Dejar
tendidos los pensamientos en la orilla, y colgando el pudor de una rama doblada
por el peso. Romper la estabilidad de la propia tibieza entrando en el agua
agarrado de una mano que te aferra como acto reflejo y a la pata coja. Deslumbrase
por los ataques del sol punzantes a través del oleaje que discurre. Bañarse así
en el río de la vida a la espera de que alguien decida robar la ropa o la
tranquilidad. Asumir que siempre hay alguien agazapado y al acecho, entretanto,
entre tantos. Bucear con urgencia hasta los guijarros del fondo y ver sus pies
y su cuerpo desnudo, en suspenso, por entre los peces y la vegetación. Intentar hundirla jocosamente desde tu propio
hundimiento y sólo conseguir tragar agua con sabor a verde cieno. Asumir que
todo eso ha podido ser vida pero ya sólo eso. Huir del tiempo así de
despreocupado y por todo lo que el recuerdo, la memoria, retroalimenta con
tanto engaño o ilusión. Regresar por tanto a las mismas tardes de siempre y
retomar la construcción de la soledad donde la dejaste. Volver al laberinto sin
madeja y sin memoria. Reescribir en letras doradas que somos la constatación
evidente de que no hay vida inteligente en la totalidad del universo y para que
no se olvide. Poner lavadoras y limpiar la casa, sacar al perro e ir al trabajo
sin embargo. Efectivamente, elegir la ropa o asear el aspecto como un autómata
duplicado. Guardar también en un cajón los propios sueños para atesorarlos
tristemente. Ir y venir como el agua de
una clepsidra sometida y convencionalmente. Intentar quebrar, vaciar de contenido, la palabra axioma. Echar constantemente en
falta lo que no se ha tenido aún inexplicablemente mientras el perro ronca a
tus pies. Pensar, sopesar, reflexionar,
arrodillarse siempre ante un bando, pues es lo que acabamos haciendo. Ser una
pompa de jabón entre alfileres. Un nudo que nada ata. Un hilo frágil pendiendo
de un hilo. El vacío que llena nada. La vida es todo aquello que tenemos detrás
al mirarnos en un espejo solamente.
viernes, 2 de noviembre de 2012
viernes, 26 de octubre de 2012
Qué lástima
Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga
que lo que está pasando en estos días inciertos, él ya lo ha vivido, como
efectivamente sí hacen otros. He reflexionado sobre lo que está pasando y veo
demasiado talento acumulado en una generación,( sí, sabedlo, pues no todos han
de ser “ninis”, ni mucho menos), y que se ven forzados a emigrar: Echados,
expulsados tácita y firmemente. ¿en qué momento ha dejado el Estado de procurar
y mirar por sus ciudadanos? Y sobre todo, ¿qué va a pasar en este país con el
vacío de una generación talentosa, formada y preparada? ¿no les recuerda a
otros momentos de nuestra historia en que se gritaban consignas del estilo:
“muerte a los intelectuales” y que éstos, efectivamente acabaran emigrando o
alimentando exilio huyendo así de la muerte? ¿saben ustedes el gran beneficio
que hicieron éstos intelectuales en Iberoamérica, por ejemplo? ¿lo que
aportaron en sus universidades y ámbitos culturales y que nosotros perdimos
entonces con tanto perjuicio? ¿qué va a pasar, no se lo han preguntado? ¿son
capaces de imaginar que todos aquellos emigrados acabarán generando el
suficiente desarrollo y tejido con su esfuerzo en sus países de recepción y que
aquí sólo nos quedará esperar a que regresen aquellos nostálgicos, pues no lo harán todos, (¿quién quiere estar donde no
le quieren?), con el poco dinero que hayan acumulado en demasiados años de
estrechez y privaciones? ¿qué sucederá entonces? ¿volverán, con ese dinero, una
generación después a comprar pisos y a especular, haciendo nacer una nueva
burbuja inmobiliaria? ¿sufrirán nuestros nietos nuevamente lo que hoy sufrimos?
¿es ese el perfil de nuestra rueda de la fortuna, es acaso plausible todo esto
que digo? Qué lástima que yo no tenga hoy un abuelo que me diga cariñoso,-
“Hernán, no es este el camino, sé cómo acabarán devorándose entre sí, cómo
acabará destruyéndose lo construído, cómo acabará todo en un siglo de retraso”-.
viernes, 19 de octubre de 2012
Si
Si la Filosofía anegara las
calles, si la Poesía sobrevolara las cornisas y las cubiertas, si subiera hasta
donde las nubes huelen a humo de avión y el cielo raya el desequilibrio de
tantos viajes. Si viviera Anaxágoras, Parménides o Protágoras. Si Diógenes nos
hallara a plena luz del día, si el mismo Sócrates no hubiera bebido nada en
aquella hora cierta en que apenas sí alcanzó a aprender una pequeña melodía que
ya sería eterna, si ese día siguiera siendo hoy. Si en lugar de guerras hubiera
justas literarias, batallones de poetas blandiendo plumas, sonetos y cuadernos.
Si en lugar de todo hubiera nada. Una nada primigenia virgen de toda mano o
molde. Si pudiera moldearse una nueva amalgama sin alquimia. Si pudiera
escribirse nuevamente la palabra hombre, como cuando volvemos amar después de
todo, así sólo sea un paréntesis nuevamente. Si se pudiera recuperar la pureza
que alguna vez nos mantuvo unidos. Si acaso Platón no hubiera hablado de la
caverna y pudiéramos ver todos al mismo tiempo, llegando al mismo conocimiento.
Si acaso no hicieran falta las palabras, ni siquiera el más mínimo gesto. Si
Wittgenstein aún fuera tocado por estas mañana de octubre en su cabaña o no, si
también lo hiciera Adorno desde la solidez de sus convicciones, cuántos
conflictos entonces no habrían desarrollado su calvario, cuántos profetas no
habrían encontrado el camino de regreso afortunadamente por entre el desierto;
cuántos burócratas perderían todo reconocimiento y cuánto banquero no iría
preso. Si Nietzsche viviera estaríamos todos suspensos. Si cualquier poeta aun
viviera arraigado en nosotros, diríamos entonces amor, vida, caricia, tristeza
que recompensa, diríamos esto no puede estar sucediendo y anunciaríamos un
mundo nuevo. Si todo esto pudiera estar sucediendo al mismo tiempo. Si fuera
posible que sucediera. Si acaso yo no fuera tan idiota e ingenuo.
lunes, 15 de octubre de 2012
S/T
Hundir las manos
en la tierra y coleccionar el silencio. Quedarte mirando al vacío. No coger el
teléfono, desde luego. Hacerse el sordo. Leer como refugio al medio. Caminar
con prisa y decir sólo, adiós, hasta luego. Llevar encendido constantemente el
Ipod y las gafas de sol puestas. Tumbarte paralelo a suelo y techo. No confiar
en que nada mejore. No depositar tus esperanzas en nadie. No creer en nada que
no pueda ser. No querer nada que no se pueda tener. Ser tu propio refugio. Cultivar hacendoso la
soledad. Pintar lo que no será mostrado. Escribir lo que no será leido.
Estudiar todo aquello a lo que no se dará uso. Solucionar lo ajeno sin más.
Escuchar al otro con ajenidad. No mirar el reloj pues no importa. Rascarse la
cabeza. Pensar haciadentrado. Mirar permanentemente al vacío. Quedarse a
oscuras. Limpiar tu sitio. Evitar toda interacción. Ser escrupuloso. Ver más
que otros y que no tenga sentido. Salir y entrar vagamundo. Estar siempre de
paso. No permanecer demasiado tiempo. No querer ir nunca más allá. No tomar
decisiones que hipotequen un futuro que no existe. Ser esquivo. Ser críptico.
Ser ininteligible. Amar. Amar como sólo ama quien no se pronuncia. Ver el error ajeno y hacer que no
importe. Llegar a conclusiones que
solucionan problemas y dejarlas que se evaporen. Sonreír a la nada. Hablar
solo. Sentir tu propia diferencia como
una frontera encadenada a una pared. Disfrazarse de persona. Leer los
periódicos y ver siempre la misma noticia. Descubrir lecturas maravillosas que
se perderán entre otras tantas. Olvidar. No soñar, sino tener visiones,
pesadillas. No poder comunicar el filo preciso de una palabra pese a la
verborrea. Ver el tejido social con la
fragilidad de una tela de araña desde nuestra escala. Intentar ser tan preciso
que nadie te entienda. No comprender las convenciones. Cultivar saber para
recoger olvido. Carecer de convicciones. No posicionarse en ningún bando
defectuoso. Asumir que nada merece la pena. Vivir por hacer algo o por no hacer
nada. Entrenar la autodefensa. Cerrar los ojos para descansar. Tener ganas de
gritar constantemente. Saberse limitado e ínfimo. Estar “por encima” de
demasiados y salir perdiendo. Ganar todas las derrotas. Esquivar todos los
besos ¿y ahora qué?
viernes, 21 de septiembre de 2012
Pues todo es sueño
Pensar es desconocer que aún dormimos. Pues todo es
sueño. Nuestro deambular desorientado y arrastrado de pies, llamadlo vida,
transita así los días. Testigo es de la verdad secreta y demudada: El
sempiterno rumor que no se halla, aquella voz como un suspiro que clama; “Esto
es pasar, no ir haciendo camino, sino ver el ir y venir de las estaciones “. La
verdad es sueño, la verdad. Tanto da que pueda hacerse una canción con la
verdad, la verdad, que con la mentira, mentira. Tanto da pues tanto es sueño. Acaso
pesadilla. Tanto da pues tan poco importa hoy si se está despierto. Siquiera afligido.
Siquiera vivos o muertos. Creer que la vida es todo aquello que creemos que
percibimos, tampoco es. Ni creer tampoco entonces que somos conscientes de tan poco, pues ni
aún siendo. Y entretanto, durmiendo que no dormidos. Y entre tantos, un
concierto de ronquidos, pero ningún acierto. Y así va siendo nuestro sueño, con
pequeños sobresaltos que nos hacen parecer despiertos, pero sólo eso. Así los
días nuevamente, he de decirlo en ambos sentidos. Nuevamente porque al
repetirlo me repito. Nuevamente también porque es toda la humanidad la que no
tiene a bien dejar de andar los mismos pasos, ni de dejar de pisar las mismas
huellas, - vigilando escrutadores no salirse del cerco-, una y otra vez
tercamente constantes como la enfermedad y de nuevo, sempiternamente. Así y con
todo somos capaces de soñar el amor, el afecto, la solidaridad, incluso soñamos
con colonizar el planeta Marte. Así y con todo somos capaces de escribir “El
maestro y Margarita” o “Paisaje con grano de arena”, grabar “El sueño de la
razón produce monstruos” o componer “Peer Gynt”. Así y con todo nos salva una
vez más lo que se nos escapa y no controlamos. Pues aunque desconocemos que aún
dormimos, nos queda la esperanza, como una súplica, que aguarda a que uno de
nosotros abra los ojos inevitablemente. Que alzando la mano, descubra, al fin,
que el mundo no es lo que nosotros creemos ser tan simplemente. Que ser
conscientes, (ojalá se entienda ya que no es fácil), es sencillamente no ser. Entonces allí, en el abismo, suspendidos en
suspense, asidos apenas a una idea, a un rumor desesperado que se aferra, que
hace destacar las venas y es testigo de una voz: “Bien, de acuerdo, todo es
sueño, pues, si todo es sueño, queda aún pendiente que despierte del sueño
profundo en que no vivo”.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Si no.
¿Qué
nos queda si no la amistad y el amor? ¿qué más sino aspirar al equilibrio de
nuestro círculo, de nuestros vecinos y conciudadanos? Es como barrer la puerta
de tu propia casa, tu cachito, ¡ ah, si todos lo hiciéramos al tiempo ! Si
acaso arrimáramos el hombro lo suficiente como para sentir como propio el dolor
ajeno. Poder oír la queja ajena y rumorosa que se avergüenza de ver la luz, la propia
pena desapacible que se enquista, la dolencia sinuosa y tililante que se
arrastra y que no deja ni respirar de tanto como acapara, y tan humanamente. El
dolor que no deja ver que no estamos solos en el camino, ni tampoco
abandonados. La punzada aguda que hurta al descuido la posibilidad de percibir nítidamente que nuestra suerte
pende en vilo, planeando sobre nuestras decisiones, sobre todas aquéllas
opciones que llegamos a asumir como actos propios tan torpemente, ¿qué nos
queda si no los pactos sociales tras milenios de evolución? ¿qué más si no
traer al presente el sentido común esculpido en el muro de la historia y desde
el recodo más oscuro de nuestra propia supervivencia como especie ? Acaso no
sintiéramos lo mismo con los mismos
estímulos, acaso no deseáramos las mismas cosas ni soñáramos los mismos sueños,
acaso no sintiéramos tan intensamente el cálido guantazo del amor con tan poca
originalidad desde el comienzo de
nuestro tiempo como especie, como hombres, como los voraces depredadores
desconsolados que somos tan tristemente. ¿Qué nos queda si no mirar a los ojos
de la muerte y asumir que esto no es sino puro tránsito, que pues estamos de
paso, sólo podemos aspirar a dejar en la mejor de las comodidades a todos
aquellos que serán nuestros heredados? ¿qué más sino intentar dejar en orden
todos nuestros papeles sin causar más molestias que la de tener que recordarnos
con amor, lástima, sentimiento de perdida, deuda o gratitud? ¡ ah, si
tuviéramos esa suerte de ser conscientes de la propia realidad, haríamos
nuestra también la ajena ! ¿Qué nos queda si no?, pues, si no, ¿qué nos queda?
lunes, 10 de septiembre de 2012
Ha llegado el momento
Ha
llegado el momento. Han llegado las horas y los días. Tantas noches abiertas y
desde luego tantas estrellas. Hoy es el presente incierto que tan mal conjuga y
que tanto ha fomentado tristemente el verbo enjugar. Nadie ha sacado un plan,
su plan, y lo ha puesto en medio. No podemos saber si nos sumamos o seguimos
esperando mientras tanto. El plan existe y lo tenemos cada uno de nosotros, eso
está claro, sucede que parece que no lo hemos descubierto aún. La calle se está
haciendo la distraída ya por demasiado tiempo y de estación en estación. Todas
las ventanas devuelven hoy el reflejo de una imagen solitaria, un malentendido Vermeer
deprimente en los minutos en que la esperanza lucha por sobrevivir, nuevamente.
Filosofía para niños si acaso sólo es el principio, pues hoy empieza todo. Los
sueños tienen que bajar a la tierra y ha de salir la maldad, el mal, de la
cabeza del mundo. Hemos recibido demasiadas señales de lo que se nos viene
encima. La integridad humana se ha convertido en un cristal roto en las manos
de un bebé y se escurre constante por entre las alcantarillas. No es el momento
de atrancar las puertas, echar los pestillos, ni de cerrar los candados. Tampoco
de esconderse bajo la cama ni bajo las sábanas como niños. No se puede seguir
girando la cara, ni agachar la cabeza o retirar la mirada. Hoy es el día en que
hemos de mirar a los ojos y debemos cerrar los puños con los dientes apretados.
Hoy es el día en que hemos de llorar de pura rabia porque no hay otro camino.
Hoy tienen que levantarse barricadas de pensamientos positivos y decididos. La
obstinación ha de gritar ningún paso atrás más, porque a nuestra espalda se
están ahogando nuestros vecinos. Ningún atropello más porque exigimos estar
vivos, porque sólo nosotros somos dueños de nuestro destino. Hoy es el día,
hoy, tenéis que asumirlo, pues hoy es el día en que ha de quedar la playa
rayada y han de quedar las naves ardiendo.
Mudanza
A veces la vida poco tiene que
ver con la cantidad acumulada de decisiones que nos motivan, así, bien puede suceder que le toque a uno mudarse de
casa inesperadamente, aunque esa decisión haya sido querida y meditada tras
mucho tiempo y, del mismo modo se haya encontrado uno sin la fuerza suficiente
para tomarla a su debido tiempo. El caso es que sucediendo, no queda otra. No
se me ocurrirá decir que no es una suerte, aún más para alguien que, como yo,
encuentra que la más mínima decisión que le afecta es en sí un problema con
demasiadas opciones o soluciones válidas. La vida sin embargo sigue su camino
constante ajena a nuestra falta de virtud. Por suerte, he de decir. Es entonces
cuando sucede que uno se congracia con lo que no controla, (supongo que aquí algo tendrá que ver que Sancho, mi
perro, ande jugando a mis pies intentando convencerme para seguirle mientras
escribo, o que se repita el duelo, una vez más, entre las campanas de Santa
María y Santiago y que eso me lleve también a Estambul - ahora que lo pienso-),
y que me hace sentir tan bien, tan a gusto, tan cansado por la mudanza, pero
tan feliz por los amigos que la han asumido como propia y que también ven en mí
el beneficio, quizás, de haber dejado guardados en los otros armarios y
altillos una memoria que no puede estar en mejor sitio que donde se queda,
atrás, cerrada, dejada para que otros la vivan.
Entiendo, hoy lo sé, que así deberían ser todas nuestras decisiones: la
suma concatenada de actos, a veces incontrolados, que nos llevan a estar más
cerca de nosotros mismos o de lo que queremos, quizás más cerca de la palabra
justo, entendida la justicia como el arte de dar a cada uno o suyo, no podemos
sino pretender que, en la medida de lo posible, acumulemos el mayor grado de
felicidad, de tranquilidad o de bienestar. Es erróneo pensar en aguantar
situaciones porque creemos que es lo que debe ser, porque haya algo por encima
de nosotros que nos obliga a actuar en nuestra propia contra. No es justo y no
es bueno por lo tanto. Si ya no queréis a vuestra pareja como antes y no tiene
solución, liberadla y sed libres, si es el trabajo lo que no os llena, buscad
la manera de que sea soportable a cambiadlo por algo más grato. Cambiad si sois
vosotros pues siempre se está tiempo. No huyáis, dad la cara, sed justos, es la
única manera de que el espejo devuelva una imagen nítida. Mudaos, avanzad, que
vuestra vida no sea una suma de intereses ajenos.
jueves, 19 de julio de 2012
Si yo no fuera yo
Si yo no fuera yo, si tú no fueras tú, si España no fuera España incluso. Si hoy nunca hubiera sido hoy mientras tanto. Si nada entonces supiera la arena de tus pasos, ni la mesilla de noche de tu última lectura. Si las sábanas no hubieran grabado la impronta de tu cuerpo una vez más. Si no hubiera sido tu espalda, ni tu cuello, si tu pecho hubiera sido ignoto e inexplorado, si no hubiera sido mía tu orogénesis, ni mis movimientos o mis besos te hubieran pertenecido. Si entonces el tiempo no hubiera sido sino un pacto ¿qué fue lo que anduvimos haciendo? Si no hubiéramos soñado no tendríamos recuerdos. No nos habríamos tendido en la umbría al fondo de los helechales, donde los abejarucos comienzan de nuevo a girar la rueda de la vida, sin saber que están en Piornal, ni que nosotros, lasos, negaríamos estar allí desde ese momento. Si no hubiéramos paseado no nos habríamos descubierto, ni yo te habría subido la falda, ni tú me habrías retenido tanto tiempo. Si yo no fuera yo ni tú fueras tú, si el sol no nos hubiera acompañado en su descenso, ni la noche hubiera mostrado su deleite. Si Goytisolo no hubiera detenido el tiempo. Si entonces tus manos no hubieran vuelto a hablar por entre los saltos de agua, ni tu boca hubiera abierto la frontera de tu cuerpo. Si entonces hubiera sido nunca. Si sueño hubiera sido vida y nosotros sólo hubiéramos sido nosotros. Si el silencio no hubiera exhibido la prolongada sombra del deseo bajo los robles mucho más allá del gran castaño caído, mientras tu cabello humedecía mis hombros y el futuro no alcanzaba sino hasta la hora de la siesta. Si nunca hubiéramos sido. Si no hubiéramos tenido manos, ni lengua, si no hubiéramos anudado el día ni hablado entonces de música ni de poesía, si no hubiéramos dicho que nos encantaba Hokusai, o Hiroshige, si nada entonces hubiera sido. Si yo no fuera yo, ni tú fueras tú. Si pudiera volver a amasar todo esto que escribo.
lunes, 9 de julio de 2012
“ Tu vida va en ello ”
Tu
vida va en ello. Sigue tu camino, no pares. Ve, continúa aún más, no te
arrepientas. Mientras no escojamos todo será una posibilidad nuevamente. El
tiempo así pesa en plomo lo que la duda no sopesa. Guardados tengo, por
ejemplo, como tú, demasiados abrazos y
aún así no me acompañarán en la mudanza. Atrás habré de dejar tanto de todo
aquello que fue tanto y que hoy sólo es simplemente aquello. Has de seguir sólo
porque todo cambia de forma cual orilla, cual camino nevado en la noche del
tiempo en que sólo el caminante hace machadiano camino una vez más y tan
acertadamente, así uno esté perdido. No te preocupes, fue San Agustín quien
dijo que para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe, pues la
vida sólo eres tú, no hay plan mágico, allí donde estés eres la vida y así
deberías vivirla, pues tu vida, recuérdalo, siempre va en ello. No importa como
lo hagas, si le dices a la amada que la amas y le besas el cuello y le agarras
la cintura tiernamente o si simplemente permaneces a su lado en silencio
diciéndole así, te quiero, una vez más. No importa como ayudas al amigo si en
silencio o con enfrentamiento, no importa si le miras a los ojos y te plantas o
si simplemente haces sin que se sepa. No importa como abrazas a tu hermano
cuando lo necesita, ni si te haces el distraído intencionadamente con tus
propios padres a fin de que nuevamente puedan reprenderte, sentir una vez más
que no has volado definitivamente, o siquiera percibir que la vida te ha
convertido en un hombre, sí, pero en un hombre de piedra quizás incapaz de
volver a ser blando. No te preocupes, si así ha sido, así es, sigue, no pares,
ya habrá tiempo de ser polvo. Sigue, no pares, habrás de ponerte hombro con hombro
con el amigo, con el amor, con el vecino, con los padres. Habrás de apretar los
dientes y seguir avanzando contra el miedo. Sigue, no calles. Sigue, no
retrocedas. Sigue, no toleres. Sigue, no te arrepientas. Sigue, no te canses.
Sigue, no desfallezcas, no te falles. Sigue, vive, vive hasta que no puedas
seguir más.
lunes, 25 de junio de 2012
ARREBATO EN DUELO
Escribir a veces para no abrirle
la cabeza a más de uno a mamporros o, para no abrirte las venas, simplemente.
Otras, para insultar a todos los hijos
de puta. Aunque no siempre es así,
también me acuerdo ahora de los bastardos y de los cabrones de los últimos
tiempos, me suelo recrear con esos imbéciles que pretenden tanto y alcanzan tan
poco, que dan la espalda o se bajan los pantalones con la misma facilidad,
asquerosos, lameculos de otros siervos, bastardos con esmero, perros de pocos
cerdos. Me acuerdo, entrados en el odio, de los codiciosos, de los que
ambicionan nadie sabe qué, un protagonismo absurdo, grasiento, patético,
dirigir las conductas, hacer sufrir, encontrar deleite al humillar, querer
vejar… ¿Y aquellos otros?, los de allí, los oportunistas de siempre, los que
nunca se cansan, los que no duermen, los que no respiran conteniendo el aire
para pasar inadvertidos, agazapados en la sombra tenebrosa de la falsa
apariencia. Idos todos a tomar por culo. Idos. Sí, a la mierda, estoy más que
harto, escribir se hace a veces para no partirle la cara a más de uno, o para
no quitarte de en medio simplemente. Escribir para fijar el tiempo que se
pierde en un tecleo, escribir que es el mismo tiempo que tardamos en contar
miles de muertos, o el que gastan demasiadas familias en irse a la ruina.
Escribir para decir que la
Democracia ha fracasado, que es un hecho. Escribir para pedir
el cumplimiento de tanta promesa electoral, o para asegurar que no existe el
buen político si se debe a un partido ¿dónde están los cambios que dejaron
escritos en aquel montón de cenizas? Escribir para pedir más unidad entre los
que estamos sosteniendo esto ¿Cómo pensar en el futuro si
mientras no escojamos, todo será una posibilidad, y ésta , hoy más que nunca,
está podrida? Basta, basta ya, ¿acaso
hemos de poner la fuerza donde no llega el despropósito de estas palabras, que
tras más de tres años utilizo faltando a las formas más elementales? Ya no sé
qué más hacer ni cómo llamar vuestra atención ¿os quedaréis en la anécdota de
todo lo que en este escrito malhablo, os dejaréis manipular así? Basta, basta
ya de todo.
viernes, 8 de junio de 2012
Veris leta facies
Paseemos por los valles y campos de
una habitación forrada de libros multicolores sin ordenar. Caminemos abrazados
torpemente por las sendas que no existen mientras el sol sigue su danza
testimonial y el suelo está plagado de las hojas aún verdes de poemarios no
editados. Gastemos el tiempo que se crea queriendo, yendo de un sitio a otro
vagamundos y humildemente ricos. Bañémonos en el mar oceánico de mi bañera
mientras no recogemos caracolas ni nos abrasamos por el sol. Viajemos el mundo
sin salir de casa y hagamos la ruta de las manos por nuestros cuerpos
entregados. Hagamos un intercambio de olor. Amontonemos caricias con forma de
castillo de arena sobre la alfombra, sutil edificio que ninguna ola podrá
sitiar. Horademos de huellas invisibles el pasillo. Colguemos recuerdos en las
paredes y el techo. Quedémonos en
silencio escrutando las horas desnudas. Llenémonos los bolsillos de besos.
Salgamos volando por la ventana mientras el violinista de la cara verde
improvisa una canción de amor. Seamos eclipse en el eclipse de Venus aunque
sólo sea una vez. Celebremos la fiesta del abrazo piel con piel mientras te
refugias en mi cuello. Bailemos la danza de los locos entregados, de los
propietarios nudistas de islas inexistentes. Hagamos un pacto de Estado que se
selle con nuestras lenguas. Seamos alimento para el hambre. Digamos adiós a los
pájaros. Démonos calor como excusa en el entretiempo. Anudemos nuestros
segundos viendo una película distraídamente amontonados. Ven. Ven volando sin mirar
atrás, entra por el balcón dónde ya regados, están los latidos en flor. Ven. Háblame
de todo lo que no conozco como si fuera mi vida. Apaga mi sed contra tu cuerpo,
toma aquí mis manos, guardemos silencio, nos está mirando de frente la
auténtica cara de la primavera.
jueves, 31 de mayo de 2012
“Golpe de calor”
No tengáis miedo, no temáis. La vida no siempre sonríe con la boca torcida. A
veces la vida es también la sonrisa franca del amigo, la emoción del hermano o
la cálida contemplación de nuestros padres. A veces es también tu sombra la que
coge de la mano a otra sombra y la besa y camina de espaldas al sol, y no se
estresa y ve, y mira, y encuentra una mirada iluminada y unos pómulos que se
elevan y unas comisuras que se tensan, un cuerpo que se ofrece y un tiempo que
no se malgasta. Amaos. Sentíos, sed uno. Conversad tranquilos, escuchad con
atención, sabed que vosotros sois el otro. La fuerza sempiterna de la evolución
está en nosotros. No temáis, no sufráis.
El amor está ahí para cogerlo y dice ven, ámame, ven, siéntate a mi lado, ven,
forma parte de mi vida, de mi historia así sea en un breve momento. No sufráis, no lloréis. Pues en tanto,
se pierde el rastro, el hilo, las pulsaciones del camino. Que las lágrimas sean
sólo de alegría, de emoción que apenas sí se contiene ¿no es acaso eso lo que,
desnudos, podremos defender ante la muerte?
No lloréis, no huyáis. Manteneos firmes y orgullosos, no mováis un pie. Es
la única forma que tenemos de no volver a utilizar un espejo. Si sabéis quiénes
sois, lo que estáis dispuestos a hacer con la mente libre y el corazón
resuelto, con la conciencia tranquila y sabiendo que lo que se hace, se es.
Sabiendo que uno es lo que se decide a hacer, sólo podemos hacer bien, pues de
lo contrario nos convertiremos en todo aquello que corrompemos. Si un bailarín no
es un bailarín cuando no baila, un ladrón lo es mientras roba ¿Qué sois? Pues
sed. No huyáis, no olvidéis. Que el
tiempo no haya corrido para nada, que las muertes no hayan sido en vano, que
los suspiros y el dolor den paso al conocimiento, a la asunción del error, al
camino que se veta, a la experiencia que se aprende, a la traba que se supera,
al tiempo que no se repite, a lo que ha sido vivido y de lo que nadie puede
despojaros. No olvidéis, no desistáis. Sólo
nosotros sabemos que todo momento es pasajero, que sólo por eso necesitamos lo
mejor, pero lo mejor para todos. Sólo así podemos beneficiar en algo a los
herederos encadenados a nuestro tiempo. No
desistáis, amad. Exigid estar vivos, el tiempo que sostenemos en las palmas
de las manos y que no se retiene. No malgastéis el lapso siendo sometidos.
Exigíos. No desistáis, que merezca la pena esto que escribo. Amad, sobre todo
amad, sólo por eso ya merece la pena estar vivo.
viernes, 11 de mayo de 2012
¿Dónde estamos?
Así sin más. Desde estos días horadados. En las
ciudades sempiternamente inmóviles. En las voces dentro de demasiadas cabezas.
En las horas tristemente corruptas. En las manos llenas de lo ajeno del
vecino. En los corazones no resueltos.
En los ánimos enarenados. En las huellas de los pies que se arrastran. En los
cercos abandonados de los cadáveres. En la vida que se exhala. En el anhídrido
carbónico de todo beso. En las caricias con llagas. En las heridas
abiertas con un bisturí oxidado. En los
huesos que el hambre amosca. En los cultivos echados a perder. En todos
aquellos negocios de persianas bajadas. En el mundo de las sombras y no de los
sueños. En la mentira piadosa que tanto destruye. En el engaño que se alimenta
día a día. En la desigualdad que se construye. En los secretos a voces. En la
palabra mancillada. En la desesperación de los impagos. En la infidelidad de
tantos casados. En la deslealtad de tantos cargos públicos. En el estancamiento
como sociedad. En el no futuro por el que tanto se ha trabajado. En la amistad
que se traiciona. En el amor que se fuerza. En toda desnudez que se violenta.
En la falta de consentimiento. En la palabra asco. En los dioses que tan poco
saben de lo humano. En las guerras que
inventamos. En el odio que se cultiva. En la escisión social que siempre ha
habido. En el oportunismo de los arrimados. En la falta de moral, de ética. En
la ausencia de filósofos. En el exceso de banqueros ávidos. En el egoísmo de
los que se imponen. En la envidia que se admira. En la infancia robada. En el
engaño sistemático. En la manipulación mediática. En todo aquello que oímos y
fingimos no oír. En lo que vemos y
aceptamos aún si no nos gusta. En las mentiras que difundimos. En las mentiras
que nos creemos. En el conformismo que siempre dormita. En la lasitud de
nuestro desánimo. En la falta de confianza. En la indisponibilidad para el
sacrificio común. En la falta de diálogo y de sinceridad. En todas aquellas
oportunidades que se han enterrado. En todas aquéllas sonrisas que se ocultan.
En tanto como toleramos. ¿Necesitas que pregunte hacia dónde vamos?
viernes, 27 de abril de 2012
Carta abierta
Estimado Sr./a, me pongo en contacto con usted a
través del presente a fin de trasladarle que no quiero seguir viviendo así, con
la ventana constantemente abierta al frío, ni con los días de este gris plomizo
tan poco favorecer al ánimo. No me parece prudente el abandono que se está
dando a nuestros convecinos, ni tampoco la poca educación y cultura que le
espera a nuestros hijos. No sé si entiende que el futuro es el resultado total
de una suma de presentes, pues el futuro no existe, de hecho ni tan siquiera
existe el presente, dicen algunos que al ser presente, en el mismo y preciso
instante que sucede, en esa micra de fracción ya es pasado, aunque no quiero
distraerle con estas diatribas que me son tan propias y tan ajenas para usted,
tan acostumbrado a la materialidad dúctil de lo económicamente práctico.
Precisamente por este detalle, por ser usted quien es, por vivir precisamente
de sus arriendos, de sus cobros, del seguimiento de sus deudores y del préstamo
desorbitado a sus iguales, a sus pares, a los que perdona incluso que le roben,
bien debe saber usted, creo, que debe atender a sus inquilinos en sus
necesidades más básicas, no digo yo ya comodidades, pues las más de las veces,
quien no ha tenido no echa en falta, pero al menos, ya que va a subir los arriendos
quite cargas, responsabilidades, asuma usted algo. Quizás podría permitir más
acción a sus inquilinos, a sus ciudadanos, permítales buscarse la vida con
ciertos “subarriendos”, olvídese de su perenne fiscalización, levante la mano,
de un respiro en estos días con tan poco oxígeno, deje vivir en definitiva, o
se expone a no tener inquilinos a los
que seguir sangrando. ¿qué haría usted entonces? ¿cómo sustentaría sus
privilegios, cómo pagaría los encuentros con sus amigos? ¿ cómo haría frente a
las deudas que usted también tiene? No es sólo que la casa esté cada vez en
peor estado, es que aún siendo incómoda va a comenzar a ser incluso fea, por
los desconchones, por las reparaciones que usted va a dejar de hacer y
encargar. No sé si sabe que por su culpa la luz y el agua son cada vez más
caros, el gas no deja de subir, y la calidad de su casa de bajar, ¿ es acaso
justo que cada vez se pague más por lo que cada vez es peor? En fin piénselo,
aún estamos a tiempo, poco tengo yo que ver con todo esto salvo la creencia de
que si nos va bien a todos, viviremos en un mundo mejor. He de dejarle, salud y
belleza, H
viernes, 20 de abril de 2012
368
Salir
a la calle y ver el cúmulo de caras conocidas con fondo gris. El futuro como
preocupación. No saber si se llegará a meta alguna. No saber si luchar
simplemente por ser feliz. Ver el amor evaporarse y los amoríos sustentados
levemente en el humo azulado que se ha fumado. No tener más que lo que se tiene
y contiene en la palabra insuficiente. Ir así entretanto. No sabiendo. El
presente acaso demasiado detenido, retenido por indocumentado. Escuchar a los Happy Mondays tras tantos años en que se
ha visto tanto y tan diferente. No haber encontrado camino ni rastro alguno
siquiera. No. Así no. En los tiempos de la procela es propicio nadar a favor de
la corriente, pero ir, poco a poco, nadando hacia la orilla con determinación
sin embargo. No es ahora pertinente ni admisible luchar exteriormente con tanto
desgaste, sino hacerlo en nuestro interior, en silencio, reservando, asumiendo
qué o qué no es tolerable o intolerable para nosotros, esperar, aguardar a que
sea necesario romper la resistencia. Gastar el tiempo que se respira en
aspiraciones alcanzables y satisfactorias no puede ser sino la mejor decisión
para estos días en que se instala el mismo rasero de injusta contrición en cada
una de nuestras casas. Llevaba 209 palabras para decir que no se agarra lo que
no se alcanza indubitadamente. Como todo aquello que pueda ser expresado,
verbalizado, comunicado, ha de tenerse por relativo, poned en justo término lo
que digo. La calle sigue ahí sin embargo, pensad en eso, gris o no, el tiempo
hará que todo pase una vez más nuevamente. Esto es ser humano. La suma constante de
números equivocados en un péndulo, pero también un vector de superación
constante. ¿Cómo no aspirar a más con tanto lastre y tanto don como hemos
heredado? Acaso nadie espere ya nada de nadie, acaso seamos un especie sin
perdón. Quizás hemos perdido el nombre de gente, quizás no somos ya capaces de
vernos. Recapacito o no. Una vez más la calle que mi ventana enmarca me muestra
el pulso decidido de la hormiga y yo, desde mi nido suave de libros sólo puedo
pensar que sólo soy todo aquello que veo como vivido.
miércoles, 4 de abril de 2012
403
Escribir a veces es hacerlo a voces, toda vez que uno siente que lo hace desesperadamente a solas, como cuando habla a su propio silencio o a sus ecos metálicos y desérticos. Es lamentablemente así, pues esta página leve nada devuelve por mucho que uno se esfuerce en comunicar, en poner en común, en mostrar abriendo las manos, la conciencia o las propias dudas irresueltas. Wittgenstein decía que un problema que no tiene solución no es un problema sino un misterio. Las últimas palabras de Goethe en su lecho de muerte fueron: “luz, luz…más luz”. Así nosotros nada vemos desde el fondo de la caverna Platónica sempiterna, pues ya ni reflejos nos llegan manipulados por nuestros propios sentidos vagos. Hoy tanto da que un árbol kantiano suene o no, al caer desde donde nadie pueda oírlo humanamente. Tan poco importan hoy las ideas que permean. Hoy tampoco. Hoy así. Estoy tan acostumbrado a hablar solo, que no espero que alguien me conteste ninguna vez. Lo que no digo es que me gustaría ese viaje de vuelta de mis propias ideas porque quizás exijan de mí demasiado tiempo y eso es algo que casi nunca tengo, así sea sólo un concepto inventado, una convención egoísta, egotista, manifiesta. Por contradictorio siempre espero que alguien me diga algo más aparte de “te leo”, “no te entiendo” o “me gusta”, sencillamente porque uno descubre lo que piensa más ciertamente al trasladarlo entre meditabundo y confiado, al oírse, al explicar lo que le ronda, lo que siente, lo que padece, todo aquello, en definitiva, que da contenido a la palabra hesitar. Digo esto porque asumo como cierto que nos necesitamos, que nos construimos y completamos en los otros, en los otros-otros que definitivamente somos, pues todo aquello que hacemos a uno de nosotros, nos lo hacemos a todos. Por eso no entiendo este presente, ni entiendo gran parte de la palabra ni del concepto humano. Por eso cada vez intento saber más y sin embargo sé menos, así sea tan poco original, pues pretender contradice la afirmación: “yo tengo”. Quizás porque Yo es enemigo de Tú, de Nosotros. Quizás porque quizás es lo único cierto, así tan sólo sean palabras que se vierten desde el desconcierto de ser, o de sentirse ser, no siendo. Inextricable no es esto que has estado leyendo, sino que eres tú, que también soy yo, que somos lamentablemente todos, pues así estamos siendo.
martes, 13 de marzo de 2012
Somos
Somos todos los años que hemos ido venciendo, todo aquello que hemos apresado en nosotros haciéndolo carne, recuerdos. La totalidad de la colección incompleta de jirones de vida que creemos que atesoramos con sumo cuidado y quizás incluso aquilatando en exceso su valor o importancia en el tiempo, así luego no seamos siquiera capaces de salvar el seguro contra niños de un simple enchufe, ni forzar a la primera la apertura de un tarro diminuto de trufas o de champiñones en conserva. Así y todo nos creemos “algo” como denominador común e incómodo en nuestra humanidad y no se me ocurre una manera mejor de ser tan inconscientes ni tan estúpidos, tan pretenciosos ni tan absurdamente soberbios, tan pagados de nosotros mismos, tan faltos de miras, sobre todo porque en el día en que los árboles florecen cual interruptor fotosensible, todo sigue exactamente igual que desde el principio de los tiempos, ya que somos aquellos animales que colonizamos y parasitamos la tierra y que, a falta hoy de un mejor huésped, nos estamos dedicando a colonizarnos y parasitarnos a nosotros mismos. Aunque somos los que inventamos la palabra genocidio, opresión, maltrato, pese a que también inventamos las palabras solidaridad, amor o amigo. Sobreabundamos en nuestras miserias frágiles y en nuestra inconsistente humanidad, naufragamos sin barco, comemos sin hambre, hacemos daño sin ser necesario y, desde luego, acaparamos mucho más de lo que necesitamos. Somos los que hemos construido las catedrales altivas hacia el cielo, los mismos que hemos hecho panal en los cementerios, somos los mejores representantes en la tierra de la muerte, la fábula de un código genético decrépito y decadente. Somos un bolsillo lleno de arena, pan duro relleno de una lata caducada de sardinas sin abrir, somos las caries y la presbicia, la descalcificación constante de un cuerpo cierto, somos los inventores de la ciencia y de la superstición, los creadores de una conciencia que no nos llevará ciertamente muy lejos. Somos malos y somos buenos. Somos pura y simple filosofía contradictoria, un axioma inválido pues se rebate, el defecto de forma de la creación, pues tanto remamos en contra. Somos voz, pero también palabra silenciada, somos carne pero también concepto, somos beso y puñetazo, sempiternamente tuertos. Somos el odio que heredamos, la estupidez congénita que no evoluciona, mutantes con quince millones de años desperdiciados. Somos la totalidad de siglos que hemos ido traicionando. Somos el veneno de cualquier otra especie. Somos hombres y ciertamente muy poco humanos. Somos rastros con rostro, el sucio reflejo en el espejo de nuestro origen. Somos tú y somos yo. Somos.
viernes, 2 de marzo de 2012
Acaso sí
Las horas tardías que a nadie retrasan. Ver alejarse el mundo por un retrovisor tembloroso. Ponerse nervioso antes las propias obligaciones. Soñar con su cuerpo tibio y desconocido, decirle bella, mesarle el cabello. Recibir a extraños conocidos. Vivir conviviendo con el olvido. Pasear como si fueran a amputarte las piernas. Alojar a conocidos extraños. Pensar en un futuro posible. Quedar con el ánimo al descubierto. Ver cerrarse una herida en los giros diarios de un reloj de cuerda. Sudar hasta perder el olor. Comer con los amigos. Ir andando en el día de los recados. Saludar con la mano. Comer sin hambre. Beber vino. Quedarte dormido en el sofá como cada noche. Ver la tele sin ver nada. Hablar entre dientes lo que se piensa. Recorrer el pasillo de puntillas. Esforzarse sin límite. Abrir las ventanas al frío. Entrar y salir mil veces por los olvidos. Recoger lo que se te ha caído. Estar en mil cosas. Decir hola, adiós, ¿cómo te va? Dejar la radio encendida. Leer las esquelas y el horóscopo. Apreciar el diseño del bote de champú mientras defecas. Pasear en bicicleta de madrugada. Ir al campo a dar gritos y a mirar a lo lejos. Sestear en la parte de atrás de un viaje. Perder la mañana en la consulta del médico. Llamar a los amigos. Gastar la tarde mirando libros. Subir una montaña en chanclas. Mirar de reojo a quien te mira de lejos esperando ser sorprendida. Sonreír a quien quiere saber de ti. Consultar el I-Ching. Ocultar el deseo cuando ella te aborda. Dejarse querer a veces. Correr sin tener prisa. Hacerse el distraído. Esconderse dentro de un libro. Tener caliente la oreja por culpa del móvil. Jugar al Pádel o al Frontenis. Curiosear en la página de la Perrera Municipal. Sentarse a escribir y fumar puritos. Ver anuncios de coches. Leer revistas de pesca. Practicar Tae Kwon Do. Quedar con los amigos y hacer planes. Organizar el próximo viaje. La totalidad de las semanas en que sólo malduermes y trabajas. Ser custodiado por una montaña de papeles. Acosar a un cisne con un kayak para fotografiar su aleteo. Hacer la compra en Mercadona de memoria. Quedarse mirando el suelo desenfocado. Apretar los dientes. Podar con miedo los bonsáis. Coser lo descosido. Que se te abisme el pecho de madrugada. Equivocarse, errar. Perder el hilo. Ser querido y requerido. Caer enfermo, haberse herido. ¿ No es acaso esto poder decir que respiro?
viernes, 24 de febrero de 2012
Soliloquio de la mañana extinguida
En la calle la gente habla de las nuevas políticas y no todos se sienten acogidos económica y socialmente. Esto es así, porque sucede que la gente no entiende qué sustenta la realidad política de nuestros días, que si el liberalismo es más que una superestructura justificativa del capitalismo, si tiene valores políticos que trascienden las circunstancias históricas de su origen y las particularidades socioeconómicas con que se encarnó históricamente, ocurre, sencillamente, porque es básicamente una postura ética de naturaleza predominantemente formal. Un sistema ordenado de derechos y de instituciones políticas congruentes con ellos, que tiene además carácter universal, pero que por lo mismo elude contenidos sustanciales precisos, esto es desde luego lo que no contemplan las voces de la calle. Ni el conjunto de derechos, ni la democracia como forma de gobierno y de organización de la comunidad,( aquí el Catedrático de Filosofía Política Fernando Quesada Castro diría que ésta ha fracasado), presuponen formas de vida, concepciones de la felicidad individual, ideas trascendentes o siquiera formas precisas de organización económico-sociales. Constituyen, a lo sumo, un conjunto estructurado de bienes y valores, individuales y sociales, de carácter muy abstracto, que no prejuzgan sobre la forma concreta de alcanzarlos, ni rehúsan los más diversos modos de cumplimentarlos. Tampoco en lo referente a lo individual, porque la felicidad es tarea de cada cual, ni en lo atinente a la sociedad, a lo social, en tanto sigue siendo una pregunta sin respuesta unánime, y que es el modo de organización económica concreta que mejor se compadece con la justicia y la libertad de los ciudadanos. Sin que ni siquiera sea claro si, dentro de las imprescindibles, ¿imprescindibles?, estructuras democráticas, existe una organización social compatible con todas y cada una de las culturas y sus pueblos. El liberalismo, como filosofía práctica, constituye pues, en su esencia, una concepción ética predominantemente formal, cuyo objeto es la política y no una doctrina sustancial en el sentido de indicar cómo deben organizarse las diferentes sociedades en sus aspectos institucionales. Tampoco le compete evaluar sus posibles conformaciones económicas, así a veces aparezcan tan próximos. Y ni siquiera es de su competencia cómo se administra o se limita socialmente el derecho de propiedad. Aunque, irónicamente, en tanto requiere la democracia como sustento político, a la vez que impone el respeto irrestricto a los derechos individuales, supone límites específicos con respecto a los diversos modos en que las sociedades pueden institucionalizarse. Sin embargo, pues es así, se aleja de cierta justicia social a fin de que predomine, por puro desinterés, la ley de la selva. Así que ahora, sepan las calles que estamos donde estamos, como estamos y que, desde luego, aún nos quedan por delante años.
viernes, 17 de febrero de 2012
“La Ética no es una vecina del barrio”
La Ética al igual que las costumbres ha dependido de la época, del lugar y de la forma de pensar, en una estrecha relación con el marco filosófico correspondiente. Cuando la finalidad de la vida era el cielo, la enfermedad no era otra cosa más que uno de los tantos avatares por los que el ser humano debía sufrir en su paso por este mundo terrenal para purificarse y adquirir la perfección. Entonces el médico estaba obligado a ver a la enfermedad como el sacrificio que todo lo purifica y lo perfecciona. Cuando la concepción mecanicista del momento histórico postulaba que el ser humano era como una máquina formada por un conjunto de aparatos, la enfermedad era la consecuencia de la avería de dicha máquina. Aquí el médico se veía obligado a reparar la pieza causante de la avería.
Hoy está muy claro que la profesión médica, como ciencia y como arte, es esencialmente humanista. El actuar médico es más amplio. El ser humano no está solo ni aislado. El médico está obligado a comprender a ese individuo junto con su historia personal y la de sus circunstancias familiares, sociales, económicas y medioambientales. Nosotros no estamos menos obligados a extraer de la pulsión social y socializadora, la afinidad social.
A los fines de la ética se impone la necesidad de definir lo bueno y lo malo. Pero es necesario saber que estas definiciones sólo adquieren sentido cuando son referidas a la dimensión social. Lo bueno logra su sentido ético cuando responde a la pregunta "para qué" es bueno. Así entonces, lo ético se refiere a un comportamiento que sólo adquiere sentido ético cuando recae en un individuo o un conjunto de individuos en su inserción social. Es ético cuando sirve a la convivencia, pues la sociedad cumple la función de un espejo - el espejo social - que como una antena parabólica refleja sobre el mismo individuo la responsabilidad de su comportamiento.
El rodeo dado vadea las orillas del reproche que siento hacia vosotros conciudadanos, pues desencantado, no sé cómo más puedo decirlo, ni a qué esperáis para recuperar parte de la armonía social que algún día tuvimos así fuera sólo como objetivo, como requisito sine die de mejores presentes como presente. Sabed que los hombres somos lo que hacemos. Decidme ¿qué estáis haciendo? Dejad de pensar en qué van a hacer por vosotros los de arriba, empezad a pesar qué vais a hacer vosotros.
viernes, 10 de febrero de 2012
Por “Una jaula fue en busca de un ave”
A menudo releo obras que atesoro con gran satisfacción y con un pequeño punto de avaricia. Me tranquiliza saber que están ahí “a la mano”, al modo en que marcamos el teléfono del amigo y éste se presenta ipso facto, sin siquiera querer saber cuál ha sido el motivo de tan abrupto requerimiento. Es tranquilizador y, quizás esto no sólo se deba al olor a infancia, concentración, humo, polvo y vida que ha de tener toda buena biblioteca, sino que, estando ahí toda esa información, toda esa experiencia adquirida y vivida, de repente uno se siente con más armas, más argumentos, o al menos con la seguridad que da la posibilidad de poder refugiarte o defenderte si es el caso. También es inevitable pasar por el tamiz, por el ojo lúcido de tantas mentes preclaras si lo prefieren, de las referencias literarias o académicas de todo aquello que se ha leído o aprehendido finalmente con la decisión del sacrificio que tan bien alimenta la curiosidad. Es así como en estos días me ha venido a la mente Luces de Bohemia, la magistral obra de Valle-Inclán, con su descripción trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en un país deforme, injusto y opresivo, tan actual hoy día no sólo por el asesinato judicial del Juez Baltasar Garzón, sino también por una España desgarrada, cruel e indolente que bien cabe en las dimensiones del poema “Españahogándose” del no menos genial y admirado, Blas de Otero. De alguna manera infausta uno es lo que lee y aproxima, pues así ha ido, y va, orientado el propio pensamiento una vez asumidas las condiciones de la inabarcabilidad de la totalidad del pensamiento humano. No podemos, por menos, sino tomar partido como mejor manera de hacer una primera selección de toda aquella parte del conocimiento al que nunca llegaremos sin más criterio, al modo en que en un viaje decidimos renunciar a saber que se esconde tras un valle abigarrado de terrazas en pleno Andes, o qué, tras un esquina, en el calmado abarrotamiento de Estambul, por ejemplo. Leer o viajar no hacen sino dotarnos de perspectiva, así yo hoy, sólo puedo ver a Kafka como un escritor costumbrista si fuera español y por no citar nuevamente “el esperpento”. Es de Kafka uno de los aforismos que me han vuelto a salir al encuentro en estos días,( y que ya un día utilicé en una exposición por la lucidez y plasticidad de la visión que plasma), que recojo de una maravillosa compilación bajo el título “Aforismos de Zürau” y que os traigo para que entendáis cómo veo hoy, como traduzco, lo que hoy siento. Dice así: “Una jaula fue en busca de un ave”
viernes, 20 de enero de 2012
Texto con las palmas hacia arriba
No hay nada de particular, es sólo que me acostumbré a zafarme de cualquier abrazo que no inicio. Que pongo muecas al recibir un beso. Que me azoran las muestras de cariño, pues me hacen sentir fuera de contexto. No digo que no me guste, sino que en mí, es un acto reflejo. Incontrolable. No sé si sea “el otro”, o quizás sólo se trate de que yo acumulo demasiadas incertidumbres y que sopeso y juzgo cualquier certeza. Es por eso que cultivo en gran parte de mis días la soledad o la distancia, que estoy sí, pero siempre a más de una legua así se me pueda agarrar del brazo, que mi proximidad puede ser manifiesta, pero no siempre puede afirmarse que sea cierta. A veces simplemente no estoy, a veces sólo soy un autómata que anda de espaldas a todo, haciendo y deshaciendo en el interior. No me preguntéis por qué, pues ni yo mismo lo sé, ni siquiera alcanzo a anticiparme y sólo puedo descubrirme hilvanando un pensamiento tras otro, otras veces simplemente recogiendo la madeja hilada. Un amigo afirma que se me nota en los ojos, que estoy y luego de repente me he ido, que se puede percibir como sigo los engranajes o calculo los infinitos con obstinada e ineludible persistencia, que retomo conversaciones que ya han sido para puntualizar o ampliar algún sentido, para relacionarlo de improviso con los temas más distantes, así mi interlocutor haya ya pasado página o haya construido olvido. No hay nada de particular, lo he dicho, es sólo que pienso en todo sin saber distinguir muy bien los distintos grados que puede tener un pensamiento. Tanto valen para mi las reflexiones que sobre la luz me asaltan cuando presencio un giro de sol sin desconcierto, que el tener que hablar o percibir otros sentimientos sin ser capaz muy bien de conectar con ellos. No es la luz ni es el amor. No hay reo. Soy así, lo sé, lo siento.
viernes, 13 de enero de 2012
NADA
Estoy demasiado cerca de los días como para verlos con perspectiva manifiesta. Ni aún paseando minutos por meses acumulo rédito suficiente ni distancia, así me deje acompañar por los peatones verdes y rojos de los semáforos en su enfrentamiento lógico y sempiterno, entre el duelo bilocado que el trayecto raya como una playa peinada de oleajes. Se me acumulan las horas en el alfiletero claveteado de segunderos. No hilvano el viento cuando me atraviesa respaldado de sol. No alcanzo a retener los pensamientos que se evaporan de mi cuerpo como aquél que pierde calor tras correr desnudo por entre la nieve huyendo del sudor. Así y todo persisto en la inconsistencia del tiempo congelado en una foto o en un vaso, pasado que no enfría ningún refresco sin embargo, ni acompañan bien tanto que no recuerdo. (Besos inseguros, furiosos, que perdieron su sabor de caribe y malecón, por ejemplo). Guardo arrugados en un bolsillo únicamente, una reflexión incompleta, un dibujo inacabado y una piedrecita apenas con forma de estrella de mar. Recabo entretanto los pasos que me llevan por las conclusiones que saco a contratiempo. La luz motivada a motas, como la lluvia, por el paseo de la enramada del parque de cualquier ciudad, de cualquier país, de cualquier mundo y de cualquier tiempo que se vagamundea meditabundo. El invierno que no arrostra el dolor ajeno. No hay viandante bueno en los días en que tanta desdicha abunda, como malo sería un asolado que, placa triste a placa rota, desola. Mal pueden darse así los pasos que la visión vislumbra, que la razón alumbra como lo ingrato o siquiera como lo abandonado sin motivo ni razón. Así habrán de pespuntear las huellas del patrón informe de la existencia que se lleva, mal que bien, por estas mañanas de niebla. No hay paso entonces que no pese. No hay silencio entonces donde no hay nada. Nada que nos salude ni que nos salve. Nada, pues, para ahogarnos. Nada.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Futuro Simple
Muchos creemos que el futuro no existe. Hoy así, sin más, pues no quiero traer a este frente de líneas los conceptos de la filosofía del “nunca tiempo” y su presente eterno, sino la concepción clásica, común a gran parte de las civilizaciones dadas en esa parte de la Ciencia que llamamos Historia, y que entiende el tiempo desde el punto de vista lineal y el futuro, como el tracto de línea que aún no ha sucedido, que aún no hemos experienciado y que nada tiene que ver con la consideración que del tiempo hacen los físicos como cuarta dimensión. Hablo de la especulación, de la conjetura que es ese recorrido lineal aún por suceder y por último también hablo de una de mis frases favoritas, que es un viejo adagio chino que reza que la Constancia es más fuerte que el Destino.Todo esto viene a cerrar este año que agoniza y a alentaros y precaveros del año que entra y que nada bueno preconiza si nuestra actitud no es precisamente firme en el acuerdo y en la necesidad de hacer frente común, como mejor manera de que seamos un dique de contención ante tanta falta de contención. Vendrán los días imbuidos de religión, de karmas, de paraísos y fines del mundo, de auténtica y pura especulación basada en el miedo y en la superstición, la charlatanería y la incultura, vendrán los días de los titiriteros una vez más, de los prestidigitadores que chasquean los dedos frente a nuestra nariz mientras no roban la cartera con la otra mano. Pero, como quiera que todo es especulación, intento, bien pueden ser también los días de todo lo contrario, pues no somos sino nosotros quienes somos capaces de conjugar la palabra cambio, presente, sí presente, pero sólo cuando llegue, cuando forcemos que sea. Dado que el presente de alguna manera es presenciar lo que hay, se trata pues de hacer que lo que sea, sea de nuestro completo agrado. No hay más, que la palabra engaño no sea nuevamente uno de los vocablos más usados. Proponeos el salto, no nadar contracorriente o a favor, pensad en nadar hasta la orilla, en salir del río, en no conformarse con lo que se supone que nos viene dado, porque no es así. Somos todo aquello que exigimos. Exijamos, exijámosles.
lunes, 12 de diciembre de 2011
El mundo al revés
En el mundo al revés de repente hay un cambio de ciclo político, no volveremos a ver a todos aquellos políticos que ya lo han sido. De repente el sistema investiga y reprime a todos aquellos que no hagan bien su gestión, son escarnio público todos aquellos que afectan o atacan lo común, no se les suelta hasta que reparan todo el daño, luego sólo les quedará el aislamiento. Ni siquiera el gobierno es algo distinto a un consejo de sabios, que pregunta constantemente, que expone el plano de opciones que elegir por el ciudadano. No se aceptan los grupos de presión ni los grupos interesados, cada ciudadano ha de tener una idea y así ha de manifestarlo. En el mundo al revés la propia responsabilidad es un valor social. En el mundo al revés la gente paga sus impuestos y cobra según lo que trabaja, sin incentivos exorbitados, sin fraude, sin recortes y sin engaños. En el mundo al revés los ciudadanos deciden sus presupuestos y cualquier hombre es igual a todos los hombres. En el mundo al revés la educación, la cultura y la investigación triplican el presupuesto del ejército. En el mundo al revés la policía ayuda a los desorientados y la propia gente es policía de sus actos. En el mundo al revés el amor es un valor y la felicidad interior bruta un concepto nacional, como en Bhután. En el mundo al revés todos los días brilla el sol a través de la ventana del cuarto de baño y llueve sólo dónde y cuando es necesario. En el mundo al revés la tristeza sólo puede ser un estado voluntario, como el luto. En el mundo al revés la maternidad y la infancia se protegen como el tesoro nacional que son. En el mundo al revés la pobreza es motivo de vergüenza y motivo para reconocer que algo se ha hecho mal, por intolerable. En el mundo al revés tú y yo sólo somos tú y yo, y nuestros actos sólo serán actos de amor. En el mundo al revés estará prohibido que pueda existir un mundo al revés y tú, lector, lectora, me pararás por la calle para darme un abrazo y compartir conmigo tus pensamientos. En el mundo al revés simplemente no tendréis que girar nada para leer.
viernes, 25 de noviembre de 2011
S/T
No sé cómo decirlo. No sé cómo trasladaros cómo me siento o pienso en días como estos. Podría intentar justificarlo hablando de un concepto de tiempo al modo Heideggariano en sus Caminos de bosque y su concepto de tiempo en Ser y Tiempo, aunque quizás por inasible e inasequible, pues mal coliga con el día a día, no lo haré, pues si el contundente filósofo supo ver y presentar por primera vez en una síntesis extremadamente densa un conjunto de temas que formarán parte cordial de esa obra bajo la tentativa de una revisión absolutamente radical del concepto heredado de tiempo y con el hilo conductor ofrecido por la percepción de que el Dasein mismo, la existencia humana singularizada, es el tiempo. Él nos hace ver aquí, “en forma de tesis”, estructuras que la analítica del Dasein se encargará de explicar con agudo detalle: el “ser en cada caso mío”, el encontrarse, el ser-en-el-mundo, el ser-con-otros, la posible cura, el procurar y el trato, la auto-interpretación del Dasein y la significación cardinal del habla, la cotidianidad y el “uno”, la Unheimlichkeit, la conciencia, la diferencia entre el ser-temporal, por decirlo de alguna manera, performativo y el ser meramente presente, Vorhandenheit, la temporalidad propia y el privilegio del futuro, el ser-hacia-el-fin, la historicidad, la radicalidad del preguntar y la repetición transformadora de la pregunta misma; del “qué” al “quién”, a través del “cómo”. Pero, ¿para qué?, si el cúmulo de experiencias, preguntas y sensaciones fruto del estudio y de la propia experiencia no recaba fidedignamente todo aquello que nunca podrá ser expresado por las palabras así sea medible con una clepsidra o un reloj atómico. Nosotros, los hombres, las víctimas del tiempo como relojes apresados en una jaula, jamás podremos apreciar externamente lo que dura el lapso de tiempo detenido que contiene sostener una mirada llena de amor o acaso el primer cruce de existencias en cámara lenta en que, de soslayo, te hace desear no ya el presente, sino también el futuro con esa persona que se te presenta tan atractiva en tan diversas formas y siendo también, toda ella, tiempo. La trampa en esto que digo es que no somos unos observadores ni fiables ni estables, que nuestra estupidez nos hace ser y otras simplemente no. Por eso corro tanto y no llego nunca a ningún sitio en estos días tan relativos.
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