espere ya nada de nadie, acaso seamos un especie sin
perdón. Quizás hemos perdido el nombre de gente, quizás no somos ya capaces de
vernos. Recapacito o no. Una vez más la calle que mi ventana enmarca me muestra
el pulso decidido de la hormiga y yo, desde mi nido suave de libros sólo puedo
pensar que sólo soy todo aquello que veo como vivido.
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