lunes, 10 de diciembre de 2012

Hoy


Es la lluvia la que cae acompasadamente hoy mojándonos a todos por igual . Pienso en cómo la muerte también todo lo iguala. En que lo básico para todo hombre no conoce distingos ni jerarquías. Pienso en cómo somos incapaces de gestionar nuestra convivencia pese al paso de los milenios y la totalidad de nuestros avances. Nos llamamos sociedad democrática pero no excluimos las desigualdades relacionadas directamente con la vida económica, donde la fortuna, contrariamente a lo que propugnamos es una fuente de influencia demoledora, donde los trabajadores son pésimamente protegidos de la explotación, donde el propio estado no facilita encontrar un empleo, y donde cada uno no puede hacer valer sus derechos, ni obtener de la sociedad la protección contra los riesgos de la vida, que son muchos. Llevo años escribiendo que la democracia ha fracasado, recuerdo que alguien me replicó desde la comodidad de su bonanza con pocos argumentos sólidos. Hemos vuelto a coincidir, la crisis no le ha tratado nada bien, me pedía consejo, pero yo ya no puedo ayudarle. Recordaba perfectamente el día en que me abordó impetuosamente más preocupado por impresionar a sus acompañantes  y a sí mismo que en darse cuenta de que la afirmación el saber no da dinero era una auténtica atrocidad. Por lo visto no sólo no le respondí sino que reconduje su enfrentamiento cuatro pasos antes y le hablé de educación y de cultura. No recuerdo absolutamente nada pero él dice que le quedó marcado que sutilmente le toreara dejándole los bolsillos llenos de dudas y que le hubiera desarmado sin siquiera haber sacado mi espada. Cree que ya es tarde pero para su sorpresa le contesté que no, que si ser bien educado cuesta el mismo esfuerzo que ser maleducado, él tiene tiempo de sobra, pero no sin esfuerzo, para recuperar lo que ahora echaba en falta. Y es que lo que realmente ha de preocuparnos de la crisis es la ausencia de valores éticos y morales ciertos y aprehensibles, pues esa es la causa real de todo lo que sostenemos y que no son sino antivalores sociales: el egoísmo,  el individualismo, el engaño, todo aquello que nos hace un poco más animales.
Sin embargo, abajo, ahora, en la calle, se oyen los silbatos acompasadamente. Desconozco la queja. Apenas suena insistentemente uno y el resto calla, no se escuchan consignas y aún menos a la policía, pero hay un runrún que adormece y que me hace intuir que de lo que se habla es de que seamos los de antes, cuando ya eso es imposible, pues solo nos queda el sueño y el deseo urgente del advenimiento de un hombre nuevo que nos salve.

viernes, 30 de noviembre de 2012

"del amor"


Una escritora me ha sugerido que hable hoy del amor, como si yo pudiera decidir cómo late en mi cabeza lo que identifico con mi corazón o cómo siquiera traigo a este presente una caricia o el abismo de una espera o la ambición de retener por más tiempo a quién huele tibiamente por entre tu cuello, mientras es el olor de su pelo el que cosquillea tu ánimo y su fragancia acuna una vez más el deseo y el deleite. Como si traer en estas entrelíneas el recuerdo de su forma pudiera recomponer el puzzle roto en que se conviertieron las sábanas de algodón blanco y cálido de su ternura, la composición elocuente de su impronta, la huella ambicionada de su suave textura y sus caricias. Ni aún hablando de su boca brillante ni de sus ojos tristes, ni de su voz que murmuraba mi nombre y me atraía para sí reivindicándome una vez más. Cómo decir que su espalda era la orogénesis cierta que abarcaba la totalidad de lo que abarcaba mi vista, el territorio fértil del que sólo fui usufructuario o incluso siervo de la gleba a ratos y que hoy he perdido por haber seguido andando por entre otras tierras, esas otras tierras que nunca más volvieron a ofrecerme un paisaje tan añorado o con tanta sensación de pertenencia. Hablar hoy de sus manos no puede describir cómo nos comunicábamos, ni cómo su gesto era la línea que trazaba mi silueta convirtiéndose en la corintia que según Plinio el Viejo  hizo nacer el dibujo ante mi partida inevitable. ¿cómo traer la fina arquitectura de sus hombros sin recordar que mi cuerpo ya no lo habita? ¿cómo no pensar en su clarividente generosidad y en que jamás conocimos el conflicto, o en su entrega cierta, o en su muda alegría, o en su cara brillante cuando reía de mis ensoñaciones y ocurrencias carentes de toda razón pues estaba loco por ella? Cómo hablar del   obsequio de su amor, de mi amor, de lo que tallamos con tanta brevedad en el tiempo y que sin embargo es hoy una escultura de tiempo que no recoge lamentablemente el maravilloso acto de su creación, que nunca más me he atrevido a exhibir, a exponer, a mostrar para que esa acción externa no la postre, ni la use, ni la gaste, ni la haga ser malinterpretada por quién desconoce el pulcro valor de sus gestos, de su sonrisa apenas, de sus lágrimas cuando perdí mis pasos y me fundí en negro. ¿Cómo hablar del amor si no lo tengo?

viernes, 23 de noviembre de 2012

23 de noviembre


Cuando vivo este presente es cuando asumo que no hay vida inteligente en el universo, básicamente porque nosotros somos un buen ejemplo de tal ausencia. Cuando enciendo el televisor o reviso los diarios asumo que nos queda cada vez menos tiempo, que tardará más en amarillear el papel que en extinguirse demasiados derechos o conquistas sociales. Si hubo que luchar para conseguirlos, habrá que luchar para retenerlos. Cuando presencio la manipulación diaria y el juego con nuestros sentimientos, incluso con nuestra hambre o techo, es cuando asumo que no puede esperarnos sino el enfrentamiento. ¿cómo se pone freno a quién no frena su avidez y desposee al resto de sus mínimos? Es cuando hago memoria y recuerdo, que deshago un camino de hechos y de silencios, que me retrotraigo en lo que en cierto modo ya me es ajeno, pues así veo que ciertas decisiones inciertas han errado a través del tiempo y descubro cómo hoy emulamos aquellos desaciertos. ¿acaso no podemos dar por preciso y exacto que sabemos en qué acabará todo esto si no lo encauzamos?  Debemos recordar en qué consiste esto del juego de la política, asumir que somos nosotros quienes los ponemos ahí, que su pedestal no es de hierro, sino sólo de tiempo, de un tiempo que consumen para si casi en su totalidad, pero sabed que el tiempo no existe sin embargo, que podemos alterarlo y arrebatárselo, pues si somos los legitimados para ponerlos donde están, ¿ acaso no somos los mismos que legítimamente podemos bajarlos de su escalón condenándolos al olvido, condenándolos a ser exactamente igual que nosotros , pues eso  son en realidad  lo que son? No es todo. Cuando veo a la gente sonreír, ayudarse. Cuando soy testigo de cuántos tienden la mano y luchan por lo ajeno llevados por la justicia y el amor al prójimo, es cuando sé que aún no estamos acabados ni perdidos del todo.  Cuando veo a tanta gente dispuesta a no consentir, aguardando que alguien de un paso en la dirección correcta para seguirlo sin vacilación, es cuando asumo que aunque está tardando, alguien se va alzar. Esto es lo que pienso mientras desde mi trabajo intento sortear a toda la gente que no asume sus pagos ni su palabra para que no me arrastren con ellos. Mientras tanto pienso y así me devaneo, asumo que cuando yerro, por suerte también se que ya sólo me espera el acierto.

viernes, 9 de noviembre de 2012

No somos


Somos cobayas. Conejillos de indias en una jaula gigante que se pierde en el horizonte. Somos la representación de lo que soportamos aún sin saber dónde están nuestros límites. Somos una bomba a punto de explotar imprevisiblemente, pues la mecha ya arde sinuosa e imparable. Somos el grito ahogado y la espalda apaleada. Somos un cuerpo que es arrastrado por el suelo para acallarlo. Somos los que estamos siendo desposeídos de lo que hemos heredado. La pasividad estúpida y aborregada de los que permiten que les hurten y roben. Somos los ingenuos que dejamos hacer, los que creemos si necesidad de demostración, a pesar de todo lo que en nuestra contra está siendo probado. Somos la ausencia del espíritu crítico. La cualidad de lo maleable y manipulado. Triste carne de cañón triste. Somos los que nos creemos algo estando en la lista de los ninguneados. Los que cumpliremos obedientes con la navidad habiendo tan poco que celebrar. Somos los que hemos desprestigiado a la palabra solidaridad y al propio ser humano. Somos los que decimos egoístamente “ a mi no me va a pasar”, los que no tendemos la mano, ni golpeamos en la mesa con el puño. Somos los que no queremos que nada cambie, pues nada hacemos. Somos aquello que estamos permitiendo. Todo lo que sin duda no hacemos al fin y al cabo. Somos aquellos que hemos devaluado a la verdad, los que hacemos que no importe que nos mientan. Somos los que creemos que no estamos tan mal pese a todo; los que piensan que no recogeremos lo que estamos sembrando inexplicablemente. Somos los que apedreamos el futuro de cristal y echamos sal en nuestros huertos, los que escupimos contra el viento y dejamos que desahucien a nuestro igual. Somos los que olvidamos que sin nosotros no hay nada más. Los que no asumimos que somos la pieza clave en este engranaje. Los que no sabemos que sin nosotros actuando adocenados, convertiríamos en un mal chiste a la prima de riesgo, que trasladaríamos el problema a quien nos tiene cogidos por el cuello y que tanto nos necesita para poder ser quien es. Somos los que permanecemos donde nos dicen sin haber razón alguna para ello. Somos los ignorantes que nunca gritamos rabiosos que juntos somos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

2 de noviembre


Dejar tendidos los pensamientos en la orilla, y colgando el pudor de una rama doblada por el peso. Romper la estabilidad de la propia tibieza entrando en el agua agarrado de una mano que te aferra como acto reflejo y a la pata coja. Deslumbrase por los ataques del sol punzantes a través del oleaje que discurre. Bañarse así en el río de la vida a la espera de que alguien decida robar la ropa o la tranquilidad. Asumir que siempre hay alguien agazapado y al acecho, entretanto, entre tantos. Bucear con urgencia hasta los guijarros del fondo y ver sus pies y su cuerpo desnudo, en suspenso, por entre los peces y la vegetación.  Intentar hundirla jocosamente desde tu propio hundimiento y sólo conseguir tragar agua con sabor a verde cieno. Asumir que todo eso ha podido ser vida pero ya sólo eso. Huir del tiempo así de despreocupado y por todo lo que el recuerdo, la memoria, retroalimenta con tanto engaño o ilusión. Regresar por tanto a las mismas tardes de siempre y retomar la construcción de la soledad donde la dejaste. Volver al laberinto sin madeja y sin memoria. Reescribir en letras doradas que somos la constatación evidente de que no hay vida inteligente en la totalidad del universo y para que no se olvide. Poner lavadoras y limpiar la casa, sacar al perro e ir al trabajo sin embargo. Efectivamente, elegir la ropa o asear el aspecto como un autómata duplicado. Guardar también en un cajón los propios sueños para atesorarlos tristemente.  Ir y venir como el agua de una clepsidra sometida y convencionalmente.  Intentar quebrar, vaciar de contenido,  la palabra axioma. Echar constantemente en falta lo que no se ha tenido aún inexplicablemente mientras el perro ronca a tus pies.  Pensar, sopesar, reflexionar, arrodillarse siempre ante un bando, pues es lo que acabamos haciendo. Ser una pompa de jabón entre alfileres. Un nudo que nada ata. Un hilo frágil pendiendo de un hilo. El vacío que llena nada. La vida es todo aquello que tenemos detrás al mirarnos en un espejo solamente.

viernes, 26 de octubre de 2012

Qué lástima


Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga que lo que está pasando en estos días inciertos, él ya lo ha vivido, como efectivamente sí hacen otros. He reflexionado sobre lo que está pasando y veo demasiado talento acumulado en una generación,( sí, sabedlo, pues no todos han de ser “ninis”, ni mucho menos), y que se ven forzados a emigrar: Echados, expulsados tácita y firmemente. ¿en qué momento ha dejado el Estado de procurar y mirar por sus ciudadanos? Y sobre todo, ¿qué va a pasar en este país con el vacío de una generación talentosa, formada y preparada? ¿no les recuerda a otros momentos de nuestra historia en que se gritaban consignas del estilo: “muerte a los intelectuales” y que éstos, efectivamente acabaran emigrando o alimentando exilio huyendo así de la muerte? ¿saben ustedes el gran beneficio que hicieron éstos intelectuales en Iberoamérica, por ejemplo? ¿lo que aportaron en sus universidades y ámbitos culturales y que nosotros perdimos entonces con tanto perjuicio? ¿qué va a pasar, no se lo han preguntado? ¿son capaces de imaginar que todos aquellos emigrados acabarán generando el suficiente desarrollo y tejido con su esfuerzo en sus países de recepción y que aquí sólo nos quedará esperar a que regresen aquellos nostálgicos, pues no  lo harán todos, (¿quién quiere estar donde no le quieren?), con el poco dinero que hayan acumulado en demasiados años de estrechez y privaciones? ¿qué sucederá entonces? ¿volverán, con ese dinero, una generación después a comprar pisos y a especular, haciendo nacer una nueva burbuja inmobiliaria? ¿sufrirán nuestros nietos nuevamente lo que hoy sufrimos? ¿es ese el perfil de nuestra rueda de la fortuna, es acaso plausible todo esto que digo? Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga cariñoso,- “Hernán, no es este el camino, sé cómo acabarán devorándose entre sí, cómo acabará destruyéndose lo construído, cómo acabará todo en un siglo de retraso”-.

viernes, 19 de octubre de 2012

Si


Si la Filosofía anegara las calles, si la Poesía sobrevolara las cornisas y las cubiertas, si subiera hasta donde las nubes huelen a humo de avión y el cielo raya el desequilibrio de tantos viajes. Si viviera Anaxágoras, Parménides o Protágoras. Si Diógenes nos hallara a plena luz del día, si el mismo Sócrates no hubiera bebido nada en aquella hora cierta en que apenas sí alcanzó a aprender una pequeña melodía que ya sería eterna, si ese día siguiera siendo hoy. Si en lugar de guerras hubiera justas literarias, batallones de poetas blandiendo plumas, sonetos y cuadernos. Si en lugar de todo hubiera nada. Una nada primigenia virgen de toda mano o molde. Si pudiera moldearse una nueva amalgama sin alquimia. Si pudiera escribirse nuevamente la palabra hombre, como cuando volvemos amar después de todo, así sólo sea un paréntesis nuevamente. Si se pudiera recuperar la pureza que alguna vez nos mantuvo unidos. Si acaso Platón no hubiera hablado de la caverna y pudiéramos ver todos al mismo tiempo, llegando al mismo conocimiento. Si acaso no hicieran falta las palabras, ni siquiera el más mínimo gesto. Si Wittgenstein aún fuera tocado por estas mañana de octubre en su cabaña o no, si también lo hiciera Adorno desde la solidez de sus convicciones, cuántos conflictos entonces no habrían desarrollado su calvario, cuántos profetas no habrían encontrado el camino de regreso afortunadamente por entre el desierto; cuántos burócratas perderían todo reconocimiento y cuánto banquero no iría preso. Si Nietzsche viviera estaríamos todos suspensos. Si cualquier poeta aun viviera arraigado en nosotros, diríamos entonces amor, vida, caricia, tristeza que recompensa, diríamos esto no puede estar sucediendo y anunciaríamos un mundo nuevo. Si todo esto pudiera estar sucediendo al mismo tiempo. Si fuera posible que sucediera. Si acaso yo no fuera tan idiota e ingenuo.

lunes, 15 de octubre de 2012

S/T


Hundir las manos en la tierra y coleccionar el silencio. Quedarte mirando al vacío. No coger el teléfono, desde luego. Hacerse el sordo. Leer como refugio al medio. Caminar con prisa y decir sólo, adiós, hasta luego. Llevar encendido constantemente el Ipod y las gafas de sol puestas. Tumbarte paralelo a suelo y techo. No confiar en que nada mejore. No depositar tus esperanzas en nadie. No creer en nada que no pueda ser. No querer nada que no se pueda tener. Ser  tu propio refugio. Cultivar hacendoso la soledad. Pintar lo que no será mostrado. Escribir lo que no será leido. Estudiar todo aquello a lo que no se dará uso. Solucionar lo ajeno sin más. Escuchar al otro con ajenidad. No mirar el reloj pues no importa. Rascarse la cabeza. Pensar haciadentrado. Mirar permanentemente al vacío. Quedarse a oscuras. Limpiar tu sitio. Evitar toda interacción. Ser escrupuloso. Ver más que otros y que no tenga sentido. Salir y entrar vagamundo. Estar siempre de paso. No permanecer demasiado tiempo. No querer ir nunca más allá. No tomar decisiones que hipotequen un futuro que no existe. Ser esquivo. Ser críptico. Ser ininteligible. Amar. Amar como sólo ama quien no se pronuncia.  Ver el error ajeno y hacer que no importe.  Llegar a conclusiones que solucionan problemas y dejarlas que se evaporen. Sonreír a la nada. Hablar solo.  Sentir tu propia diferencia como una frontera encadenada a una pared. Disfrazarse de persona. Leer los periódicos y ver siempre la misma noticia. Descubrir lecturas maravillosas que se perderán entre otras tantas. Olvidar. No soñar, sino tener visiones, pesadillas. No poder comunicar el filo preciso de una palabra pese a la verborrea.  Ver el tejido social con la fragilidad de una tela de araña desde nuestra escala. Intentar ser tan preciso que nadie te entienda. No comprender las convenciones. Cultivar saber para recoger olvido. Carecer de convicciones. No posicionarse en ningún bando defectuoso. Asumir que nada merece la pena. Vivir por hacer algo o por no hacer nada. Entrenar la autodefensa. Cerrar los ojos para descansar. Tener ganas de gritar constantemente. Saberse limitado e ínfimo. Estar “por encima” de demasiados y salir perdiendo. Ganar todas las derrotas. Esquivar todos los besos ¿y ahora qué?

viernes, 21 de septiembre de 2012

Pues todo es sueño


Pensar es desconocer que aún dormimos. Pues todo es sueño. Nuestro deambular desorientado y arrastrado de pies, llamadlo vida, transita así los días. Testigo es de la verdad secreta y demudada: El sempiterno rumor que no se halla, aquella voz como un suspiro que clama; “Esto es pasar, no ir haciendo camino, sino ver el ir y venir de las estaciones “. La verdad es sueño, la verdad. Tanto da que pueda hacerse una canción con la verdad, la verdad, que con la mentira, mentira. Tanto da pues tanto es sueño. Acaso pesadilla. Tanto da pues tan poco importa hoy si  se está despierto. Siquiera afligido. Siquiera vivos o muertos. Creer que la vida es todo aquello que creemos que percibimos, tampoco es.  Ni creer  tampoco entonces  que somos conscientes de tan poco, pues ni aún siendo. Y entretanto, durmiendo que no dormidos. Y entre tantos, un concierto de ronquidos, pero ningún acierto. Y así va siendo nuestro sueño, con pequeños sobresaltos que nos hacen parecer despiertos, pero sólo eso. Así los días nuevamente, he de decirlo en ambos sentidos. Nuevamente porque al repetirlo me repito. Nuevamente también porque es toda la humanidad la que no tiene a bien dejar de andar los mismos pasos, ni de dejar de pisar las mismas huellas, - vigilando escrutadores no salirse del cerco-, una y otra vez tercamente constantes como la enfermedad y de nuevo, sempiternamente. Así y con todo somos capaces de soñar el amor, el afecto, la solidaridad, incluso soñamos con colonizar el planeta Marte. Así y con todo somos capaces de escribir “El maestro y Margarita” o “Paisaje con grano de arena”, grabar “El sueño de la razón produce monstruos” o componer “Peer Gynt”. Así y con todo nos salva una vez más lo que se nos escapa y no controlamos. Pues aunque desconocemos que aún dormimos, nos queda la esperanza, como una súplica, que aguarda a que uno de nosotros abra los ojos inevitablemente. Que alzando la mano, descubra, al fin, que el mundo no es lo que nosotros creemos ser tan simplemente. Que ser conscientes, (ojalá se entienda ya que no es fácil), es sencillamente no ser.  Entonces allí, en el abismo, suspendidos en suspense, asidos apenas a una idea, a un rumor desesperado que se aferra, que hace destacar las venas y es testigo de una voz: “Bien, de acuerdo, todo es sueño, pues, si todo es sueño, queda aún pendiente que despierte del sueño profundo en que no vivo”.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Si no.


¿Qué nos queda si no la amistad y el amor? ¿qué más sino aspirar al equilibrio de nuestro círculo, de nuestros vecinos y conciudadanos? Es como barrer la puerta de tu propia casa, tu cachito, ¡ ah, si todos lo hiciéramos al tiempo ! Si acaso arrimáramos el hombro lo suficiente como para sentir como propio el dolor ajeno. Poder oír la queja ajena y rumorosa que se avergüenza de ver la luz, la propia pena desapacible que se enquista, la dolencia sinuosa y tililante que se arrastra y que no deja ni respirar de tanto como acapara, y tan humanamente. El dolor que no deja ver que no estamos solos en el camino, ni tampoco abandonados. La punzada aguda que hurta al descuido la posibilidad  de percibir nítidamente que nuestra suerte pende en vilo, planeando sobre nuestras decisiones, sobre todas aquéllas opciones que llegamos a asumir como actos propios tan torpemente, ¿qué nos queda si no los pactos sociales tras milenios de evolución? ¿qué más si no traer al presente el sentido común esculpido en el muro de la historia y desde el recodo más oscuro de nuestra propia supervivencia como especie ? Acaso no sintiéramos lo mismo con  los mismos estímulos, acaso no deseáramos las mismas cosas ni soñáramos los mismos sueños, acaso no sintiéramos tan intensamente el cálido guantazo del amor con tan poca originalidad desde  el comienzo de nuestro tiempo como especie, como hombres, como los voraces depredadores desconsolados que somos tan tristemente. ¿Qué nos queda si no mirar a los ojos de la muerte y asumir que esto no es sino puro tránsito, que pues estamos de paso, sólo podemos aspirar a dejar en la mejor de las comodidades a todos aquellos que serán nuestros heredados? ¿qué más sino intentar dejar en orden todos nuestros papeles sin causar más molestias que la de tener que recordarnos con amor, lástima, sentimiento de perdida, deuda o gratitud? ¡ ah, si tuviéramos esa suerte de ser conscientes de la propia realidad, haríamos nuestra también la ajena ! ¿Qué nos queda si no?, pues, si no, ¿qué nos queda?

lunes, 10 de septiembre de 2012

Ha llegado el momento



Ha llegado el momento. Han llegado las horas y los días. Tantas noches abiertas y desde luego tantas estrellas. Hoy es el presente incierto que tan mal conjuga y que tanto ha fomentado tristemente el verbo enjugar. Nadie ha sacado un plan, su plan, y lo ha puesto en medio. No podemos saber si nos sumamos o seguimos esperando mientras tanto. El plan existe y lo tenemos cada uno de nosotros, eso está claro, sucede que parece que no lo hemos descubierto aún. La calle se está haciendo la distraída ya por demasiado tiempo y de estación en estación. Todas las ventanas devuelven hoy el reflejo de una imagen solitaria, un malentendido Vermeer deprimente en los minutos en que la esperanza lucha por sobrevivir, nuevamente. Filosofía para niños si acaso sólo es el principio, pues hoy empieza todo. Los sueños tienen que bajar a la tierra y ha de salir la maldad, el mal, de la cabeza del mundo. Hemos recibido demasiadas señales de lo que se nos viene encima. La integridad humana se ha convertido en un cristal roto en las manos de un bebé y se escurre constante por entre las alcantarillas. No es el momento de atrancar las puertas, echar los pestillos, ni de cerrar los candados. Tampoco de esconderse bajo la cama ni bajo las sábanas como niños. No se puede seguir girando la cara, ni agachar la cabeza o retirar la mirada. Hoy es el día en que hemos de mirar a los ojos y debemos cerrar los puños con los dientes apretados. Hoy es el día en que hemos de llorar de pura rabia porque no hay otro camino. Hoy tienen que levantarse barricadas de pensamientos positivos y decididos. La obstinación ha de gritar ningún paso atrás más, porque a nuestra espalda se están ahogando nuestros vecinos. Ningún atropello más porque exigimos estar vivos, porque sólo nosotros somos dueños de nuestro destino. Hoy es el día, hoy, tenéis que asumirlo, pues hoy es el día en que ha de quedar la playa rayada y han de quedar las naves ardiendo.

Mudanza


A veces la vida poco tiene que ver con la cantidad acumulada de decisiones que nos motivan, así, bien  puede suceder que le toque a uno mudarse de casa inesperadamente, aunque esa decisión haya sido querida y meditada tras mucho tiempo y, del mismo modo se haya encontrado uno sin la fuerza suficiente para tomarla a su debido tiempo. El caso es que sucediendo, no queda otra. No se me ocurrirá decir que no es una suerte, aún más para alguien que, como yo, encuentra que la más mínima decisión que le afecta es en sí un problema con demasiadas opciones o soluciones válidas. La vida sin embargo sigue su camino constante ajena a nuestra falta de virtud. Por suerte, he de decir. Es entonces cuando sucede que uno se congracia con lo que no controla, (supongo  que aquí algo tendrá que ver que Sancho, mi perro, ande jugando a mis pies intentando convencerme para seguirle mientras escribo, o que se repita el duelo, una vez más, entre las campanas de Santa María y Santiago y que eso me lleve también a Estambul - ahora que lo pienso-), y que me hace sentir tan bien, tan a gusto, tan cansado por la mudanza, pero tan feliz por los amigos que la han asumido como propia y que también ven en mí el beneficio, quizás, de haber dejado guardados en los otros armarios y altillos una memoria que no puede estar en mejor sitio que donde se queda, atrás, cerrada, dejada para que otros la vivan.  Entiendo, hoy lo sé, que así deberían ser todas nuestras decisiones: la suma concatenada de actos, a veces incontrolados, que nos llevan a estar más cerca de nosotros mismos o de lo que queremos, quizás más cerca de la palabra justo, entendida la justicia como el arte de dar a cada uno o suyo, no podemos sino pretender que, en la medida de lo posible, acumulemos el mayor grado de felicidad, de tranquilidad o de bienestar. Es erróneo pensar en aguantar situaciones porque creemos que es lo que debe ser, porque haya algo por encima de nosotros que nos obliga a actuar en nuestra propia contra. No es justo y no es bueno por lo tanto. Si ya no queréis a vuestra pareja como antes y no tiene solución, liberadla y sed libres, si es el trabajo lo que no os llena, buscad la manera de que sea soportable a cambiadlo por algo más grato. Cambiad si sois vosotros pues siempre se está tiempo. No huyáis, dad la cara, sed justos, es la única manera de que el espejo devuelva una imagen nítida. Mudaos, avanzad, que vuestra vida no sea una suma de intereses ajenos.

jueves, 19 de julio de 2012

Si yo no fuera yo


 Si yo no fuera yo, si tú no fueras tú, si España no fuera España incluso. Si hoy nunca hubiera sido hoy mientras tanto. Si nada entonces supiera la arena de tus pasos, ni la mesilla de noche de tu última lectura. Si las sábanas no hubieran grabado la impronta de tu cuerpo una vez más. Si no hubiera sido tu espalda, ni tu cuello, si tu pecho hubiera sido ignoto e inexplorado, si no hubiera sido mía tu orogénesis, ni mis movimientos o mis besos te hubieran pertenecido. Si entonces el tiempo no hubiera sido sino un pacto ¿qué fue lo que anduvimos haciendo? Si no hubiéramos soñado no tendríamos recuerdos. No nos habríamos tendido en la umbría al fondo de los helechales, donde los abejarucos comienzan de nuevo a girar la rueda de la vida, sin saber que están en Piornal, ni que nosotros, lasos, negaríamos estar allí desde ese momento. Si no hubiéramos paseado no nos habríamos descubierto, ni yo te habría subido la falda, ni tú me habrías retenido tanto tiempo. Si yo no fuera yo ni tú fueras tú, si el sol no nos hubiera acompañado en su descenso, ni la noche hubiera mostrado su deleite. Si Goytisolo no hubiera detenido el tiempo. Si entonces tus manos no hubieran vuelto a hablar por entre los saltos de agua, ni tu boca hubiera abierto la frontera de tu cuerpo. Si entonces hubiera sido nunca. Si sueño hubiera sido vida y nosotros sólo hubiéramos sido nosotros. Si el silencio no hubiera exhibido la prolongada sombra del deseo bajo los robles mucho más allá del gran castaño caído, mientras tu cabello humedecía mis hombros y el futuro no alcanzaba sino hasta la hora de la siesta. Si nunca hubiéramos sido. Si no hubiéramos tenido manos, ni lengua, si no hubiéramos anudado el día ni hablado entonces de música ni de poesía, si no hubiéramos dicho que nos encantaba Hokusai, o Hiroshige, si nada entonces hubiera sido. Si yo no fuera yo, ni tú fueras tú. Si pudiera volver a amasar todo esto que escribo.

lunes, 9 de julio de 2012

“ Tu vida va en ello ”


Tu vida va en ello. Sigue tu camino, no pares. Ve, continúa aún más, no te arrepientas. Mientras no escojamos todo será una posibilidad nuevamente. El tiempo así pesa en plomo lo que la duda no sopesa. Guardados tengo, por ejemplo, como tú,  demasiados abrazos y aún así no me acompañarán en la mudanza. Atrás habré de dejar tanto de todo aquello que fue tanto y que hoy sólo es simplemente aquello. Has de seguir sólo porque todo cambia de forma cual orilla, cual camino nevado en la noche del tiempo en que sólo el caminante hace machadiano camino una vez más y tan acertadamente, así uno esté perdido. No te preocupes, fue San Agustín quien dijo que para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe, pues la vida sólo eres tú, no hay plan mágico, allí donde estés eres la vida y así deberías vivirla, pues tu vida, recuérdalo, siempre va en ello. No importa como lo hagas, si le dices a la amada que la amas y le besas el cuello y le agarras la cintura tiernamente o si simplemente permaneces a su lado en silencio diciéndole así, te quiero, una vez más. No importa como ayudas al amigo si en silencio o con enfrentamiento, no importa si le miras a los ojos y te plantas o si simplemente haces sin que se sepa. No importa como abrazas a tu hermano cuando lo necesita, ni si te haces el distraído intencionadamente con tus propios padres a fin de que nuevamente puedan reprenderte, sentir una vez más que no has volado definitivamente, o siquiera percibir que la vida te ha convertido en un hombre, sí, pero en un hombre de piedra quizás incapaz de volver a ser blando. No te preocupes, si así ha sido, así es, sigue, no pares, ya habrá tiempo de ser polvo. Sigue, no pares, habrás de ponerte hombro con hombro con el amigo, con el amor, con el vecino, con los padres. Habrás de apretar los dientes y seguir avanzando contra el miedo. Sigue, no calles. Sigue, no retrocedas. Sigue, no toleres. Sigue, no te arrepientas. Sigue, no te canses. Sigue, no desfallezcas, no te falles. Sigue, vive, vive hasta que no puedas seguir más.

lunes, 25 de junio de 2012

ARREBATO EN DUELO


Escribir a veces para no abrirle la cabeza a más de uno a mamporros o, para no abrirte las venas, simplemente. Otras,  para insultar a todos los hijos de  puta. Aunque no siempre es así, también me acuerdo ahora de los bastardos y de los cabrones de los últimos tiempos, me suelo recrear con esos imbéciles que pretenden tanto y alcanzan tan poco, que dan la espalda o se bajan los pantalones con la misma facilidad, asquerosos, lameculos de otros siervos, bastardos con esmero, perros de pocos cerdos. Me acuerdo, entrados en el odio, de los codiciosos, de los que ambicionan nadie sabe qué, un protagonismo absurdo, grasiento, patético, dirigir las conductas, hacer sufrir, encontrar deleite al humillar, querer vejar… ¿Y aquellos otros?, los de allí, los oportunistas de siempre, los que nunca se cansan, los que no duermen, los que no respiran conteniendo el aire para pasar inadvertidos, agazapados en la sombra tenebrosa de la falsa apariencia. Idos todos a tomar por culo. Idos. Sí, a la mierda, estoy más que harto, escribir se hace a veces para no partirle la cara a más de uno, o para no quitarte de en medio simplemente. Escribir para fijar el tiempo que se pierde en un tecleo, escribir que es el mismo tiempo que tardamos en contar miles de muertos, o el que gastan demasiadas familias en irse a la ruina. Escribir para decir que la Democracia ha fracasado, que es un hecho. Escribir para pedir el cumplimiento de tanta promesa electoral, o para asegurar que no existe el buen político si se debe a un partido ¿dónde están los cambios que dejaron escritos en aquel montón de cenizas? Escribir para pedir más unidad entre los que estamos sosteniendo esto ¿Cómo pensar en el futuro si mientras no escojamos, todo será una posibilidad, y ésta , hoy más que nunca, está podrida?  Basta, basta ya, ¿acaso hemos de poner la fuerza donde no llega el despropósito de estas palabras, que tras más de tres años utilizo faltando a las formas más elementales? Ya no sé qué más hacer ni cómo llamar vuestra atención ¿os quedaréis en la anécdota de todo lo que en este escrito malhablo, os dejaréis manipular así? Basta, basta ya de todo.



viernes, 8 de junio de 2012

Veris leta facies


              Paseemos por los valles y campos de una habitación forrada de libros multicolores sin ordenar. Caminemos abrazados torpemente por las sendas que no existen mientras el sol sigue su danza testimonial y el suelo está plagado de las hojas aún verdes de poemarios no editados. Gastemos el tiempo que se crea queriendo, yendo de un sitio a otro vagamundos y humildemente ricos. Bañémonos en el mar oceánico de mi bañera mientras no recogemos caracolas ni nos abrasamos por el sol. Viajemos el mundo sin salir de casa y hagamos la ruta de las manos por nuestros cuerpos entregados. Hagamos un intercambio de olor. Amontonemos caricias con forma de castillo de arena sobre la alfombra, sutil edificio que ninguna ola podrá sitiar. Horademos de huellas invisibles el pasillo. Colguemos recuerdos en las paredes y  el techo. Quedémonos en silencio escrutando las horas desnudas. Llenémonos los bolsillos de besos. Salgamos volando por la ventana mientras el violinista de la cara verde improvisa una canción de amor. Seamos eclipse en el eclipse de Venus aunque sólo sea una vez. Celebremos la fiesta del abrazo piel con piel mientras te refugias en mi cuello. Bailemos la danza de los locos entregados, de los propietarios nudistas de islas inexistentes. Hagamos un pacto de Estado que se selle con nuestras lenguas. Seamos alimento para el hambre. Digamos adiós a los pájaros. Démonos calor como excusa en el entretiempo. Anudemos nuestros segundos viendo una película distraídamente amontonados. Ven. Ven volando sin mirar atrás, entra por el balcón dónde ya regados, están los latidos en flor. Ven. Háblame de todo lo que no conozco como si fuera mi vida. Apaga mi sed contra tu cuerpo, toma aquí mis manos, guardemos silencio, nos está mirando de frente la auténtica cara de la primavera.

jueves, 31 de mayo de 2012

“Golpe de calor”


No tengáis miedo, no temáis. La vida no siempre sonríe con la boca torcida. A veces la vida es también la sonrisa franca del amigo, la emoción del hermano o la cálida contemplación de nuestros padres. A veces es también tu sombra la que coge de la mano a otra sombra y la besa y camina de espaldas al sol, y no se estresa y ve, y mira, y encuentra una mirada iluminada y unos pómulos que se elevan y unas comisuras que se tensan, un cuerpo que se ofrece y un tiempo que no se malgasta. Amaos. Sentíos, sed uno. Conversad tranquilos, escuchad con atención, sabed que vosotros sois el otro. La fuerza sempiterna de la evolución está en nosotros. No temáis, no sufráis. El amor está ahí para cogerlo y dice ven, ámame, ven, siéntate a mi lado, ven, forma parte de mi vida, de mi historia así sea en un breve momento. No sufráis, no lloréis. Pues en tanto, se pierde el rastro, el hilo, las pulsaciones del camino. Que las lágrimas sean sólo de alegría, de emoción que apenas sí se contiene ¿no es acaso eso lo que, desnudos, podremos defender ante la muerte? No lloréis, no huyáis. Manteneos firmes y orgullosos, no mováis un pie. Es la única forma que tenemos de no volver a utilizar un espejo. Si sabéis quiénes sois, lo que estáis dispuestos a hacer con la mente libre y el corazón resuelto, con la conciencia tranquila y sabiendo que lo que se hace, se es. Sabiendo que uno es lo que se decide a hacer, sólo podemos hacer bien, pues de lo contrario nos convertiremos en todo aquello que corrompemos. Si un bailarín no es un bailarín cuando no baila, un ladrón lo es mientras roba ¿Qué sois? Pues sed. No huyáis, no olvidéis. Que el tiempo no haya corrido para nada, que las muertes no hayan sido en vano, que los suspiros y el dolor den paso al conocimiento, a la asunción del error, al camino que se veta, a la experiencia que se aprende, a la traba que se supera, al tiempo que no se repite, a lo que ha sido vivido y de lo que nadie puede despojaros. No olvidéis, no desistáis. Sólo nosotros sabemos que todo momento es pasajero, que sólo por eso necesitamos lo mejor, pero lo mejor para todos. Sólo así podemos beneficiar en algo a los herederos encadenados a nuestro tiempo. No desistáis, amad. Exigid estar vivos, el tiempo que sostenemos en las palmas de las manos y que no se retiene. No malgastéis el lapso siendo sometidos. Exigíos. No desistáis, que merezca la pena esto que escribo. Amad, sobre todo amad, sólo por eso ya merece la pena estar vivo.

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Dónde estamos?


Así sin más. Desde estos días horadados. En las ciudades sempiternamente inmóviles. En las voces dentro de demasiadas cabezas. En las horas tristemente corruptas. En las manos llenas de lo ajeno del vecino.  En los corazones no resueltos. En los ánimos enarenados. En las huellas de los pies que se arrastran. En los cercos abandonados de los cadáveres. En la vida que se exhala. En el anhídrido carbónico de todo beso. En las caricias con llagas. En las heridas abiertas  con un bisturí oxidado. En los huesos que el hambre amosca. En los cultivos echados a perder. En todos aquellos negocios de persianas bajadas. En el mundo de las sombras y no de los sueños. En la mentira piadosa que tanto destruye. En el engaño que se alimenta día a día. En la desigualdad que se construye. En los secretos a voces. En la palabra mancillada. En la desesperación de los impagos. En la infidelidad de tantos casados. En la deslealtad de tantos cargos públicos. En el estancamiento como sociedad. En el no futuro por el que tanto se ha trabajado. En la amistad que se traiciona. En el amor que se fuerza. En toda desnudez que se violenta. En la falta de consentimiento. En la palabra asco. En los dioses que tan poco saben de lo humano. En las guerras  que inventamos. En el odio que se cultiva. En la escisión social que siempre ha habido. En el oportunismo de los arrimados. En la falta de moral, de ética. En la ausencia de filósofos. En el exceso de banqueros ávidos. En el egoísmo de los que se imponen. En la envidia que se admira. En la infancia robada. En el engaño sistemático. En la manipulación mediática. En todo aquello que oímos y fingimos no oír. En lo que vemos  y aceptamos aún si no nos gusta. En las mentiras que difundimos. En las mentiras que nos creemos. En el conformismo que siempre dormita. En la lasitud de nuestro desánimo. En la falta de confianza. En la indisponibilidad para el sacrificio común. En la falta de diálogo y de sinceridad. En todas aquellas oportunidades que se han enterrado. En todas aquéllas sonrisas que se ocultan. En tanto como toleramos. ¿Necesitas que pregunte hacia dónde vamos?

viernes, 27 de abril de 2012

Carta abierta


 Estimado Sr./a, me pongo en contacto con usted a través del presente a fin de trasladarle que no quiero seguir viviendo así, con la ventana constantemente abierta al frío, ni con los días de este gris plomizo tan poco favorecer al ánimo. No me parece prudente el abandono que se está dando a nuestros convecinos, ni tampoco la poca educación y cultura que le espera a nuestros hijos. No sé si entiende que el futuro es el resultado total de una suma de presentes, pues el futuro no existe, de hecho ni tan siquiera existe el presente, dicen algunos que al ser presente, en el mismo y preciso instante que sucede, en esa micra de fracción ya es pasado, aunque no quiero distraerle con estas diatribas que me son tan propias y tan ajenas para usted, tan acostumbrado a la materialidad dúctil de lo económicamente práctico. Precisamente por este detalle, por ser usted quien es, por vivir precisamente de sus arriendos, de sus cobros, del seguimiento de sus deudores y del préstamo desorbitado a sus iguales, a sus pares, a los que perdona incluso que le roben, bien debe saber usted, creo, que debe atender a sus inquilinos en sus necesidades más básicas, no digo yo ya comodidades, pues las más de las veces, quien no ha tenido no echa en falta,  pero al menos, ya que va a subir los arriendos quite cargas, responsabilidades, asuma usted algo. Quizás podría permitir más acción a sus inquilinos, a sus ciudadanos, permítales buscarse la vida con ciertos “subarriendos”, olvídese de su perenne fiscalización, levante la mano, de un respiro en estos días con tan poco oxígeno, deje vivir en definitiva, o se expone a  no tener inquilinos a los que seguir sangrando. ¿qué haría usted entonces? ¿cómo sustentaría sus privilegios, cómo pagaría los encuentros con sus amigos? ¿ cómo haría frente a las deudas que usted también tiene? No es sólo que la casa esté cada vez en peor estado, es que aún siendo incómoda va a comenzar a ser incluso fea, por los desconchones, por las reparaciones que usted va a dejar de hacer y encargar. No sé si sabe que por su culpa la luz y el agua son cada vez más caros, el gas no deja de subir, y la calidad de su casa de bajar, ¿ es acaso justo que cada vez se pague más por lo que cada vez es peor? En fin piénselo, aún estamos a tiempo, poco tengo yo que ver con todo esto salvo la creencia de que si nos va bien a todos, viviremos en un mundo mejor. He de dejarle, salud y belleza, H


viernes, 20 de abril de 2012

368


Salir a la calle y ver el cúmulo de caras conocidas con fondo gris. El futuro como preocupación. No saber si se llegará a meta alguna. No saber si luchar simplemente por ser feliz. Ver el amor evaporarse y los amoríos sustentados levemente en el humo azulado que se ha fumado. No tener más que lo que se tiene y contiene en la palabra insuficiente. Ir así entretanto. No sabiendo. El presente acaso demasiado detenido, retenido por indocumentado. Escuchar a los Happy Mondays tras tantos años en que se ha visto tanto y tan diferente. No haber encontrado camino ni rastro alguno siquiera. No. Así no. En los tiempos de la procela es propicio nadar a favor de la corriente, pero ir, poco a poco, nadando hacia la orilla con determinación sin embargo. No es ahora pertinente ni admisible luchar exteriormente con tanto desgaste, sino hacerlo en nuestro interior, en silencio, reservando, asumiendo qué o qué no es tolerable o intolerable para nosotros, esperar, aguardar a que sea necesario romper la resistencia. Gastar el tiempo que se respira en aspiraciones alcanzables y satisfactorias no puede ser sino la mejor decisión para estos días en que se instala el mismo rasero de injusta contrición en cada una de nuestras casas. Llevaba 209 palabras para decir que no se agarra lo que no se alcanza indubitadamente. Como todo aquello que pueda ser expresado, verbalizado, comunicado, ha de tenerse por relativo, poned en justo término lo que digo. La calle sigue ahí sin embargo, pensad en eso, gris o no, el tiempo hará que todo pase una vez más nuevamente.  Esto es ser humano. La suma constante de números equivocados en un péndulo, pero también un vector de superación constante. ¿Cómo no aspirar a más con tanto lastre y tanto don como hemos heredado? Acaso nadie espere ya nada de nadie, acaso seamos un especie sin perdón. Quizás hemos perdido el nombre de gente, quizás no somos ya capaces de vernos. Recapacito o no. Una vez más la calle que mi ventana enmarca me muestra el pulso decidido de la hormiga y yo, desde mi nido suave de libros sólo puedo pensar que sólo soy todo aquello que veo como vivido.

miércoles, 4 de abril de 2012

403

Escribir a veces es hacerlo a voces, toda vez que uno siente que lo hace desesperadamente a solas, como cuando habla a su propio silencio o a sus ecos metálicos y desérticos. Es lamentablemente así, pues esta página leve nada devuelve por mucho que uno se esfuerce en comunicar, en poner en común, en mostrar abriendo las manos, la conciencia o las propias dudas irresueltas. Wittgenstein decía que un problema que no tiene solución no es un problema sino un misterio. Las últimas palabras de Goethe en su lecho de muerte fueron: “luz, luz…más luz”. Así nosotros nada vemos desde el fondo de la caverna Platónica sempiterna, pues ya ni reflejos nos llegan manipulados por nuestros propios sentidos vagos. Hoy tanto da que un árbol kantiano suene o no, al caer desde donde nadie pueda oírlo humanamente. Tan poco importan hoy las ideas que permean. Hoy tampoco. Hoy así. Estoy tan acostumbrado a hablar solo, que no espero que alguien me conteste ninguna vez. Lo que no digo es que me gustaría ese viaje de vuelta de mis propias ideas porque quizás exijan de mí demasiado tiempo y eso es algo que casi nunca tengo, así sea sólo un concepto inventado, una convención egoísta, egotista, manifiesta.  Por contradictorio siempre espero que alguien me diga algo más aparte de “te leo”, “no te entiendo” o “me gusta”, sencillamente porque uno descubre lo que piensa más ciertamente al trasladarlo entre meditabundo y confiado, al oírse, al explicar lo que le ronda, lo que siente, lo que  padece, todo aquello, en definitiva, que da contenido a la palabra hesitar.  Digo esto porque asumo como cierto que nos necesitamos, que nos construimos y completamos en los otros, en los otros-otros que definitivamente somos, pues todo aquello que hacemos a uno de nosotros, nos lo hacemos a todos. Por eso no entiendo este presente, ni entiendo gran parte de la palabra ni del concepto humano. Por eso cada vez intento saber más y sin embargo sé menos, así sea tan poco original, pues pretender contradice la afirmación: “yo tengo”.  Quizás porque Yo es enemigo de Tú, de Nosotros. Quizás porque quizás es lo único cierto, así tan sólo sean palabras que se vierten desde el desconcierto de ser, o de sentirse ser, no siendo. Inextricable no es esto que has estado leyendo, sino que eres tú, que también soy yo, que somos lamentablemente todos, pues así estamos siendo.

martes, 13 de marzo de 2012

Somos


Somos todos los años que hemos ido venciendo, todo aquello que hemos apresado en nosotros haciéndolo carne, recuerdos. La totalidad de la colección incompleta de jirones de vida que creemos que atesoramos con sumo cuidado y quizás incluso aquilatando en exceso su valor o importancia en el tiempo, así luego no seamos siquiera capaces de salvar el seguro contra niños de un simple enchufe, ni forzar a la primera la apertura de un tarro diminuto de trufas o de champiñones en conserva. Así y todo nos creemos “algo” como denominador común e incómodo en nuestra humanidad y no se me ocurre una manera mejor de ser tan inconscientes ni tan estúpidos, tan pretenciosos ni tan absurdamente soberbios, tan pagados de nosotros mismos, tan faltos de miras, sobre todo porque en el día en que los árboles florecen cual interruptor fotosensible, todo sigue exactamente igual que desde el principio de los tiempos, ya que somos aquellos animales que colonizamos y parasitamos la tierra y que, a falta hoy de un mejor huésped, nos estamos dedicando a colonizarnos y parasitarnos a nosotros mismos. Aunque somos los que inventamos la palabra genocidio, opresión, maltrato, pese a que también inventamos las palabras solidaridad, amor o amigo. Sobreabundamos en nuestras miserias frágiles y en nuestra inconsistente humanidad, naufragamos sin barco, comemos sin hambre, hacemos daño sin ser necesario y, desde luego, acaparamos mucho más de lo que necesitamos. Somos los que hemos construido las catedrales altivas hacia el cielo, los mismos que hemos hecho panal en los cementerios, somos los mejores representantes en la tierra de la muerte, la fábula de un código genético decrépito y decadente.  Somos un bolsillo lleno de arena, pan duro relleno de una lata caducada de sardinas sin abrir, somos las caries y la presbicia, la descalcificación constante de un cuerpo cierto, somos los inventores de la ciencia y de la superstición, los creadores de una conciencia que no nos llevará ciertamente muy lejos. Somos malos y somos buenos. Somos pura y simple filosofía contradictoria, un axioma inválido pues se rebate, el defecto de forma de la creación, pues tanto remamos en contra. Somos  voz, pero también palabra silenciada, somos carne pero también concepto, somos beso y puñetazo, sempiternamente tuertos. Somos el odio que heredamos, la estupidez congénita que no evoluciona, mutantes con quince millones de años desperdiciados. Somos la totalidad de siglos que hemos ido traicionando. Somos el veneno de cualquier otra especie. Somos hombres y ciertamente muy poco humanos. Somos rastros con rostro, el sucio reflejo en el espejo de nuestro origen. Somos tú y somos yo. Somos.

viernes, 2 de marzo de 2012

Acaso sí


Las horas tardías que a nadie retrasan. Ver alejarse el mundo por un retrovisor tembloroso. Ponerse nervioso antes las propias obligaciones. Soñar con su cuerpo tibio y desconocido, decirle bella, mesarle el cabello. Recibir a extraños conocidos. Vivir conviviendo con el olvido. Pasear como si fueran a amputarte las piernas. Alojar a conocidos extraños. Pensar en un futuro posible. Quedar con el ánimo al descubierto. Ver cerrarse una herida en los giros diarios de un reloj de cuerda. Sudar hasta perder el olor. Comer con los amigos. Ir andando en el día de los recados. Saludar con la mano.  Comer sin hambre. Beber vino. Quedarte dormido en el sofá como cada noche. Ver la tele sin ver nada. Hablar entre dientes lo que se piensa. Recorrer el pasillo de puntillas. Esforzarse sin límite. Abrir las ventanas al frío. Entrar y salir mil veces por los olvidos. Recoger lo que se te ha caído. Estar en mil cosas. Decir hola, adiós, ¿cómo te va? Dejar la radio  encendida. Leer las esquelas y el horóscopo. Apreciar el diseño del bote de champú mientras defecas. Pasear en bicicleta de madrugada. Ir al campo a dar gritos y a mirar a lo lejos. Sestear en la parte de atrás de un viaje. Perder la mañana en la consulta del médico. Llamar a los amigos. Gastar la tarde mirando libros. Subir una montaña en chanclas. Mirar de reojo a quien te mira de lejos esperando ser sorprendida. Sonreír a quien quiere saber de ti. Consultar el I-Ching. Ocultar el deseo cuando ella te aborda. Dejarse querer a veces. Correr sin tener prisa.  Hacerse el distraído. Esconderse dentro de un libro. Tener caliente la oreja por culpa del móvil. Jugar al Pádel o al Frontenis.  Curiosear en la página de la Perrera Municipal. Sentarse a escribir y fumar puritos. Ver anuncios de coches. Leer revistas de pesca. Practicar Tae Kwon Do. Quedar con los amigos y hacer planes. Organizar el próximo viaje. La totalidad de las semanas en que sólo malduermes y trabajas. Ser custodiado por una montaña de papeles. Acosar a un cisne con un kayak para fotografiar su aleteo. Hacer la compra en Mercadona de memoria. Quedarse mirando el suelo desenfocado. Apretar los dientes. Podar con miedo los bonsáis. Coser lo descosido. Que se te abisme el pecho de madrugada. Equivocarse, errar. Perder el hilo. Ser querido y requerido. Caer enfermo, haberse herido. ¿ No es acaso esto poder decir que respiro?

viernes, 24 de febrero de 2012

Soliloquio de la mañana extinguida


En la calle la gente habla de las nuevas políticas y no todos se sienten acogidos económica y socialmente. Esto es así, porque sucede que la gente no entiende qué sustenta la realidad política de nuestros días, que si el liberalismo es más que una superestructura justificativa del capitalismo, si tiene valores políticos que trascienden las circunstancias históricas de su origen y las particularidades socioeconómicas con que se encarnó históricamente, ocurre, sencillamente, porque es básicamente una postura ética de naturaleza predominantemente formal. Un sistema ordenado de derechos y de instituciones políticas congruentes con ellos, que tiene además carácter universal, pero que por lo mismo elude contenidos sustanciales precisos, esto es desde luego lo que no contemplan las voces de la calle. Ni el conjunto de derechos, ni la democracia como forma de gobierno y de organización de la comunidad,( aquí el Catedrático de Filosofía Política Fernando Quesada Castro diría que ésta ha fracasado), presuponen formas de vida, concepciones de la felicidad individual, ideas trascendentes o siquiera formas precisas de organización económico-sociales. Constituyen, a lo sumo, un conjunto estructurado de bienes y valores, individuales y sociales, de carácter muy abstracto, que no prejuzgan sobre la forma concreta de alcanzarlos, ni rehúsan los más diversos modos de cumplimentarlos. Tampoco en lo referente a lo individual, porque la felicidad es tarea de cada cual, ni en lo atinente a la sociedad, a lo social, en tanto sigue siendo una pregunta sin respuesta unánime, y que es el modo de organización económica concreta que mejor se compadece con la justicia y la libertad de los ciudadanos. Sin que ni siquiera sea claro si, dentro de las imprescindibles, ¿imprescindibles?, estructuras democráticas, existe una organización social compatible con todas y cada una de las culturas y sus pueblos. El liberalismo, como filosofía práctica, constituye pues, en su esencia, una concepción ética predominantemente formal, cuyo objeto es la política y no una doctrina sustancial en el sentido de indicar cómo deben organizarse las diferentes sociedades en sus aspectos institucionales. Tampoco le compete evaluar sus posibles conformaciones económicas, así a veces aparezcan tan próximos. Y ni siquiera es de su competencia cómo se administra o se limita socialmente el derecho de propiedad. Aunque, irónicamente, en tanto requiere la democracia como sustento político, a la vez que impone el respeto irrestricto a los derechos individuales, supone límites específicos con respecto a los diversos modos en que las sociedades pueden institucionalizarse. Sin embargo, pues es así, se aleja de cierta justicia social a fin de que predomine, por puro desinterés, la ley de la selva. Así que ahora, sepan las calles que estamos donde estamos, como estamos y que, desde luego, aún nos quedan por delante años.

viernes, 17 de febrero de 2012

“La Ética no es una vecina del barrio”


La Ética al igual que las costumbres ha dependido de la época, del lugar y de la forma de pensar, en una estrecha relación con el marco filosófico correspondiente. Cuando la finalidad de la vida era el cielo, la enfermedad no era otra cosa más que uno de los tantos avatares por los que el ser humano debía sufrir en su paso por este mundo terrenal para purificarse y adquirir la perfección. Entonces el médico estaba obligado a ver a la enfermedad como el sacrificio que todo lo purifica y lo perfecciona. Cuando la concepción mecanicista del momento histórico postulaba que el ser humano era como una máquina formada por un conjunto de aparatos, la enfermedad era la consecuencia de la avería de dicha máquina. Aquí el médico se veía obligado a reparar la pieza causante de la avería.
Hoy está muy claro que la profesión médica, como ciencia y como arte, es esencialmente humanista. El actuar médico es más amplio. El ser humano no está solo ni aislado. El médico está obligado a comprender a  ese individuo junto con su historia personal y la de sus circunstancias familiares, sociales, económicas y medioambientales. Nosotros no estamos menos obligados a extraer de la pulsión social y socializadora, la afinidad social.
A los fines de la ética se impone la necesidad de definir lo bueno y lo malo. Pero es necesario saber que estas definiciones sólo adquieren sentido cuando son referidas a la dimensión social. Lo bueno logra su sentido ético cuando responde a la pregunta "para qué" es bueno. Así entonces, lo ético se refiere a un comportamiento que sólo adquiere sentido ético cuando recae en un individuo o un conjunto de individuos en su inserción social. Es ético cuando sirve a la convivencia, pues la sociedad cumple la función de un espejo - el espejo social - que como una antena parabólica refleja sobre el mismo individuo la responsabilidad de su comportamiento.
                El rodeo dado vadea las orillas del reproche que siento hacia vosotros conciudadanos, pues desencantado, no sé cómo más puedo decirlo, ni a qué esperáis para recuperar parte de la armonía social que algún día tuvimos así fuera sólo como objetivo, como requisito sine die de mejores presentes como presente. Sabed que los hombres somos lo que hacemos. Decidme ¿qué estáis haciendo? Dejad de pensar en qué van a hacer por vosotros los de arriba, empezad a pesar qué vais a hacer vosotros.

viernes, 10 de febrero de 2012

Por “Una jaula fue en busca de un ave”

A menudo releo obras que atesoro con gran satisfacción y con un pequeño punto de avaricia. Me tranquiliza saber que están ahí “a la mano”, al modo en que marcamos el teléfono del amigo y éste se presenta ipso facto, sin siquiera querer saber cuál ha sido el motivo de tan abrupto requerimiento. Es tranquilizador y, quizás esto no sólo se deba al olor a infancia, concentración, humo, polvo y vida que ha de tener toda buena biblioteca, sino que, estando ahí toda esa información, toda esa experiencia adquirida y vivida, de repente uno se siente con más armas, más argumentos, o al menos con la seguridad que da la posibilidad de poder refugiarte o defenderte si es el caso. También es inevitable pasar por el tamiz, por el ojo lúcido de tantas mentes preclaras si lo prefieren, de las referencias literarias o  académicas de todo aquello que se ha leído o aprehendido finalmente con la decisión del sacrificio que tan bien alimenta la curiosidad. Es así como en estos días me ha venido a la mente Luces de Bohemia, la magistral obra de Valle-Inclán, con su descripción trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en un país deforme, injusto y opresivo, tan actual hoy día no sólo por el asesinato judicial del Juez Baltasar Garzón, sino también por una España desgarrada, cruel e indolente que bien cabe en las dimensiones del poema “Españahogándose” del no menos genial y admirado, Blas de Otero. De alguna manera infausta uno es lo que lee y aproxima, pues así ha ido, y va, orientado el propio pensamiento una vez asumidas las condiciones de la inabarcabilidad de la totalidad del pensamiento humano. No podemos, por menos, sino tomar partido como mejor manera de hacer una primera selección de toda aquella parte del conocimiento al que nunca llegaremos sin más criterio, al modo en que en un viaje decidimos renunciar a saber que se esconde tras un valle abigarrado de terrazas en pleno Andes, o qué, tras un esquina, en el calmado abarrotamiento de Estambul, por ejemplo. Leer o viajar no hacen sino dotarnos de perspectiva, así yo hoy, sólo puedo ver a Kafka como un escritor costumbrista si fuera español y por no citar nuevamente “el esperpento”. Es de Kafka uno de los aforismos que me han vuelto a salir al encuentro en estos días,( y que ya un día utilicé en una  exposición por la lucidez y plasticidad de la visión que plasma), que recojo de una maravillosa compilación bajo el título “Aforismos de Zürau” y que os traigo para que entendáis cómo veo hoy, como traduzco, lo que hoy siento. Dice así: “Una jaula fue en busca de un ave”