jueves, 19 de julio de 2012
lunes, 9 de julio de 2012
“ Tu vida va en ello ”
Tu
vida va en ello. Sigue tu camino, no pares. Ve, continúa aún más, no te
arrepientas. Mientras no escojamos todo será una posibilidad nuevamente. El
tiempo así pesa en plomo lo que la duda no sopesa. Guardados tengo, por
ejemplo, como tú, demasiados abrazos y
aún así no me acompañarán en la mudanza. Atrás habré de dejar tanto de todo
aquello que fue tanto y que hoy sólo es simplemente aquello. Has de seguir sólo
porque todo cambia de forma cual orilla, cual camino nevado en la noche del
tiempo en que sólo el caminante hace machadiano camino una vez más y tan
acertadamente, así uno esté perdido. No te preocupes, fue San Agustín quien
dijo que para ir a donde no se sabe hay que ir por donde no se sabe, pues la
vida sólo eres tú, no hay plan mágico, allí donde estés eres la vida y así
deberías vivirla, pues tu vida, recuérdalo, siempre va en ello. No importa como
lo hagas, si le dices a la amada que la amas y le besas el cuello y le agarras
la cintura tiernamente o si simplemente permaneces a su lado en silencio
diciéndole así, te quiero, una vez más. No importa como ayudas al amigo si en
silencio o con enfrentamiento, no importa si le miras a los ojos y te plantas o
si simplemente haces sin que se sepa. No importa como abrazas a tu hermano
cuando lo necesita, ni si te haces el distraído intencionadamente con tus
propios padres a fin de que nuevamente puedan reprenderte, sentir una vez más
que no has volado definitivamente, o siquiera percibir que la vida te ha
convertido en un hombre, sí, pero en un hombre de piedra quizás incapaz de
volver a ser blando. No te preocupes, si así ha sido, así es, sigue, no pares,
ya habrá tiempo de ser polvo. Sigue, no pares, habrás de ponerte hombro con hombro
con el amigo, con el amor, con el vecino, con los padres. Habrás de apretar los
dientes y seguir avanzando contra el miedo. Sigue, no calles. Sigue, no
retrocedas. Sigue, no toleres. Sigue, no te arrepientas. Sigue, no te canses.
Sigue, no desfallezcas, no te falles. Sigue, vive, vive hasta que no puedas
seguir más.
lunes, 25 de junio de 2012
ARREBATO EN DUELO
Escribir a veces para no abrirle
la cabeza a más de uno a mamporros o, para no abrirte las venas, simplemente.
Otras, para insultar a todos los hijos
de puta. Aunque no siempre es así,
también me acuerdo ahora de los bastardos y de los cabrones de los últimos
tiempos, me suelo recrear con esos imbéciles que pretenden tanto y alcanzan tan
poco, que dan la espalda o se bajan los pantalones con la misma facilidad,
asquerosos, lameculos de otros siervos, bastardos con esmero, perros de pocos
cerdos. Me acuerdo, entrados en el odio, de los codiciosos, de los que
ambicionan nadie sabe qué, un protagonismo absurdo, grasiento, patético,
dirigir las conductas, hacer sufrir, encontrar deleite al humillar, querer
vejar… ¿Y aquellos otros?, los de allí, los oportunistas de siempre, los que
nunca se cansan, los que no duermen, los que no respiran conteniendo el aire
para pasar inadvertidos, agazapados en la sombra tenebrosa de la falsa
apariencia. Idos todos a tomar por culo. Idos. Sí, a la mierda, estoy más que
harto, escribir se hace a veces para no partirle la cara a más de uno, o para
no quitarte de en medio simplemente. Escribir para fijar el tiempo que se
pierde en un tecleo, escribir que es el mismo tiempo que tardamos en contar
miles de muertos, o el que gastan demasiadas familias en irse a la ruina.
Escribir para decir que la
Democracia ha fracasado, que es un hecho. Escribir para pedir
el cumplimiento de tanta promesa electoral, o para asegurar que no existe el
buen político si se debe a un partido ¿dónde están los cambios que dejaron
escritos en aquel montón de cenizas? Escribir para pedir más unidad entre los
que estamos sosteniendo esto ¿Cómo pensar en el futuro si
mientras no escojamos, todo será una posibilidad, y ésta , hoy más que nunca,
está podrida? Basta, basta ya, ¿acaso
hemos de poner la fuerza donde no llega el despropósito de estas palabras, que
tras más de tres años utilizo faltando a las formas más elementales? Ya no sé
qué más hacer ni cómo llamar vuestra atención ¿os quedaréis en la anécdota de
todo lo que en este escrito malhablo, os dejaréis manipular así? Basta, basta
ya de todo.
viernes, 8 de junio de 2012
Veris leta facies
Paseemos por los valles y campos de
una habitación forrada de libros multicolores sin ordenar. Caminemos abrazados
torpemente por las sendas que no existen mientras el sol sigue su danza
testimonial y el suelo está plagado de las hojas aún verdes de poemarios no
editados. Gastemos el tiempo que se crea queriendo, yendo de un sitio a otro
vagamundos y humildemente ricos. Bañémonos en el mar oceánico de mi bañera
mientras no recogemos caracolas ni nos abrasamos por el sol. Viajemos el mundo
sin salir de casa y hagamos la ruta de las manos por nuestros cuerpos
entregados. Hagamos un intercambio de olor. Amontonemos caricias con forma de
castillo de arena sobre la alfombra, sutil edificio que ninguna ola podrá
sitiar. Horademos de huellas invisibles el pasillo. Colguemos recuerdos en las
paredes y el techo. Quedémonos en
silencio escrutando las horas desnudas. Llenémonos los bolsillos de besos.
Salgamos volando por la ventana mientras el violinista de la cara verde
improvisa una canción de amor. Seamos eclipse en el eclipse de Venus aunque
sólo sea una vez. Celebremos la fiesta del abrazo piel con piel mientras te
refugias en mi cuello. Bailemos la danza de los locos entregados, de los
propietarios nudistas de islas inexistentes. Hagamos un pacto de Estado que se
selle con nuestras lenguas. Seamos alimento para el hambre. Digamos adiós a los
pájaros. Démonos calor como excusa en el entretiempo. Anudemos nuestros
segundos viendo una película distraídamente amontonados. Ven. Ven volando sin mirar
atrás, entra por el balcón dónde ya regados, están los latidos en flor. Ven. Háblame
de todo lo que no conozco como si fuera mi vida. Apaga mi sed contra tu cuerpo,
toma aquí mis manos, guardemos silencio, nos está mirando de frente la
auténtica cara de la primavera.
jueves, 31 de mayo de 2012
“Golpe de calor”
No tengáis miedo, no temáis. La vida no siempre sonríe con la boca torcida. A
veces la vida es también la sonrisa franca del amigo, la emoción del hermano o
la cálida contemplación de nuestros padres. A veces es también tu sombra la que
coge de la mano a otra sombra y la besa y camina de espaldas al sol, y no se
estresa y ve, y mira, y encuentra una mirada iluminada y unos pómulos que se
elevan y unas comisuras que se tensan, un cuerpo que se ofrece y un tiempo que
no se malgasta. Amaos. Sentíos, sed uno. Conversad tranquilos, escuchad con
atención, sabed que vosotros sois el otro. La fuerza sempiterna de la evolución
está en nosotros. No temáis, no sufráis.
El amor está ahí para cogerlo y dice ven, ámame, ven, siéntate a mi lado, ven,
forma parte de mi vida, de mi historia así sea en un breve momento. No sufráis, no lloréis. Pues en tanto,
se pierde el rastro, el hilo, las pulsaciones del camino. Que las lágrimas sean
sólo de alegría, de emoción que apenas sí se contiene ¿no es acaso eso lo que,
desnudos, podremos defender ante la muerte?
No lloréis, no huyáis. Manteneos firmes y orgullosos, no mováis un pie. Es
la única forma que tenemos de no volver a utilizar un espejo. Si sabéis quiénes
sois, lo que estáis dispuestos a hacer con la mente libre y el corazón
resuelto, con la conciencia tranquila y sabiendo que lo que se hace, se es.
Sabiendo que uno es lo que se decide a hacer, sólo podemos hacer bien, pues de
lo contrario nos convertiremos en todo aquello que corrompemos. Si un bailarín no
es un bailarín cuando no baila, un ladrón lo es mientras roba ¿Qué sois? Pues
sed. No huyáis, no olvidéis. Que el
tiempo no haya corrido para nada, que las muertes no hayan sido en vano, que
los suspiros y el dolor den paso al conocimiento, a la asunción del error, al
camino que se veta, a la experiencia que se aprende, a la traba que se supera,
al tiempo que no se repite, a lo que ha sido vivido y de lo que nadie puede
despojaros. No olvidéis, no desistáis. Sólo
nosotros sabemos que todo momento es pasajero, que sólo por eso necesitamos lo
mejor, pero lo mejor para todos. Sólo así podemos beneficiar en algo a los
herederos encadenados a nuestro tiempo. No
desistáis, amad. Exigid estar vivos, el tiempo que sostenemos en las palmas
de las manos y que no se retiene. No malgastéis el lapso siendo sometidos.
Exigíos. No desistáis, que merezca la pena esto que escribo. Amad, sobre todo
amad, sólo por eso ya merece la pena estar vivo.
viernes, 11 de mayo de 2012
¿Dónde estamos?
Así sin más. Desde estos días horadados. En las
ciudades sempiternamente inmóviles. En las voces dentro de demasiadas cabezas.
En las horas tristemente corruptas. En las manos llenas de lo ajeno del
vecino. En los corazones no resueltos.
En los ánimos enarenados. En las huellas de los pies que se arrastran. En los
cercos abandonados de los cadáveres. En la vida que se exhala. En el anhídrido
carbónico de todo beso. En las caricias con llagas. En las heridas
abiertas con un bisturí oxidado. En los
huesos que el hambre amosca. En los cultivos echados a perder. En todos
aquellos negocios de persianas bajadas. En el mundo de las sombras y no de los
sueños. En la mentira piadosa que tanto destruye. En el engaño que se alimenta
día a día. En la desigualdad que se construye. En los secretos a voces. En la
palabra mancillada. En la desesperación de los impagos. En la infidelidad de
tantos casados. En la deslealtad de tantos cargos públicos. En el estancamiento
como sociedad. En el no futuro por el que tanto se ha trabajado. En la amistad
que se traiciona. En el amor que se fuerza. En toda desnudez que se violenta.
En la falta de consentimiento. En la palabra asco. En los dioses que tan poco
saben de lo humano. En las guerras que
inventamos. En el odio que se cultiva. En la escisión social que siempre ha
habido. En el oportunismo de los arrimados. En la falta de moral, de ética. En
la ausencia de filósofos. En el exceso de banqueros ávidos. En el egoísmo de
los que se imponen. En la envidia que se admira. En la infancia robada. En el
engaño sistemático. En la manipulación mediática. En todo aquello que oímos y
fingimos no oír. En lo que vemos y
aceptamos aún si no nos gusta. En las mentiras que difundimos. En las mentiras
que nos creemos. En el conformismo que siempre dormita. En la lasitud de
nuestro desánimo. En la falta de confianza. En la indisponibilidad para el
sacrificio común. En la falta de diálogo y de sinceridad. En todas aquellas
oportunidades que se han enterrado. En todas aquéllas sonrisas que se ocultan.
En tanto como toleramos. ¿Necesitas que pregunte hacia dónde vamos?
viernes, 27 de abril de 2012
Carta abierta
Estimado Sr./a, me pongo en contacto con usted a
través del presente a fin de trasladarle que no quiero seguir viviendo así, con
la ventana constantemente abierta al frío, ni con los días de este gris plomizo
tan poco favorecer al ánimo. No me parece prudente el abandono que se está
dando a nuestros convecinos, ni tampoco la poca educación y cultura que le
espera a nuestros hijos. No sé si entiende que el futuro es el resultado total
de una suma de presentes, pues el futuro no existe, de hecho ni tan siquiera
existe el presente, dicen algunos que al ser presente, en el mismo y preciso
instante que sucede, en esa micra de fracción ya es pasado, aunque no quiero
distraerle con estas diatribas que me son tan propias y tan ajenas para usted,
tan acostumbrado a la materialidad dúctil de lo económicamente práctico.
Precisamente por este detalle, por ser usted quien es, por vivir precisamente
de sus arriendos, de sus cobros, del seguimiento de sus deudores y del préstamo
desorbitado a sus iguales, a sus pares, a los que perdona incluso que le roben,
bien debe saber usted, creo, que debe atender a sus inquilinos en sus
necesidades más básicas, no digo yo ya comodidades, pues las más de las veces,
quien no ha tenido no echa en falta, pero al menos, ya que va a subir los arriendos
quite cargas, responsabilidades, asuma usted algo. Quizás podría permitir más
acción a sus inquilinos, a sus ciudadanos, permítales buscarse la vida con
ciertos “subarriendos”, olvídese de su perenne fiscalización, levante la mano,
de un respiro en estos días con tan poco oxígeno, deje vivir en definitiva, o
se expone a no tener inquilinos a los
que seguir sangrando. ¿qué haría usted entonces? ¿cómo sustentaría sus
privilegios, cómo pagaría los encuentros con sus amigos? ¿ cómo haría frente a
las deudas que usted también tiene? No es sólo que la casa esté cada vez en
peor estado, es que aún siendo incómoda va a comenzar a ser incluso fea, por
los desconchones, por las reparaciones que usted va a dejar de hacer y
encargar. No sé si sabe que por su culpa la luz y el agua son cada vez más
caros, el gas no deja de subir, y la calidad de su casa de bajar, ¿ es acaso
justo que cada vez se pague más por lo que cada vez es peor? En fin piénselo,
aún estamos a tiempo, poco tengo yo que ver con todo esto salvo la creencia de
que si nos va bien a todos, viviremos en un mundo mejor. He de dejarle, salud y
belleza, H
viernes, 20 de abril de 2012
368
Salir
a la calle y ver el cúmulo de caras conocidas con fondo gris. El futuro como
preocupación. No saber si se llegará a meta alguna. No saber si luchar
simplemente por ser feliz. Ver el amor evaporarse y los amoríos sustentados
levemente en el humo azulado que se ha fumado. No tener más que lo que se tiene
y contiene en la palabra insuficiente. Ir así entretanto. No sabiendo. El
presente acaso demasiado detenido, retenido por indocumentado. Escuchar a los Happy Mondays tras tantos años en que se
ha visto tanto y tan diferente. No haber encontrado camino ni rastro alguno
siquiera. No. Así no. En los tiempos de la procela es propicio nadar a favor de
la corriente, pero ir, poco a poco, nadando hacia la orilla con determinación
sin embargo. No es ahora pertinente ni admisible luchar exteriormente con tanto
desgaste, sino hacerlo en nuestro interior, en silencio, reservando, asumiendo
qué o qué no es tolerable o intolerable para nosotros, esperar, aguardar a que
sea necesario romper la resistencia. Gastar el tiempo que se respira en
aspiraciones alcanzables y satisfactorias no puede ser sino la mejor decisión
para estos días en que se instala el mismo rasero de injusta contrición en cada
una de nuestras casas. Llevaba 209 palabras para decir que no se agarra lo que
no se alcanza indubitadamente. Como todo aquello que pueda ser expresado,
verbalizado, comunicado, ha de tenerse por relativo, poned en justo término lo
que digo. La calle sigue ahí sin embargo, pensad en eso, gris o no, el tiempo
hará que todo pase una vez más nuevamente. Esto es ser humano. La suma constante de
números equivocados en un péndulo, pero también un vector de superación
constante. ¿Cómo no aspirar a más con tanto lastre y tanto don como hemos
heredado? Acaso nadie espere ya nada de nadie, acaso seamos un especie sin
perdón. Quizás hemos perdido el nombre de gente, quizás no somos ya capaces de
vernos. Recapacito o no. Una vez más la calle que mi ventana enmarca me muestra
el pulso decidido de la hormiga y yo, desde mi nido suave de libros sólo puedo
pensar que sólo soy todo aquello que veo como vivido.
miércoles, 4 de abril de 2012
403
Escribir a veces es hacerlo a voces, toda vez que uno siente que lo hace desesperadamente a solas, como cuando habla a su propio silencio o a sus ecos metálicos y desérticos. Es lamentablemente así, pues esta página leve nada devuelve por mucho que uno se esfuerce en comunicar, en poner en común, en mostrar abriendo las manos, la conciencia o las propias dudas irresueltas. Wittgenstein decía que un problema que no tiene solución no es un problema sino un misterio. Las últimas palabras de Goethe en su lecho de muerte fueron: “luz, luz…más luz”. Así nosotros nada vemos desde el fondo de la caverna Platónica sempiterna, pues ya ni reflejos nos llegan manipulados por nuestros propios sentidos vagos. Hoy tanto da que un árbol kantiano suene o no, al caer desde donde nadie pueda oírlo humanamente. Tan poco importan hoy las ideas que permean. Hoy tampoco. Hoy así. Estoy tan acostumbrado a hablar solo, que no espero que alguien me conteste ninguna vez. Lo que no digo es que me gustaría ese viaje de vuelta de mis propias ideas porque quizás exijan de mí demasiado tiempo y eso es algo que casi nunca tengo, así sea sólo un concepto inventado, una convención egoísta, egotista, manifiesta. Por contradictorio siempre espero que alguien me diga algo más aparte de “te leo”, “no te entiendo” o “me gusta”, sencillamente porque uno descubre lo que piensa más ciertamente al trasladarlo entre meditabundo y confiado, al oírse, al explicar lo que le ronda, lo que siente, lo que padece, todo aquello, en definitiva, que da contenido a la palabra hesitar. Digo esto porque asumo como cierto que nos necesitamos, que nos construimos y completamos en los otros, en los otros-otros que definitivamente somos, pues todo aquello que hacemos a uno de nosotros, nos lo hacemos a todos. Por eso no entiendo este presente, ni entiendo gran parte de la palabra ni del concepto humano. Por eso cada vez intento saber más y sin embargo sé menos, así sea tan poco original, pues pretender contradice la afirmación: “yo tengo”. Quizás porque Yo es enemigo de Tú, de Nosotros. Quizás porque quizás es lo único cierto, así tan sólo sean palabras que se vierten desde el desconcierto de ser, o de sentirse ser, no siendo. Inextricable no es esto que has estado leyendo, sino que eres tú, que también soy yo, que somos lamentablemente todos, pues así estamos siendo.
martes, 13 de marzo de 2012
Somos
Somos todos los años que hemos ido venciendo, todo aquello que hemos apresado en nosotros haciéndolo carne, recuerdos. La totalidad de la colección incompleta de jirones de vida que creemos que atesoramos con sumo cuidado y quizás incluso aquilatando en exceso su valor o importancia en el tiempo, así luego no seamos siquiera capaces de salvar el seguro contra niños de un simple enchufe, ni forzar a la primera la apertura de un tarro diminuto de trufas o de champiñones en conserva. Así y todo nos creemos “algo” como denominador común e incómodo en nuestra humanidad y no se me ocurre una manera mejor de ser tan inconscientes ni tan estúpidos, tan pretenciosos ni tan absurdamente soberbios, tan pagados de nosotros mismos, tan faltos de miras, sobre todo porque en el día en que los árboles florecen cual interruptor fotosensible, todo sigue exactamente igual que desde el principio de los tiempos, ya que somos aquellos animales que colonizamos y parasitamos la tierra y que, a falta hoy de un mejor huésped, nos estamos dedicando a colonizarnos y parasitarnos a nosotros mismos. Aunque somos los que inventamos la palabra genocidio, opresión, maltrato, pese a que también inventamos las palabras solidaridad, amor o amigo. Sobreabundamos en nuestras miserias frágiles y en nuestra inconsistente humanidad, naufragamos sin barco, comemos sin hambre, hacemos daño sin ser necesario y, desde luego, acaparamos mucho más de lo que necesitamos. Somos los que hemos construido las catedrales altivas hacia el cielo, los mismos que hemos hecho panal en los cementerios, somos los mejores representantes en la tierra de la muerte, la fábula de un código genético decrépito y decadente. Somos un bolsillo lleno de arena, pan duro relleno de una lata caducada de sardinas sin abrir, somos las caries y la presbicia, la descalcificación constante de un cuerpo cierto, somos los inventores de la ciencia y de la superstición, los creadores de una conciencia que no nos llevará ciertamente muy lejos. Somos malos y somos buenos. Somos pura y simple filosofía contradictoria, un axioma inválido pues se rebate, el defecto de forma de la creación, pues tanto remamos en contra. Somos voz, pero también palabra silenciada, somos carne pero también concepto, somos beso y puñetazo, sempiternamente tuertos. Somos el odio que heredamos, la estupidez congénita que no evoluciona, mutantes con quince millones de años desperdiciados. Somos la totalidad de siglos que hemos ido traicionando. Somos el veneno de cualquier otra especie. Somos hombres y ciertamente muy poco humanos. Somos rastros con rostro, el sucio reflejo en el espejo de nuestro origen. Somos tú y somos yo. Somos.
viernes, 2 de marzo de 2012
Acaso sí
Las horas tardías que a nadie retrasan. Ver alejarse el mundo por un retrovisor tembloroso. Ponerse nervioso antes las propias obligaciones. Soñar con su cuerpo tibio y desconocido, decirle bella, mesarle el cabello. Recibir a extraños conocidos. Vivir conviviendo con el olvido. Pasear como si fueran a amputarte las piernas. Alojar a conocidos extraños. Pensar en un futuro posible. Quedar con el ánimo al descubierto. Ver cerrarse una herida en los giros diarios de un reloj de cuerda. Sudar hasta perder el olor. Comer con los amigos. Ir andando en el día de los recados. Saludar con la mano. Comer sin hambre. Beber vino. Quedarte dormido en el sofá como cada noche. Ver la tele sin ver nada. Hablar entre dientes lo que se piensa. Recorrer el pasillo de puntillas. Esforzarse sin límite. Abrir las ventanas al frío. Entrar y salir mil veces por los olvidos. Recoger lo que se te ha caído. Estar en mil cosas. Decir hola, adiós, ¿cómo te va? Dejar la radio encendida. Leer las esquelas y el horóscopo. Apreciar el diseño del bote de champú mientras defecas. Pasear en bicicleta de madrugada. Ir al campo a dar gritos y a mirar a lo lejos. Sestear en la parte de atrás de un viaje. Perder la mañana en la consulta del médico. Llamar a los amigos. Gastar la tarde mirando libros. Subir una montaña en chanclas. Mirar de reojo a quien te mira de lejos esperando ser sorprendida. Sonreír a quien quiere saber de ti. Consultar el I-Ching. Ocultar el deseo cuando ella te aborda. Dejarse querer a veces. Correr sin tener prisa. Hacerse el distraído. Esconderse dentro de un libro. Tener caliente la oreja por culpa del móvil. Jugar al Pádel o al Frontenis. Curiosear en la página de la Perrera Municipal. Sentarse a escribir y fumar puritos. Ver anuncios de coches. Leer revistas de pesca. Practicar Tae Kwon Do. Quedar con los amigos y hacer planes. Organizar el próximo viaje. La totalidad de las semanas en que sólo malduermes y trabajas. Ser custodiado por una montaña de papeles. Acosar a un cisne con un kayak para fotografiar su aleteo. Hacer la compra en Mercadona de memoria. Quedarse mirando el suelo desenfocado. Apretar los dientes. Podar con miedo los bonsáis. Coser lo descosido. Que se te abisme el pecho de madrugada. Equivocarse, errar. Perder el hilo. Ser querido y requerido. Caer enfermo, haberse herido. ¿ No es acaso esto poder decir que respiro?
viernes, 24 de febrero de 2012
Soliloquio de la mañana extinguida
En la calle la gente habla de las nuevas políticas y no todos se sienten acogidos económica y socialmente. Esto es así, porque sucede que la gente no entiende qué sustenta la realidad política de nuestros días, que si el liberalismo es más que una superestructura justificativa del capitalismo, si tiene valores políticos que trascienden las circunstancias históricas de su origen y las particularidades socioeconómicas con que se encarnó históricamente, ocurre, sencillamente, porque es básicamente una postura ética de naturaleza predominantemente formal. Un sistema ordenado de derechos y de instituciones políticas congruentes con ellos, que tiene además carácter universal, pero que por lo mismo elude contenidos sustanciales precisos, esto es desde luego lo que no contemplan las voces de la calle. Ni el conjunto de derechos, ni la democracia como forma de gobierno y de organización de la comunidad,( aquí el Catedrático de Filosofía Política Fernando Quesada Castro diría que ésta ha fracasado), presuponen formas de vida, concepciones de la felicidad individual, ideas trascendentes o siquiera formas precisas de organización económico-sociales. Constituyen, a lo sumo, un conjunto estructurado de bienes y valores, individuales y sociales, de carácter muy abstracto, que no prejuzgan sobre la forma concreta de alcanzarlos, ni rehúsan los más diversos modos de cumplimentarlos. Tampoco en lo referente a lo individual, porque la felicidad es tarea de cada cual, ni en lo atinente a la sociedad, a lo social, en tanto sigue siendo una pregunta sin respuesta unánime, y que es el modo de organización económica concreta que mejor se compadece con la justicia y la libertad de los ciudadanos. Sin que ni siquiera sea claro si, dentro de las imprescindibles, ¿imprescindibles?, estructuras democráticas, existe una organización social compatible con todas y cada una de las culturas y sus pueblos. El liberalismo, como filosofía práctica, constituye pues, en su esencia, una concepción ética predominantemente formal, cuyo objeto es la política y no una doctrina sustancial en el sentido de indicar cómo deben organizarse las diferentes sociedades en sus aspectos institucionales. Tampoco le compete evaluar sus posibles conformaciones económicas, así a veces aparezcan tan próximos. Y ni siquiera es de su competencia cómo se administra o se limita socialmente el derecho de propiedad. Aunque, irónicamente, en tanto requiere la democracia como sustento político, a la vez que impone el respeto irrestricto a los derechos individuales, supone límites específicos con respecto a los diversos modos en que las sociedades pueden institucionalizarse. Sin embargo, pues es así, se aleja de cierta justicia social a fin de que predomine, por puro desinterés, la ley de la selva. Así que ahora, sepan las calles que estamos donde estamos, como estamos y que, desde luego, aún nos quedan por delante años.
viernes, 17 de febrero de 2012
“La Ética no es una vecina del barrio”
La Ética al igual que las costumbres ha dependido de la época, del lugar y de la forma de pensar, en una estrecha relación con el marco filosófico correspondiente. Cuando la finalidad de la vida era el cielo, la enfermedad no era otra cosa más que uno de los tantos avatares por los que el ser humano debía sufrir en su paso por este mundo terrenal para purificarse y adquirir la perfección. Entonces el médico estaba obligado a ver a la enfermedad como el sacrificio que todo lo purifica y lo perfecciona. Cuando la concepción mecanicista del momento histórico postulaba que el ser humano era como una máquina formada por un conjunto de aparatos, la enfermedad era la consecuencia de la avería de dicha máquina. Aquí el médico se veía obligado a reparar la pieza causante de la avería.
Hoy está muy claro que la profesión médica, como ciencia y como arte, es esencialmente humanista. El actuar médico es más amplio. El ser humano no está solo ni aislado. El médico está obligado a comprender a ese individuo junto con su historia personal y la de sus circunstancias familiares, sociales, económicas y medioambientales. Nosotros no estamos menos obligados a extraer de la pulsión social y socializadora, la afinidad social.
A los fines de la ética se impone la necesidad de definir lo bueno y lo malo. Pero es necesario saber que estas definiciones sólo adquieren sentido cuando son referidas a la dimensión social. Lo bueno logra su sentido ético cuando responde a la pregunta "para qué" es bueno. Así entonces, lo ético se refiere a un comportamiento que sólo adquiere sentido ético cuando recae en un individuo o un conjunto de individuos en su inserción social. Es ético cuando sirve a la convivencia, pues la sociedad cumple la función de un espejo - el espejo social - que como una antena parabólica refleja sobre el mismo individuo la responsabilidad de su comportamiento.
El rodeo dado vadea las orillas del reproche que siento hacia vosotros conciudadanos, pues desencantado, no sé cómo más puedo decirlo, ni a qué esperáis para recuperar parte de la armonía social que algún día tuvimos así fuera sólo como objetivo, como requisito sine die de mejores presentes como presente. Sabed que los hombres somos lo que hacemos. Decidme ¿qué estáis haciendo? Dejad de pensar en qué van a hacer por vosotros los de arriba, empezad a pesar qué vais a hacer vosotros.
viernes, 10 de febrero de 2012
Por “Una jaula fue en busca de un ave”
A menudo releo obras que atesoro con gran satisfacción y con un pequeño punto de avaricia. Me tranquiliza saber que están ahí “a la mano”, al modo en que marcamos el teléfono del amigo y éste se presenta ipso facto, sin siquiera querer saber cuál ha sido el motivo de tan abrupto requerimiento. Es tranquilizador y, quizás esto no sólo se deba al olor a infancia, concentración, humo, polvo y vida que ha de tener toda buena biblioteca, sino que, estando ahí toda esa información, toda esa experiencia adquirida y vivida, de repente uno se siente con más armas, más argumentos, o al menos con la seguridad que da la posibilidad de poder refugiarte o defenderte si es el caso. También es inevitable pasar por el tamiz, por el ojo lúcido de tantas mentes preclaras si lo prefieren, de las referencias literarias o académicas de todo aquello que se ha leído o aprehendido finalmente con la decisión del sacrificio que tan bien alimenta la curiosidad. Es así como en estos días me ha venido a la mente Luces de Bohemia, la magistral obra de Valle-Inclán, con su descripción trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en un país deforme, injusto y opresivo, tan actual hoy día no sólo por el asesinato judicial del Juez Baltasar Garzón, sino también por una España desgarrada, cruel e indolente que bien cabe en las dimensiones del poema “Españahogándose” del no menos genial y admirado, Blas de Otero. De alguna manera infausta uno es lo que lee y aproxima, pues así ha ido, y va, orientado el propio pensamiento una vez asumidas las condiciones de la inabarcabilidad de la totalidad del pensamiento humano. No podemos, por menos, sino tomar partido como mejor manera de hacer una primera selección de toda aquella parte del conocimiento al que nunca llegaremos sin más criterio, al modo en que en un viaje decidimos renunciar a saber que se esconde tras un valle abigarrado de terrazas en pleno Andes, o qué, tras un esquina, en el calmado abarrotamiento de Estambul, por ejemplo. Leer o viajar no hacen sino dotarnos de perspectiva, así yo hoy, sólo puedo ver a Kafka como un escritor costumbrista si fuera español y por no citar nuevamente “el esperpento”. Es de Kafka uno de los aforismos que me han vuelto a salir al encuentro en estos días,( y que ya un día utilicé en una exposición por la lucidez y plasticidad de la visión que plasma), que recojo de una maravillosa compilación bajo el título “Aforismos de Zürau” y que os traigo para que entendáis cómo veo hoy, como traduzco, lo que hoy siento. Dice así: “Una jaula fue en busca de un ave”
viernes, 20 de enero de 2012
Texto con las palmas hacia arriba
No hay nada de particular, es sólo que me acostumbré a zafarme de cualquier abrazo que no inicio. Que pongo muecas al recibir un beso. Que me azoran las muestras de cariño, pues me hacen sentir fuera de contexto. No digo que no me guste, sino que en mí, es un acto reflejo. Incontrolable. No sé si sea “el otro”, o quizás sólo se trate de que yo acumulo demasiadas incertidumbres y que sopeso y juzgo cualquier certeza. Es por eso que cultivo en gran parte de mis días la soledad o la distancia, que estoy sí, pero siempre a más de una legua así se me pueda agarrar del brazo, que mi proximidad puede ser manifiesta, pero no siempre puede afirmarse que sea cierta. A veces simplemente no estoy, a veces sólo soy un autómata que anda de espaldas a todo, haciendo y deshaciendo en el interior. No me preguntéis por qué, pues ni yo mismo lo sé, ni siquiera alcanzo a anticiparme y sólo puedo descubrirme hilvanando un pensamiento tras otro, otras veces simplemente recogiendo la madeja hilada. Un amigo afirma que se me nota en los ojos, que estoy y luego de repente me he ido, que se puede percibir como sigo los engranajes o calculo los infinitos con obstinada e ineludible persistencia, que retomo conversaciones que ya han sido para puntualizar o ampliar algún sentido, para relacionarlo de improviso con los temas más distantes, así mi interlocutor haya ya pasado página o haya construido olvido. No hay nada de particular, lo he dicho, es sólo que pienso en todo sin saber distinguir muy bien los distintos grados que puede tener un pensamiento. Tanto valen para mi las reflexiones que sobre la luz me asaltan cuando presencio un giro de sol sin desconcierto, que el tener que hablar o percibir otros sentimientos sin ser capaz muy bien de conectar con ellos. No es la luz ni es el amor. No hay reo. Soy así, lo sé, lo siento.
viernes, 13 de enero de 2012
NADA
Estoy demasiado cerca de los días como para verlos con perspectiva manifiesta. Ni aún paseando minutos por meses acumulo rédito suficiente ni distancia, así me deje acompañar por los peatones verdes y rojos de los semáforos en su enfrentamiento lógico y sempiterno, entre el duelo bilocado que el trayecto raya como una playa peinada de oleajes. Se me acumulan las horas en el alfiletero claveteado de segunderos. No hilvano el viento cuando me atraviesa respaldado de sol. No alcanzo a retener los pensamientos que se evaporan de mi cuerpo como aquél que pierde calor tras correr desnudo por entre la nieve huyendo del sudor. Así y todo persisto en la inconsistencia del tiempo congelado en una foto o en un vaso, pasado que no enfría ningún refresco sin embargo, ni acompañan bien tanto que no recuerdo. (Besos inseguros, furiosos, que perdieron su sabor de caribe y malecón, por ejemplo). Guardo arrugados en un bolsillo únicamente, una reflexión incompleta, un dibujo inacabado y una piedrecita apenas con forma de estrella de mar. Recabo entretanto los pasos que me llevan por las conclusiones que saco a contratiempo. La luz motivada a motas, como la lluvia, por el paseo de la enramada del parque de cualquier ciudad, de cualquier país, de cualquier mundo y de cualquier tiempo que se vagamundea meditabundo. El invierno que no arrostra el dolor ajeno. No hay viandante bueno en los días en que tanta desdicha abunda, como malo sería un asolado que, placa triste a placa rota, desola. Mal pueden darse así los pasos que la visión vislumbra, que la razón alumbra como lo ingrato o siquiera como lo abandonado sin motivo ni razón. Así habrán de pespuntear las huellas del patrón informe de la existencia que se lleva, mal que bien, por estas mañanas de niebla. No hay paso entonces que no pese. No hay silencio entonces donde no hay nada. Nada que nos salude ni que nos salve. Nada, pues, para ahogarnos. Nada.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Futuro Simple
Muchos creemos que el futuro no existe. Hoy así, sin más, pues no quiero traer a este frente de líneas los conceptos de la filosofía del “nunca tiempo” y su presente eterno, sino la concepción clásica, común a gran parte de las civilizaciones dadas en esa parte de la Ciencia que llamamos Historia, y que entiende el tiempo desde el punto de vista lineal y el futuro, como el tracto de línea que aún no ha sucedido, que aún no hemos experienciado y que nada tiene que ver con la consideración que del tiempo hacen los físicos como cuarta dimensión. Hablo de la especulación, de la conjetura que es ese recorrido lineal aún por suceder y por último también hablo de una de mis frases favoritas, que es un viejo adagio chino que reza que la Constancia es más fuerte que el Destino.Todo esto viene a cerrar este año que agoniza y a alentaros y precaveros del año que entra y que nada bueno preconiza si nuestra actitud no es precisamente firme en el acuerdo y en la necesidad de hacer frente común, como mejor manera de que seamos un dique de contención ante tanta falta de contención. Vendrán los días imbuidos de religión, de karmas, de paraísos y fines del mundo, de auténtica y pura especulación basada en el miedo y en la superstición, la charlatanería y la incultura, vendrán los días de los titiriteros una vez más, de los prestidigitadores que chasquean los dedos frente a nuestra nariz mientras no roban la cartera con la otra mano. Pero, como quiera que todo es especulación, intento, bien pueden ser también los días de todo lo contrario, pues no somos sino nosotros quienes somos capaces de conjugar la palabra cambio, presente, sí presente, pero sólo cuando llegue, cuando forcemos que sea. Dado que el presente de alguna manera es presenciar lo que hay, se trata pues de hacer que lo que sea, sea de nuestro completo agrado. No hay más, que la palabra engaño no sea nuevamente uno de los vocablos más usados. Proponeos el salto, no nadar contracorriente o a favor, pensad en nadar hasta la orilla, en salir del río, en no conformarse con lo que se supone que nos viene dado, porque no es así. Somos todo aquello que exigimos. Exijamos, exijámosles.
lunes, 12 de diciembre de 2011
El mundo al revés
En el mundo al revés de repente hay un cambio de ciclo político, no volveremos a ver a todos aquellos políticos que ya lo han sido. De repente el sistema investiga y reprime a todos aquellos que no hagan bien su gestión, son escarnio público todos aquellos que afectan o atacan lo común, no se les suelta hasta que reparan todo el daño, luego sólo les quedará el aislamiento. Ni siquiera el gobierno es algo distinto a un consejo de sabios, que pregunta constantemente, que expone el plano de opciones que elegir por el ciudadano. No se aceptan los grupos de presión ni los grupos interesados, cada ciudadano ha de tener una idea y así ha de manifestarlo. En el mundo al revés la propia responsabilidad es un valor social. En el mundo al revés la gente paga sus impuestos y cobra según lo que trabaja, sin incentivos exorbitados, sin fraude, sin recortes y sin engaños. En el mundo al revés los ciudadanos deciden sus presupuestos y cualquier hombre es igual a todos los hombres. En el mundo al revés la educación, la cultura y la investigación triplican el presupuesto del ejército. En el mundo al revés la policía ayuda a los desorientados y la propia gente es policía de sus actos. En el mundo al revés el amor es un valor y la felicidad interior bruta un concepto nacional, como en Bhután. En el mundo al revés todos los días brilla el sol a través de la ventana del cuarto de baño y llueve sólo dónde y cuando es necesario. En el mundo al revés la tristeza sólo puede ser un estado voluntario, como el luto. En el mundo al revés la maternidad y la infancia se protegen como el tesoro nacional que son. En el mundo al revés la pobreza es motivo de vergüenza y motivo para reconocer que algo se ha hecho mal, por intolerable. En el mundo al revés tú y yo sólo somos tú y yo, y nuestros actos sólo serán actos de amor. En el mundo al revés estará prohibido que pueda existir un mundo al revés y tú, lector, lectora, me pararás por la calle para darme un abrazo y compartir conmigo tus pensamientos. En el mundo al revés simplemente no tendréis que girar nada para leer.
viernes, 25 de noviembre de 2011
S/T
No sé cómo decirlo. No sé cómo trasladaros cómo me siento o pienso en días como estos. Podría intentar justificarlo hablando de un concepto de tiempo al modo Heideggariano en sus Caminos de bosque y su concepto de tiempo en Ser y Tiempo, aunque quizás por inasible e inasequible, pues mal coliga con el día a día, no lo haré, pues si el contundente filósofo supo ver y presentar por primera vez en una síntesis extremadamente densa un conjunto de temas que formarán parte cordial de esa obra bajo la tentativa de una revisión absolutamente radical del concepto heredado de tiempo y con el hilo conductor ofrecido por la percepción de que el Dasein mismo, la existencia humana singularizada, es el tiempo. Él nos hace ver aquí, “en forma de tesis”, estructuras que la analítica del Dasein se encargará de explicar con agudo detalle: el “ser en cada caso mío”, el encontrarse, el ser-en-el-mundo, el ser-con-otros, la posible cura, el procurar y el trato, la auto-interpretación del Dasein y la significación cardinal del habla, la cotidianidad y el “uno”, la Unheimlichkeit, la conciencia, la diferencia entre el ser-temporal, por decirlo de alguna manera, performativo y el ser meramente presente, Vorhandenheit, la temporalidad propia y el privilegio del futuro, el ser-hacia-el-fin, la historicidad, la radicalidad del preguntar y la repetición transformadora de la pregunta misma; del “qué” al “quién”, a través del “cómo”. Pero, ¿para qué?, si el cúmulo de experiencias, preguntas y sensaciones fruto del estudio y de la propia experiencia no recaba fidedignamente todo aquello que nunca podrá ser expresado por las palabras así sea medible con una clepsidra o un reloj atómico. Nosotros, los hombres, las víctimas del tiempo como relojes apresados en una jaula, jamás podremos apreciar externamente lo que dura el lapso de tiempo detenido que contiene sostener una mirada llena de amor o acaso el primer cruce de existencias en cámara lenta en que, de soslayo, te hace desear no ya el presente, sino también el futuro con esa persona que se te presenta tan atractiva en tan diversas formas y siendo también, toda ella, tiempo. La trampa en esto que digo es que no somos unos observadores ni fiables ni estables, que nuestra estupidez nos hace ser y otras simplemente no. Por eso corro tanto y no llego nunca a ningún sitio en estos días tan relativos.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Lo que la mañana hiela
La niebla suena a piano y a media voz alrededor de un brasero en el día en que volviste, también tú, como la lluvia. El frío es menos frío al calor del propio regreso a la memoria desde lo que uno ha venido a ser, quizás debería decir convenido, y también desde los días inciertos que desenfocan caras y tuercen los mínimos detalles de un recuerdo. Por lo tanto, decir todo aquello que mis brazos no cobijan no será hoy un acierto. Menos aún en el preciso momento en que Miles Davies trae desde sus labios Autumn leaves para contrarrestar tanta estupidez y la lástima que se siente cuando uno está cansado o sin expectativas. No es ese del todo mi caso hoy, he de reconocerlo, es sólo que ciertos estados físicos, orgánicos, tienen su propia memoria y al revivirlos, nos hacen revivir con ellos la primera vez que sentimos que eso que estaba pasando se debía algo muy concreto, tan concreto que queda fijado incluso como concepto, de ahí que no sea evitable no traerlos a la memoria de la mano de esos estados de los que hablo. Estados sin gobierno alguno, por otro lado, ya lo he dicho y ahora me repito. La sola observación de uno mismo da para escribir demasiada vida, aunque no sé si útilmente, pues si uno es su propio objetivo y, aquí agradezco la virtud polisémica de muchas de nuestras palabras, cómo ser, sin embargo e irónicamente, objetivos. No hay virtud en esto que digo, a más de ser testigo de la fragilidad de las ideas por el simple hecho de tener frío, pasar hambre, o recordar en un suspiro otro, así sean dos alientos bien distintos en el cuerpo y en el tiempo. Lo curioso de todo esto creo que es que, por imperfectos, vamos tendiendo hilos por nuestros propios laberintos y como todo asidero. A veces al encontrar un nudo creemos que ese tramo ya lo hemos recorrido, sin embargo siempre nos quedará la duda: ¿es este mi hilo? ¿ya lo he vivido?¿porque lo pienso lo revivo? ¿Por qué pienso me redimo? ¿vivo? ¿acaso vivo?
viernes, 4 de noviembre de 2011
“EnREDo (no)”
No encuentro el link para desnudarte. Tampoco tu puerto usb. Olvidé guardar en favoritos la dirección que me lleva a tus páginas, no sé si abiertas o cerradas. Me temo que apenas queda batería, ni siquiera la conexión a Internet me funciona bien. Pulso enter una y otra vez, no sé por qué. Control alt y escape no me llevan a ningún sitio, no abren ventana alguna a ti. Será que no sé digitar lo que no existe si no es en modo virtual. Pruebo con los cables que se vierten desde la mesa del estudio. Apago y enciendo el ordenador. Reinicio una y otra vez y vuelvo al mismo sitio, claro, reinicio. El router tilila sus ruiditos sin ningún resultado, a más de pequeños gruñidos que le hacen parecer un fax constipado. No hay rastro de ti, ni documento que pueda recuperar. Miro fijamente la pantalla como si al hacerlo rígidamente pudiera alterar la pantalla en blanco. No hay iconos en mi escritorio, me temo que tampoco en mi vida. El tecleo tartamudo me lleva a percusionar simplemente por el placer del ritmo y para diluir la palabra impaciencia. Aparece girando un reloj de arena entre tanta tecnología. Me viene a la cabeza la palabra ironía y a las comisuras una leve sonrisa. Ahora asumo que cerrar la pantalla es hibernarnos, suspendernos en modo indefinido. Dejar para la mente lo que antes era para un solo sentido. Pruebo nuevamente con las letras que componen tu nombre, alterándolas en uno y otro sentido. Añado números, caracteres a lo que, a lo mejor, nunca ha sido. Pongo punto com y punto es. No es, ahora lo sé. Decido dejar de buscar lo que por virtual, se ha convertido en un acto fallido. Esperaré a que vuelvas a encontrarme; a decirme: “Sé quién eres, me gustas, te sigo”.
sábado, 29 de octubre de 2011
S/T
Navegar por Internet es a veces ir a la deriva, así, no sé cómo, de repente me he visto leyendo un crónica absolutamente extemporánea que relata un desplante, así lo narra el columnista, de Diego el Cigala en un crucero de lujo por el Caribe. El resumen es que en pleno concierto se levantó y se fue molesto por la absoluta indiferencia del público asistente, más preocupado en hablar entre ellos en voz alta, yendo de un sitio a otro despreocupados o sentados simple y ruidosamente de espaldas al espectáculo. Es una crónica enervante no sólo por la colección de tópicos y pre-juicios, sino porque pretende decirnos qué es lo correcto obviando que hay valores de conjunto que están por encima de hechos, que cogidos así, aisladamente, incluso pueden parecer ciertos de nos ser tendenciosos y maniqueos. Es ya inaceptable que la gran mayoría ni tan siquiera se moleste en hacer el mínimo esfuerzo en aprender,- se gasta la misma energía, el mismo esfuerzo, hablando bien que mal, siendo educado que no siéndolo-. Lo mínimo y más correcto que pudo hacer Diego fue entender ese mensaje e irse. Aún así, tocó, por lo visto, casi una hora. Otros habrían aguantado menos ¿qué tipo de ciudadano es, cuando la gran mayoría de sus compatriotas estrechamente sobreviven, el que tan despreciablemente se abandona, nos abandona rompiendo todo pacto social?¿todo vale? Si eso es así, Diego debería haber abofeteado a alguno poéticamente, debería haber escupido al suelo con desdén, del guitarrista podría haberse esperado que quebrara en sus rodillas la guitarra entre lágrimas, que se marchara acusándoles con el dedo. Hubiera sido justa, ahora lo pienso, una partida en mal estado de langostas y que, tras la escena anterior, presenciáramos otra en la que el público, indispuesto ¿de hedonismo?, comenzara a vomitar desconsoladamente, resbalando y patinado para caer en un enorme tollo orgánico, haciéndoles sentir como en casa. No sientan esto que digo, decidan si están de acuerdo o no, pues yo, como Diego, también navegando e influido, sólo encuentro en mis bolsillos la palabra desahogado con que teclear esto que escribo.
viernes, 21 de octubre de 2011
“Hoy se habla de paz”
Éstos son unos días que escriben nuevas páginas en las entrañas de la palabra Historia, para abrazarnos un poquito más aliviados, para recordar que podemos estar, cuerpo a cuerpo, tan cerca de compartir un jirón de la armonía que tanto echamos en falta, del deseo de la bonanza, de la tranquilidad, de la libertad que tanto se añora cuando no se tiene. Hablo de la paz y vengo a blandir ahora las palabras. Hoy, ayer, el otro día, de repente un rayo de luz ha convertido la palabra “definitiva” en la posibilidad de mutar en la palabra “duradera”, en la posibilidad también de matar, apenas así sea un apenas, no sólo a la angustia que demuda, sino también al propio verbo matar y hacerlo, además, conjugado con la palabra esperanza y no enjugado, como siempre, como hasta éstos hoy, con la palabra lágrimas. Sólo puedo desear que en cada uno de los siguientes días que caminan hacia el futuro, éste sea un nuevo rayo de luz, de luz que, sempiterno, saje, dándonos un respiro, la niebla terrible que nos atenaza implacablemente desde hace ya demasiado tiempo. Luz, Razón, que no puede ser derrotada por la oscuridad egoísta y unilateral si cuenta con nuestra ayuda. Luz, Razón que, pues somos humanos, debemos abanderar como signo distintivo. Hablo, aquí, hoy, ahora, de inteligencia, de amor, de serenidad, de conciencia, de equilibrio, de honor, de ética, de moral, de bonhomía, de pundonor. Sólo así puede el hombre imitar detener el tiempo, encarcelarlo en la palabra Paz.
Aún con todo recuerda, querido lector, que Libertad, Fraternidad, Justicia, Amor, Respeto, son sólo frías palabras hueras si no tienen tu corazón.
viernes, 16 de septiembre de 2011
“Vida”
Sucede que llegan épocas en las que la muerte llega a ser algo cotidiano y empieza así su rutina; se mueren allegados, gente cercana, amigos con los que incluso has hablado la tarde antes, a millones en la prensa escrita, en las radios. Comienzas así a desfilar por los filos protocolarios: “ pues en mi pueblo, cuando muere alguien, todos andamos de puntillas una semana”, y con otros, “ mira, fíjate en la Angelita, la de tío Genaro, no llora lo suficiente…”, “ ¿Quién es ese que llora tanto? Terminas adoptando un aire severo ante la inasibilidad de la muerte, como si te importase la más lejana circunvolución del cerebro cósmico, cualquier organismo mínimo de todo el orbe. Haces tuyo el monosílabo y respondes afirmativamente, sí, sí, claro, claro, vaya, ajá. Eres un ser mecánico con cuatro respuestas garantizadas. Así van corriendo las gotas en la clepsidra. No son más halagüeños los telediarios. Acabas poniendo el fondo negro en el ordenador y escribiendo con letras blanco lápida sin saber muy bien por qué. Si fueras pintor sólo pintarías calaveras y esqueletos como seres vivos por tan constantes a tu alrededor. Harías maternidades, alegorías, retratos de la muerte con mirada de pintor costumbrista, captarías el momento y a veces el detalle escondido, al acecho. En definitiva, todo esfuerzo es vano y por tanto, cualquier cosa es válida. Puesto que de la ecuación siempre se obtiene el mismo resultado, cómo no llevarnos por la vida, y nunca mejor dicho, con mayor compromiso, con mejor entrega, parece que no sobra decirlo, no se trata de existir por existir, tenemos que vivir de una vez por todas, sólo el que respira puede. Es el día en que debemos romper el espejo a través del cual nos miran desde nuestros ojos. Hoy es el día para gritar que si existe la palabra enfermo, si sólo es cuestión de tiempo, debemos incluso arrimar el hombro y ser solidarios en el intento, contemporizar en el duelo. Asumir que, pues somos vida, también somos muerte. No podemos permitir que la palabra víctima dé la mano, además, a la palabra enfermo. Es imperdonable que lo que somos no contenga la palabra intento, lucha.
Vive, no existas, ya habrá tiempo de estar muerto.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Homo homini deus est?
He estado leyendo a Feuerbach y me gustaría reflexionar sobre cómo el hombre manipula más allá de donde alcanza, cómo efectivamente cualquier lectura es tendenciosa y cumple con un fin predeterminado, cómo es relativo todo y cómo el hombre fue acotado en el análisis que de él hacia Feuerbach. Para quien no es Dios quien ha creado al hombre a su imagen, sino el hombre quien ha creado a Dios, proyectando en él su imagen idealizada. El hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en él sus deseos realizados. Así, enajenándose, da origen a su divinidad. Pero, ¿por qué lo hace? El origen de esta enajenación se encuentra en el hombre mismo. Aquello que el hombre necesita y desea, pero que no puede lograr inmediatamente, es lo que proyecta en Dios. La palabra Dios tiene peso, seriedad y sentido inmanente en boca de la necesidad, la miseria y la privación. Los dioses no han sido inventados por los gobernantes o los sacerdotes, que se valen de ellos, sino por los hombres que sufren. Dios es el eco de nuestro grito de dolor. De la misma manera gobernantes y sacerdotes han leído sólo su lado. Feuerbach califica de giro decisivo de la historia al hecho de que el hombre reconozca abiertamente que la conciencia de Dios no es más que la conciencia de la especie. Homo homini deus est. Cuanto más engrandece el hombre a Dios, más se empobrece a sí mismo. El hombre proyecta en un ser ideal – irreal- sus cualidades, negándoselas a sí mismo. De este modo, reserva para sí lo que en él hay de más bajo y se considera nada frente al Dios que ha creado. Así lucen las ideas que damos por razonadas, sin embargo y ciñéndonos al tema, hemos de afirmar que no parece posible renunciar a la tarea de determinar cuál es el límite de la racionalidad y qué comprende ésta. Hay tantos interrogantes que no sé si es posible dar cumplida respuesta. Aún después de tanto todo, que dijera José Hierro; tanto todo para nada, no puedo evadirme del hecho cierto que es que, lamentablemente, el mundo,-así lo creo-, no es redondo para todos , aunque el cielo, palabra infinita de sueños y anhelos, nos dé cobijo a todos.
jueves, 1 de septiembre de 2011
“… sobre el regreso”
En el ánimo impuro de unas manos que no retienen nada nuevo, es quizás el alba lo que anuncia una vez más que no hay futuro. Agua que corre por entre los dedos.
Es la propia vida, vida, la que cristalina se escapa, apenas un fluido donde luego sólo será, evaporado, humano aliento.
Sustento lábil de unas alas sobre la mar océana, rizos azules que el viento, sí, el viento desala y desarma en un nuevo rompecabezas.
Vuelo al sol, ridente y descarado, que al pobre Ícaro poseyera en giros giróvagos y decadentes, cadentes, candentes, sólo somos los nietos sempiternos del infortunio, tan desalados, tan desamados de puro sol.
Así, como las manos que nada más que fierro aferran, afean los anhelos errados que la hiel ni esconde ni soterra. Demasiados muertos para la espalda que se doblega. Malas huellas para una playa anegada de petróleo.
No son los desaires ni las pavesas que el viento eleva tras cualquier pensamiento impuro, de incendiado el ánimo, perdida la casa, la vida, la estela.
Humo. Sólo humo que al respirar atosiga, solo soplos contaminados de egoísmo avariento. Así se divisa desde la colina de mi alejamiento.
Nunca tuve la capacidad de soñar dulce, sino amargo como la propia vida misma.
Pese a todo, soy adicto a las palabras que me retienen en estas horas inciertas y en esta mente débil. Las mismas palabras que, sin dueño, nos poseen ellas a nosotros, nos parasitan así no conozcan la niebla.
Para no perder la costumbre, comencé escribir cuando más llovía, atrás quedaron los miles de kilómetros recorridos en un solo verano, atrás las ganas de huir, ahora sólo sé que todo sigue igual y que este texto ya se ha terminado.
miércoles, 20 de julio de 2011
“Ego sum bulla”
Las alas que el viento eleva. La mar océana que se retira y se desala. Mientras tanto yo, nada de nada. Apunto sin mirilla y sin temblor. Avanzo tan rápidamente como me permiten mis escrúpulos. Dejo atrás cadáveres automortificados mientras avanzo, sudo y me río. Del-i-rio, sí, de lirios el río. Los días que el cuerpo no habita ningún hábitat. Las noches que el cerebro vigila sin vigilia. El color insípido de las horas. Los minutos sedientos, sedentes. Los segundos untuosos e incorruptos. Demasiados pasos que no dejan huella alguna en el asfalto. Apenas una sombra rauda que atraviesa demasiados escaparates. La sorpresa de encontrar demasiado sexo en un cuerpo laxo, en un brazo tatuado de mariposas que quien sea acaricia. Pienso en su meta-metamorfosis: capullo-gusano-mariposa-gusano-tierra, no sé por qué, aunque así acabamos todos, carne que la tierra acoge en otras vidas tras tanta vida como gusanos. Nada sabe la filósofa de lo soñado, tampoco la escritora, quizás sí la música. Sólo una sabe que soñando hablo, mucho, quizás tanto como cuando no descanso. Leo compulsivamente demasiados libros a la vez y oigo sus voces, es tal el frenesí que los retuerzo entre estas mismas manos que escriben que escriben, que describen hartazgo, violencia, cansancio. El tiempo pasa tan rápido mientras tanto, me siento como un avestruz cuando me encierro y leo, cuando leo mi encierro y hasta cuando cierro el libro y ya no leo. No hay quién lo entienda, lo sé, el agua no hierve cuando se la mira atentamente, no pasa a verde el semáforo si es eso lo que se espera. Me viene a la mente ahora Sloterdijk, quizás por haber pensado en burbujas o, quizás por ser éste un pensador descomunal, o por haber llamado científico melancólico a mi admirado Adorno, quizás porque leo demasiado y se me indigesta por falta de reposo y quizás de poso, quizás sí, quizás-quizás. El ruido del ordenador como toda música, suena el tecleo tartamudo como compaña a mi empeño y tú, lector, no tienes ni idea de lo que estoy diciendo. Todo comenzó con un aleteo en la justa tarde injusta en que el tiempo ha sido puro regodeo y así, infausto, sediento, asolado, sólo un último golpe más y un último adagio inventado en la espera de que estalle su fragilidad en el espacio, pues sí: Soy una burbuja.
viernes, 8 de julio de 2011
“Hoy”
A menudo me pregunto si hay algo que nos salve. Indago en los resortes que llevan a un hombre a inmolarse, pero también en lo que hace que alguien pueda dedicar su vida a los demás. Estudio qué nos hace comunes a los hombres a pesar de la cultura o de la propia civilización. Intento entender por qué un adolescente en cualquier punto del planeta sonríe y se sonroja al oír la palabra sexo, o por qué se hace piña sin premeditar ante una injusticia intolerable. Intento entender si existen razones inapelables que puedan ser usadas para la unión de todos los hombres, si hay algo más allá de la conciencia o de la moral, de la ética particular aprehendida, si en verdad hay algo que nos salve.
Se me antoja particularmente difícil que con el estado actual de las cosas en el mundo, pueda haber un movimiento coordinado o siquiera una voz al unísono que salga en defensa del propio hombre, de la pobre raza humana. No soy capaz ni tan siquiera de especular, de recrear una situación en la que de una vez se dijera basta mundialmente, que se dijera basta a la desigualdad, a la injusticia, a la avaricia, a la guerra, a la destrucción, al hambre, a la incultura, a la estupidez, a la pobreza, a la envidia, al engaño, a la mentira, a la idolatría, a la irrealidad, a la imprudencia, a la pereza, a la contaminación, al odio, a la indolencia, al desequilibrio, a los privilegios, a la superstición, a la esclavitud, a la opresión, a la explotación, a la irresponsabilidad, a todo aquello que escribe con sangre, hoy, la palabra hombre, humano.
Quiero entender por qué vestimos ropa y calzado cosidos por las manos explotadas de niños muertos, por qué devoramos comida importada, recolectada por tantas vidas hambrientas que a nadie importan, por qué lucimos joyas, tecnología o bienestar con baño de sangre, por qué consumimos tanta opresión, tanta injusticia, tanta vida humana en nuestro presente.
Necesito creer que no somos la muerte que todo lo arrasa.
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