Hay palabras que no encuentran el destino con facilidad y tonos que derrumban amistades. El amor es eso con lo que nos engañan pasteleros y predicadores mientras hacen caja. Dudo que quepa la quinta parte de un sentimiento en una palabra, aunque ésta sea quintaesencia. El dolor sólo se escribe con una única y particular gramática que desoye todo lo que no es el ego. Ego sum. Por desgracia nadie puede evitar ser malentendido cuando el otro sencillamente entiende mal o ni siquiera entiende. En las palabras no caben dos pensamientos al mismo tiempo. No te quiero si te lo digo y tampoco te engaño, amor, cariño ¿cómo te sienta como me siento? Amistad es una palabra donde cabe una cama, amiga que me buscas y me llamas y te llamas como otras tantas siendo única. Decir que te deseo es un deseo donde cabe un cuerpo y no sé si un proyecto, has de saberlo. Decir olvido es traerlo al recuerdo. Quedar contigo no es quedar precisamente. La palabra comida carece de sabor. Ya sabes que no podemos comernos la palabra hamburguesa. No alimenta la palabra alimento. Pecho, teta, seno, nada saben de tu olor, de tu tibieza, de su ir y venir entrecortadamente entre las sábanas que caben en la palabra sexo. La palabra casa no describe donde vivo, ni donde vives, ni aloja bien a la palabra alojamiento. Perder el juicio asusta a cualquier hombre, y más aún al abogado. No me tengas en cuenta este paso a paso entrecortado, no numeres mis desaciertos ni sumes todo aquello en lo que yerro, no expresaran lo que expreso o malentiendo. No soy tu amante cuando no te amo exactamente, amor, no te engaño. Mentir es el abuso absurdo del lenguaje por los cobardes. (Recuerdo a una, aunque no tenga nada que ver, o sí, que mentía considerablemente para no engañarse. Era mala, muy mala, es una lástima que le quede tan corta esa palabra plagada de peces muertos, de deshonra y molicie estriada de complejos, nunca encontré justa, ajustada, un palabra que contuviera ese frenesí degenerado de conceptos en crisis y de autotormentos).Cuento el cuento. Vuelvo. Vuelvo a las palabras que un día provocaran tanta sangre derramada y que robaran a muerte los pensamientos. Desahoga la palabra océano y me asfixia la palabra soga. Retahíla tiene las letras puestas en orden y la palabra concierto ha puesto las suyas de acuerdo. Aquí voy yo en tintineo, cuando luego me veas lectora, (lo siento lector: te aguantas una semana Josefo), no menciones lo que he puesto como si te hiriera aquello donde realmente no acierto ni pienso. ¿Qué no me entiendes? Tampoco yo te entiendo. Dime hola, si estás sola y si quieres, o, mejor, dime simplemente hola ¿quieres…?
viernes, 23 de octubre de 2009
miércoles, 21 de octubre de 2009
Desdesaliento
Quizás las horas. Quizás todo o nada. La mar, la tierra entera demudada. Quizás los surcos de un arado demasiado viejo. Quizás tú o yo, conciudadano, en el mismo intento. Quizás tu sombra o la mía sobre un pálido reflejo, o todo o nada. El orbe no pretende ser un huevo huero. Así se muestran de opuestos los amigos ante el desafío, hombro a hombro y a fierro. Así como el mismo tiempo socava las horas en el decomiso constante, ininterrumpido, que es el tiempo. Estas calles de Cáceres rellenas de remendones no son un consuelo. No me importa hoy el otro asfalto, el que no piso, no lo siento. El plan E quizás sea la peor idea desde que se descubrió que ya fallaba el primero. Apolítico soy, por descreído, y por eso no es eso lo que intento, pero ¿quién se está llevando el relleno de los huecos en todos los agujeros del universo? ¿Qué se supone que dejaremos atrás cuando nos hayamos ido? Aires son estos de destierro. Fuga de ánimos y aliento. ¿En cuánto declive es capaz de sostenerse el propio desequilibrio? ¿Cuánto falta para la próxima revuelta?¿Cuándo comenzará el Telediario con el carrusel de muertos? ¿Cuántos vivos toleraremos volver a verlo? ¿Cuántos armisticios serán polvo o nada, de nuevo?¿Cuántas guerras nacerán de las primeras páginas de los periódicos en blanco rojo y negro? No oigo ruidos ni recuerdos que por sí mismos no se hicieron, sin embargo ¿es necesario que toleremos volver a ver lo que ya sabemos que acaba en entierro? Hay un gran problema en el mundo entero y me temo que en unos años presenciaremos un gran enfrentamiento. Demasiado grande como para que no estemos atentos. El desequilibrio mundial hará que todos saltemos, no de alegría, sino por los aires ¿cuántos os quedaréis para verlo? El debate ya está abierto tenéis que saberlo. Ya se están escribiendo las grandes páginas que serán utilizadas para justificar el despropósito de una guerra que sólo conseguirá créditos para los banqueros. Ya se están redactando en las universidades los recortes de derechos, el reparto del huevo huero que nosotros sí pretendemos. Sabedlo. Por suerte aún quedan aulas donde se cuchichean deseos de un mundo nuevo y se fabrican herramientas para levantar los cercos. Hay hombres, leed también mujeres pues no hablo de género, que aún a pesar de todo, pretenden aún hoy serlo. Sufriremos. Acabaremos sufriendo. El hombre libre no está libre de peso ni de recelos. Sísifo es nuestro padre y ciego, nos guía en su ascenso.
martes, 20 de octubre de 2009
Hoy o cualquier mañana
Acudo hoy a la página en blanco determinado a hablar de lo cotidiano forzando así lo retenido, lo que se aferra fuertemente con unas manos temerosas de perder lo que quizás nunca se acabó poseyendo, lo inestable de lo cotidiano en un giro inesperado. Tanta tribulación, tanto desasosiego, tanta mar picada, naúfraga de soledad, tanto batirse a solas en duelo. Los recuerdos son papeles amarillos cumpliendo exilio. Ecos de voces que migran a la reverberación crédula de las paredes, anuncio de su impronta. Todos los hombres deberían haber visto , al menos una vez en su vida, sus propias huellas desapareciendo en la arena de cualquier playa aún a pesar de su inconsciencia, de la inconsistencia de su sombra enarenada, del vaivén disciplinado de las horas y de las olas. El suelo sin más se extiende hasta el horizonte y acaba partiendo el cielo. Es la hora de los pasos que nos llevarán hasta donde todo acaba en un nuevo finisterre, hasta el punto en que todo cae en perverso regodeo. Las palabras entonces no sólo no sirven, sino que danzan en ritmo estúpido y discordante. El hombre no puede soportarse así mismo y descompensa celoso el medio, mientras viola a las flores e injerta, uno tras otro, vertederos. Quizás el último pájaro sobrevuele nuestros cementerios en vuelo ridente y desesperado. No es hora de que la furcia se ría de la palabra fusiforme. No hay decálogo para aquellos que no saben contar, ni calendario para los que se niegan a hacer más. Horada la caterva ruidosamente la posibilidad de salvar algo, picando de viruela los ánimos y expirando desaliento. Hablar entonces es teclear la palabra críptico. El tiempo salta de tecla en tecla entretanto. Escribir no es sino hacer como que uno está trabajando, midiendo el tiempo o la oscura luz de los días, mintiendo a los ecos que rebotan cuchicheos. ¿Cómo escribir lo que justo en este momento se está escribiendo, hola, y que tú lees? ¿está ya hecho?¿qué crees? Lo que comienza es hijo del fin. No podemos por menos, más que seguir en el intento, pretendiendo cielos negros o féretros envasados al vacío y teniendo al día sus impuestos. Basta ya. No es fácil repercutir odios ni sentimientos, devengar desprecios, rebajar lo que está por los suelos. Toneladas de ladrones abundan en el campo y en los coches, esquilmando eriales , robando panes y dándose aires. Lástima de ideales infumables. El agua es mucho más que un pobre anuncio, el Tajo lo sabe .Hoy es un día extraño, palabra rara de la que me acompaño eludiendo así enfocar mis dedos o mi pensamiento. Me dejo llevar por los ojos que entrecierro imaginando lo incierto, todo lo que arguyo no eres tú. Me alegro de y por mis amigos. Manuel y Montaña van a ser padres de un árbol que aún no tiene ni pies ni dedos. Josefo, aún te debo un texto.
lunes, 19 de octubre de 2009
Ay
Ay, que lástima de aventura química sinsentido la vida humana, diría Manuel Vicent. He visto cómo duele al hombre la vida desde antes de haber nacido y aún más, cuando ya se es, cuando ya se está respirando, cuando ya ha comenzado la oxidación que iremos arrastrando poco a poco, entre risas y llantos, entre amores imposibles y desencantos, entre todo lo que nunca seremos o nos está vedado, lo que no veremos, lo que finalmente seamos. La vida que duele hasta el suicidio, cuya actitud, talante, opción, decisión, arrastre, como humanos, hemos decidido. Occidente está repleto de suicidas. La inteligencia que no digiere bien la realidad puede decidir volverse loca o simplemente suicidarse, tal es el dolor, la desazón, la inexplicable bajada de manos que supone no ver ninguna otra alternativa posible. Es curioso, Oriente sin embargo se suicida poco y cuando lo hace,- de acuerdo, salvemos que existen muchos casos concretos, pero entiéndanme, quiero hablar de la actitud, del mecanismo mental y ambiental humano-, decía que en oriente se suicidan por culpa del hambre, de la desesperación; por pura pobreza. En occidente nos suicidamos porque no es insoportable nuestra sociedad, no por hambre, sufrimos ante la realidad que hemos construido y que creemos que nos margina o que no nos contempla. Hay una relación directa con el grado y modo de desarrollo de una cultura, de un pueblo, y el suicidio. La gran diferencia del aspecto que quiero matizar, radica en que en oriente descubrieron la meditación, y aquellos pocos ciudadanos suficientemente inteligentes como para ver, para entender las causas del horror cotidiano, para apreciar cuánto erramos los hombres inmotivadamente ( no por el hecho de errar, sino por no saber sacar nada en claro de ese error),para ver cuánto luchamos hasta el agotamiento contracorriente, cuánto nos equivocamos dirigiendo y reconduciendo las conductas, cuántas mentes manipulamos con la educación que nos han impuesto o que imponemos, con la filosofía o religión que haya tocado defender en cualquier geografía concreta. Meditación que no está en nuestro arraigo cultural y que habría ahorrado mucho sufrimiento a Wittgenstein, a Proust, a tantos, a tantos, habría quitado tanta tontería suprematista a un genio como Heiddegger. Perdón, debo volver a pensar en todo lo que he dicho, la radio acaba de radiar mientras estoy escribiendo esto, que un hombre se ha suicidado porque no podía pagar la hipoteca, regentaba una escuela de yoga.
viernes, 16 de octubre de 2009
A Honduras; a cualquier hondura…
Hondas honduras convergen en el abismo,
en los hondos abismos donde restallan las hondas
y entrechocan los cadáveres salpicando de ecos las honduras,
en la larga noche perfumada de muerte que se marchita.
De ordenado el odio o el silencio atenazado, afrenta de rabia
al desordenado caos del ruido desordenado.
No llega la luz a esta caverna, ni reptan,
por lo tanto, las sombras por entre los huesos.
Giran giróvagos mientras tanto los buitres negros.
Son las ocho y cuarto o las tres y media,
así corren los regueros;
Péndulo son en un calendario relleno,
cualquier hora es una hora muerta
en estos días en que las botas y los ladridos
resuenan en las cabezas abiertas o en cualquier tipo de herida;
en el día en que ningún gobernante es bueno,
llora arrodillada la vergüenza su destierro,
en el confín último de su hondura.
jueves, 15 de octubre de 2009
Hablemos hoy del calentamiento global de mañana.
Hablemos hoy del calentamiento global de mañana. No hay pruebas empíricas suficientes que determinen la relación causal existente. El único marco normativo internacional suscrito por 170 países en 1997 estableció la entrada en vigor del Protocolo de Kioto, (que pretende reducir las emisiones de CO2 con un sistema escalonado de cuotas), para el 16 de febrero de 2005 y de finalización en el año 2012. Si se aplicara en su totalidad, sólo reduciría las emisiones planetarias en un 0,1 %. Países como Estados Unidos, se negaron a firmarlo o ratificarlo (ya lo adelantó G.W.Bush en 2001) porque el coste de reconversión de su industria, en este caso, sería tan alto que encarecería todos sus productos, haciéndoles perder competitividad. Europa se apunta el tanto de la visión humana, positiva y ecológica: también mienten bellacamente. Debemos hablar, y me molesta hacerlo, de que la culpa es del imperialismo capitalista. Por primera vez un acuerdo internacional de la entidad del protocolo de Kioto deja en manos de las grandes multinacionales la gestión de sus propias emisiones contaminantes, ¿entendéis el absurdo? Cuántas multinacionales encarecerán sus productos por culpa de una reconversión que jamás los hará más competitivos contra un país como Estados Unidos o China. Los primeros pasos europeos, y detrás el resto, han sido crear un Bolsa, un parquet de CO2, en Holanda, y un gran banco comercial en Gran Bretaña que lo sustente. Se ha fijado un sistema de cuotas tan bajo que no es rentable, con lo que ninguna empresa los compra, utilizan simplemente su influencia para comprar los excedentes de cuotas de países en vía de desarrollo que no polucionan lo suficiente, con lo que se sigue polucionando lo mismo, si no más. No hay esperanza. Tal y como yo lo veo el problema es el marco jurídico que lo sustenta comenzando por las democracias, sistema éste que está en la actualidad en el debate filosófico internacional, en el ojo del huracán que lo señala y tinta de clamoroso fracaso. Acordaos de esto: LA DEMOCRACIA HA FRACASADO COMO SISTEMA. Necesitamos un nuevo tablero de juego porque nos estamos devorando a nosotros mismos. No se si cabe una revolución en esto que digo, pero se constata en el día a día la necesidad del cambio inmediato. Conrado ha publicado en Facebook que los 8,4 billones de dólares comprometidos por los países ricos para salvar a sus bancos de la crisis serían suficientes para acabar con la pobreza extrema durante 50 años, según Oxfam. Yo sólo puedo publicar que cuento únicamente con 429 palabras para parar tanta miseria. Lector lucha y piensa.
...en El Cali...
miércoles, 14 de octubre de 2009
Las palabras
Las palabras. El viento que sopla sobre tu cabello meciéndolo al son con que los siguen mis ojos. La misma ciudad. Las horas distantes y distintas en que el atardecer es esa hora feliz en que nos miramos a los ojos y nos vemos limpios y nos sentimos livianos. Hay días en que todos lo problemas caben en el pedazo afilado de destiempos de la cáscara diminuta de un pipa, idéntica marca o huella a la de una uña clavada en la piel, con deseo o sin él o recién cortada, que tanto da. A veces es la propia luna la que aparece en esa forma de paréntesis. Hay noches en que sueñas a mi lado con esa mueca en tus comisuras, pequeña, es sin duda tu deseo el que pronuncia mi nombre que, aunque inconsciente, me reclama. Hay noches en que con eso ya todo es suficiente. Todo cabe en la arruga de la sábana, en la huella de una nuca sobre la almohada. En la frontera tibia que queda tras tu cuerpo emigrado de la tela blanca. Sin nacionalismo invado tu feudo. Es en ese momento en que me siento satisfecho de lo que tengo y que solamente se circunscribe en ese cuadrilátero tierno. No importan las categorías con las que pretendamos inducir a error, no creo en ninguna de ellas. Lo que es, no es reflejo de lo que se ve. Es entonces cuando comprendo que nada tienen que hacer los que sólo piensan en dinero. Es así como veo el poder candente como un fierro, no hay mano que, asiéndolo, no pague demasiado caro su precio. ¿Solo podemos quejarnos o nos dan rienda suelta para que acabemos con ellos? Sí, con ellos, con todos aquellos que detentan la capacidad de decisión que le ha confiado el voto de tanto crédulo. Puede decirse de muchas maneras, para eso están las palabras, para hablar de una amada o defenestrar a más de un cabestro. El viento sopla, ya lo he dicho, pero no trae vientos de cambio, no huele el aire a mejora, sigue oliendo a viejo, a cadáver, lamentablemente nada que ver con el surrealismo o lo exquisito, me temo que aquí lo muerto, para variar, no dará paso a lo nuevo aunque ya me consta que así lo veremos. La semana pasada me pesaban las palabras en la boca por tan llena de malestar, apenas creo que se me entendiera al estar refunfuñando, hoy, también cansado, sólo quiero acostarme y dormir al lado de ella, ir marcando con los dedos el paso fiero de un ejército imaginario por su cuerpo, prometiendo una conquista segura y con avenimiento, siguiendo mis propias huellas en silencio hasta donde no profundizan las palabras. Las palabras.
A la Candidatura de Cáceres como Ciudad Cultural Europea en 2016
DESEOS O QUEHACERES a las 20:16,
o sobre la ilusa pretensión.
.- Que no caguen los perros en las calles, sino en las bolsas de sus dueños con microchip.
.- Llevémonos la Cruz de los Caídos al cementerio, porque ya va siendo necesario que nos levantemos y tratemos igual a todos los muertos.
.- Que cada pintada innecesaria o garabato firme el recibí de una multa.
.- Que haya paredes que sí puedan ser pintadas.
.- Que haya bicicletas que puedan ser alquiladas y compartidas.
.- Que ganemos en paseos y perdamos en zona azul.
.- Que cada esquina porte un cartel donde cada uno pueda expresar su parecer.
.- Que podamos gestionar todo nuestro presupuesto para que el empresario no convenza o regale al político, sino al ciudadano.
.- Que podamos tener abiertos los bares y cada uno administre su suerte.
.- Que se subvencionen recintos céntricos gratuitos donde disfrutar conciertos.
.- Que el Ágora sea tan grande que todos quepamos y compartamos y cantemos, bailemos o hablemos sin hora ni horario.
.- Que se proyecten por la ciudad todas los noches cuadros de nuestros pintores, cortos, películas o documentales.
.- Que los constructores no elijan ni a dedo ni con tan poco criterio las esculturas que son nuestras, que lo haga un consejo especializado.
.- Que se puedan decorar los autobuses urbanos.
.- Que un ídolo de madera no vuelva a ser Alcalde y que, si los es, ocupe la mejor vitrina de nuestro mejor museo.
.- Que haya un premio anual para el mejor ciudadano.
.- Que quién vaya a girar a la derecha en una rotonda, no ocupe el carril de la izquierda para luego cruzarse.
.- Que en lugar de tanta pose alternativa, pasen y las hagan participativas.
.- Que cada ciudadano haga que su calle compita en cuidado y belleza con el resto, que para eso son nuestras.
.- Que los sabios, cultos, cultivados, que los hombres y mujeres de experiencia, que los mejores en algo aporten sus ideas en un consejo que nos haga crecer y encaminarnos.
.- Que recuperemos de una vez, los buenos días y la cortesía, pues es un gran mérito ser educado.
.- Que puedan depositarse libros liberados por los parques y bancos, que se respeten, que se castigue a los vándalos.
.- Que podamos sentirnos libres para reprochar a quien desmejora lo colectivo.
.- Que nos sintamos orgullosos de los que nos llevan a gala y lejos, de los que nos dan fama o hacen que quieran venir a vernos.
.- Que esto no sea más que algo con lo que no estar de acuerdo o que ampliar con más esmero.
Vivimos tiempos extraños
¡ Qué frío hace! Se estremecen empedrados y pedregales, sonando un hueco y sordo eco en demasiados corazones. Quiéreme mucho por tanto o por tantísimo, corazón, que vuelvo a quedarme dormido en el sofá, ahora que tu silueta no me lleva de lo real a lo onírico entre caricias. No es fácil dormirse cuando no acabas de echar la última risa. Me siento sorprendentemente naúfrago de mi propio riesgo, pésimo propietario de una isla donde sólo llega el viento, campeón del mundo en quedarse absorto escudriñando el silencio. Todo luce, por lo visto, bajo el mismo sol y así, pequeña, amiga, no dejo de no verte por donde sí habito. Ni siquiera en las noticias que me acompañan estas últimas mañanas en que miro tu sitio vacío junto a mi taza urgentemente apurada de café. Nada hay que me exima del frío por lo visto. Días fríos. Noches frías. Por suerte queda la calidez de los amigos y también la otra, “la CALI-dez ”. Días, por otro lado, lamentables en que también vivimos tiempos extraños, oscuros, demasiado sorprendentes o incluso negro profundo. Tiempo de misiles lanzados contra un bloque de edificios repleto de mujeres, viejos y niños. ¿de verdad es tan sencillo? La radio nos anega de desgracias en la pleamar cotidiana, así lo fijan también en el papel flamígero los periódicos última y constantemente, así nos impresionan las retinas tanto telediario en delirio y sin colirio: Dan voz a los que se justifican por tanto entierro. Recogen que hay misiles que están siendo usados para repeler a hordas de ciudadanos que están siendo ocupados desde hace tantos años que, quien quiera recuperar lo arrebatado tardará aún más tiempo en identificarlo, en intentar compararlo con un recuerdo al que pueda llamar hogar y poderlo así traer de la memoria al lado de un abuelo. ¿cuántas piedras pueden contra un ejército? ¿cuántos cantos hacen falta para detener un imperio? ¿cuántos muertos caben en la palabra holocausto, en genocidio, en masacre, en impunidad o en atropello? Ven ya de una vez, corazón, chiquinina, que no me sienta nada bien quedarme solo viendo cómo está aún más solo el mundo, así muriendo. Ven y quítame el frío, bésame para que calle y duerma. Quiéreme. Yo sólo no tengo voz para parar a los asesinos, a los crueles y sempiternos fabricantes de montañas de cadáveres.
PALESTINA
Acudo a la cita hoy oyéndome decir que ésta vez, para variar, me gustaría decir lo que pienso sobre un conflicto como el palestino, el descarnado genocidio que no encuentra un spónsor tan sólido como el de la contraparte, tan parejo en el desconsuelo y a la taquicardia que sobreviene al recordar cómo abandonamos sin ningún honor al aún hoy expectante pueblo saharaui, no debemos sentirnos orgullosos por los actos de otros cuando hoy nosotros mantenemos en pie lo que la decadencia y sueños de gloria abusados elevaron en su día. Me temo que no basta con proclamar que nos oponemos de vez en cuando al atropello , a lo criminal o a lo impune de los asesinatos selectivos fríamente calculados; una granada para quince familias, con esta metralla tantos niños... No busco que nadie se muestre de acuerdo con lo que escribo, sencillamente intento comunicar el recorrido que hace en mis entrañas la rabia, la impotencia, la injusticia del abuso, decir cómo se me llena la boca de saliva y me palpitan corazón y vientre, sintiendo que se me ahoga cobardemente un grito que me impide reventar ante tanta soflama de guerra preventiva y tanto recuerdo de un holocausto (absolutamente indescriptible e intolerable, como tantos otros del pasado siglo, Stalin, Pol Pot...la lista es inacabable) que lo único que parece haberles enseñado es a cómo hacerlo. Ya está bien. No hay injusticia ni holocausto que merezcan más valor en el recuerdo exigido a terceros que lo que contradicen sus propios actos, y que no ha enseñado más que a atacar primero, más violentamente, y sí, a construir muros gigantes y guetos como con ellos hicieron, nadie lo cuestiona, es sólo que hoy es hoy, y que, en su camino, van dejando mientras tanto demasiada sangre e impunemente, sólo adolescentes, niños y viejos. Es lamentable que los mismos 60 años que celebra Israel hoy, signifiquen para el pueblo palestino pura ignominia. La comunidad internacional les ha obligado a quedarse sin territorio, sin familia, sin orígenes, sin futuro, sin más perspectiva que la guerra, sin más deseo futuro que un cinturón con explosivos, sin más opción que el odio como toda conciencia cultural o de pueblo, no entiendo cómo hemos podido hacer eso y creer que es lo correcto, aún hoy. Platón decía que sólo los muertos ven el final de una guerra. Lamentablemente, yo, que no llego tan lejos, sólo veo todo lo que hace una guerra.
martes, 13 de octubre de 2009
Quizás sea el día.
Quizás sea el día. Llueve. Digo llueve y ya me lleva. Huele a lluvia hasta donde mi razón se cobija. Es mi corazón el que sabe que el olor es el de la tierra húmeda. Huele a muchas tardes de mi infancia en que la marisma me guiaba por sus orillas hacia la mar. No hay manera de aislarse de ese aroma y de las ganas de estar ahí afuera en otro tiempo. Son los ciclos de la vida los que hacen que me conmueva, no puedo evitar sentir como un logro presenciar fuera de mi lo que vivo. Soy testigo. He de decir que he preparado una trinchera para protegerme laboriosa y tenazmente no obstante, que decidí sustituir los sacos de arena por pilas de libros que huelen a hoja muerta. Era niño y dibujaba incansablemente noches enteras un sinfín de personajes que luego colaba entre las hojas de los libros que había leído. Hacía guardia expectante, pretendiendo ver como interactuaban mis personajes cambiando así el destino de lo que para mi, entonces, quizás me pese que aún no hoy, era lo auténtico, lo verdadero, lo que había vivido al leerlo. Tan convencido estaba de que era real lo que se mostraba como tal. Finalmente acabé creando mis propias historias y creyendo que nada lo es. Hay cosas que no cambian, sin embargo y sin rubor. Aún llueve, y así destiendo mis preocupaciones. Pienso a saltos, o eso creo, como si no importara llegar a ningún acuerdo, me vienen ahora a la mente Dios, no se por qué y la esponja de Menger, que es un magnífico entretenimiento que nos ha regalado la matemática fractal y que, ahora que lo pienso, bien podría caber en la definición de Dios para según quién, no importa; yo no soy tú, tú no eres yo, ¿qué más puedo decir si ya he dicho que dibujaba para interactuar con un libro?¿si el sólo olor a lluvia me lleva en el tiempo y hace que diga esto que estoy diciendo? Haz la mezcla tu mismo. Por aquí llueve, sigue lloviendo, ha quedado limpio el aire, reluce el viento y comienzan a oírse los regueros. Hace una magnífica tarde para amar y dejarse amar por los libros; Mandelbrot, Tanizaki, Cartier-Bresson, Fromm… ¿por qué esperas que siga escribiendo?.
Vanitas
¿Cuántos de nosotros nos marcharemos este verano para no volver nunca más? ¿Cuántos dejaremos huérfanos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros amigos, cuántos de nosotros dejaremos de ser quiénes somos, la sombra que ocupamos en el recorrido diario al trabajo, en la casa de los amigos, en la mesa de tus padres, dejar de ser en el cuerpo de una amada, cuántos de nosotros dejaremos de ir al encuentro, cuántos no acudiremos a una llamada, cuántos seremos incapaces de estar al otro lado del teléfono, de acariciar al descuido un cuello viendo la tele después de cenar, de dar el abrazo a un amigo, de mirar a los ojos a un hermano que te mira con tus mismos ojos? ¿Cuántos de nosotros engrosaremos una fría lista de papel, seremos mortaja o esquela, tallados números en una fría lápida de panteón, apenas un recuerdo borroso en algún amor o una simple foto simple en un simple salón? ¿Cuántos dejaremos vacía una habitación, el lado de una cama, un desierto sillón, cuántos nunca más dejaremos tirada ropa a los pies de la cama, ni olvidado en la mesilla el reloj, el reloj, el reloj? ¿Quién sabrá tener valor para remover la lista de contactos de tu teléfono, quién, recoger tanta fuerza para formatear tu ordenador, borrar con un simple tecleo todo la información que, vivo, acumulaste? ¿Quién vaciará tu mesa, quién abrirá tus cajones y leerá tus textos escondidos, verá tus garabatos, borrará los dibujos pintados en los azulejos de la cocina, quién descolgará tus cuadros? ¿Quién recabará todos los proyectos abiertos sobre la mesa, quién revelará todos tus carretes, quién proyectará todas esas diapositivas, quién cobrará los últimos encargos, quién acabará tu trabajo si realizar? ¿Quién revelará los secretos que atesorabas? ¿Quién regalará tu ropa y repartirá tus recuerdos entre los que te quisieron? ¿Quién podrá evitar que hablen de ti, que hablen obligados a hablar, huellas de arena en una playa en plena pleamar? ¿Quién podrá decir, sin embargo, estoy aquí, he regresado, quién pondrá en claro todo lo que he preguntado, quién sabrá dejarse ir, llevar, quién sabrá volver indemne, pese a todo, quién sabrá simular, engañar a la parca sempiterna, regresar como si nunca se hubiera marchado? ¿Quién de vosotros me va a poder contestar?
¿Que qué me gusta?
Me gusta pasear por las calles repletas de conocidos mientras la luz salta por entre los coches y las paredes salpica, descubriendo así a la sombra que, tímida, se retira asombrada, recortada y ensombrecida. Me gusta el sonar de las palabras en mi cabeza y hacer planes de futuro. Me gusta apagar el televisor salpicado de sangre y pensar que las nubes sólo huelen a humo de avión. Me gusta pasear desde el sofá con mi nuevo proyector de diapositivas, ir en bicicleta por la ciudad a medianoche como en un sempiterno domingo, leer como si se tratara del último libro. Me gusta decir que me gusta ser y que me gusta estar. Me gusta callar todo lo que no digo. Me gusta marear la perdiz y no evitar lo que no evito. Me gusta hablar de lo que he leído, revisar a oscuras fotografías, emborronar papeles de regalo o garabatear mecánicamente cualquier cacho de papel. Me gusta beber cerveza y hacerme el duro de oído. Me gusta dibujar en los azulejos de la cocina mientras desayuno. Me gusta saber que me piensas -piojino- hasta en los papelillos, que me buscas saltimbanqui por la casa, y que hablas a Limoncello, mi querido canario-bandera, como si fuera nuestro. Me gusta subirte la falda y acariciarte el cuello, verte corregir exámenes con tu calculadora de Nesquick. Me gusta pensar que las fronteras sólo existen en los mapas. Me gusta ver películas entre nubes de humo gris y pedir comida china rodeado de amigos. Me gusta decir, sí, quédate a dormir. Me gusta pensar que no existen los pueblos elegidos. Me gusta decir que la constancia es más fuerte que el destino. Me gusta leer el I-Ching y sus designios. Me gusta que Lola aprenda a nadar porque es el primer capítulo de la autodefensa. Me gusta pensar en mis amigos y beber vino. Me gusta la vida aunque me duela estar vivo en este mundo podrido. Me gusta que me leas, lector, lectora, que estés aquí conmigo. Puedo seguir, pero aún no sé si te he respondido.
Desde la Parroquia
martes, 6 de octubre de 2009
No he vuelto a quedarme dormido en el sofá para mi alivio.
No he vuelto a quedarme dormido en el sofá para mi alivio. Tampoco he intentado llevarme hasta el borde mismo del cansancio inexplicablemente, ¿será verdad que soy mi peor enemigo? No me he quedado leyendo hasta que me pega en la frente el libro, ni he deambulando insomne por la casa pensando que pienso. No he estado diseñando inventos o instalaciones toda la noche evitando así acostarme. No he vuelto a amanecer torcido de cansancio en el asiento solitario. No he pintado los minutos y horas de desvelo, no he fotografiado bodegones imposibles improvisados en las horas muertas en que la ciudad parece que no existe. Hace días que no prorrogo las horas en que he de tumbarme desconectado y expuesto, amortajado de subconsciente, que no revuelvo las sábanas en combate desigual y chinesco. Hace días que apareciste por casa tras el primer intento y claro, no te sueño si te tengo al lado respirando esos sorbitos pequeños. Hace días que para no despertarte, ya apenas hablo y pataleo en brazos de Morfeo. Es así desde que me miras con los ojos entrecerrados y las piernas entrecruzadas, desde que me hablas sin parar de esto o de aquello, desde que tus manos me acarician al descuido y me colonizan estando toda tu al descubierto. De memoria te retrato sonriéndome en contrapicado. Así es desde que eso mismo afecta a mi estar despierto. Son tu cuerpo y tu tacto precisos los que me sacan o sonsacan el apremio, no ya de dormir, sino de seguir tu mano que me aferra y me guía como a un minotauro ciego. Es así, es curioso. Eres la que no me llama porque antes sales a mi encuentro. La que corre de puntillas por el pasillo y se cepilla los dientes sentada al borde de la bañera mientras yo me los cepillo. A veces se derriten los cronómetros, se vuelven piedra los relojes de arena que miden nuestro tiempo secreto y furtivo. Hemos salido del portal dándonos un beso y nos hemos ido sonriendo, recordándonos antes de volver a vernos. Sorprendentemente no hemos quedado en tener esto que ahora y tan brevemente tenemos, ni hemos conciliado posiciones en ningún proyecto, simplemente nos hemos ido pensando, buscando y recortando en un acercamiento improvisado y tranquilo. Hace días que desayunamos juntos sin embargo, recorriendo con el ánimo algún destino turístico, posponiendo desencuentros entre sorbo y sorbo de café, entre risas, besos sonoros y comentarios procaces. No puedo evitar pensar en verte escrita en la palabra ayer, anoche, y desearte así una y otra vez, siempre ayer, anoche, como en un reloj hecho pared y desde donde no se exprese el tiempo.
Quién me conoce lo sabe
Relato
Decían de él que era el único hombre del mundo sin amigos, sin familia, sin padre ni madre, que lo más próximo a su circunstancia era su sombra y ni ésta le acompañaba todo el día, tampoco soportaba su negrura, sus silencios.
Acabó muriendo, nadie sabe el día o si murió solo, sobre esto último parecía no haber dudas, pero sobre el día de su muerte hubo muchas especulaciones, cuando alguien lo encontró por casualidad tardó en reconocerlo dado el grado de descomposición en que se hallaba. Nadie notó su ausencia ni lo echó de menos, nadie lo lloró. El señor boticario fue el único voluntario que examinó el cadáver, la gente hablaba de maldiciones y no quería acercarse; sólo un hombre de ciencia y además forastero podía hacerlo. Redactó un informe que no entregó a nadie, pues no había a quien hacerlo. Años más tarde cayó en mis manos y así es como supe que no sólo no se sabía quién era ni de dónde venía, sino que carecía de lengua y campanilla,”debe ser una malformación congénita y en esa línea hay que investigar para determinar su origen y ascendencia”, apuntaba el ya también fallecido boticario, decía algo más este informe, y es que el fallecido en sus estertores de muerte había escrito una palabra en el barro: MÈRE.
A Ana María
Recababa para sí la magia de escribir con los dedos sobre distintos pantalones todo aquello que vivía desde la frontera física de su reflexión y que, no entendiéndolo quizás, ansiaba poder releer en un futuro en el que, no ya por la tecnología que se pudiera desarrollar, sino por su capacidad adquirida para solventar dudas o temores, la enfrentaran al medio en justo combate de igual a igual, haciéndola vencedora.
Quería leerse en un papel, escondida entre sus blancos y negros, aventuro hoy y después de anoche en la que hablamos del mundo, de libros y de nosotros en un Cali regateado de parroquianos pero pleno de calor humano, y en que, para evitarse escribir de nuevo con la invisible tinta de sus dedos, de sus fueros, con el renglón determinante de su cicatriz como camino tortuoso y clarificador así recorrido, así concluido. No hay secreto en esto que escribo. No entierro dobles sentidos en los caracteres ni en los giros.
La ví una noche sorpresiva y sorprendentemente convertida en un personaje de cómic de lo cotidiano, casi de cotidiario, aunque no pudiera detenerse su manera de reír o de mostrarse pícaramente irónica. En el contraluz de la madrugada generosa, cálida y etílicamente laxa, sin tensión ni tensionados, con el mismo juego de papel y tinta, con los vacíos que rellenara Malevich, en los contrapuntos de luz y sombra, en los tardíos viandantes vocingleros, y del otro lado, como contraparte, los ausentes y el silencio, fueron rellenando los huecos, los cajetines maquetados de planos, la historia hecha viñeta de un momento que por austero, sólo contiene el tiempo y el juego. No sé si se hará, si merece la pena hacerlo o si ya está hecho al modo de un poema que bien pudiera haberse escrito con los dedos en una playa de Varadero y que acabará llevándose la ola en una onda sin más movimiento. No importa, así lo siento.
Ya acabo. Este texto es sólo para mirar a los ojos a quien me lee mientras escribo de lo que hablo. Es para ti, Ana María, que te miras en el redondo espejo plateado, aunque ya no escribas limpiamente tus días en el aire, ni queden ya huellas de tus dedos caracoleando.
jueves, 1 de octubre de 2009
Quizás sea el día...
Quizás sea el día. Llueve. Digo llueve y ya me lleva. Huele a lluvia hasta donde mi razón se cobija. Es mi corazón el que sabe que el olor es el de la tierra húmeda. Huele a muchas tardes de mi infancia en que la marisma me guiaba por sus orillas hacia la mar. No hay manera de aislarse de ese aroma y de las ganas de estar ahí afuera en otro tiempo. Son los ciclos de la vida los que hacen que me conmueva, no puedo evitar sentir como un logro presenciar fuera de mi lo que vivo. Soy testigo. He de decir que he preparado una trinchera para protegerme laboriosa y tenazmente no obstante, que decidí sustituir los sacos de arena por pilas de libros que huelen a hoja muerta. Era niño y dibujaba incansablemente noches enteras un sinfín de personajes que luego colaba entre las hojas de los libros que había leído. Hacía guardia expectante, pretendiendo ver como interactuaban mis personajes cambiando así el destino de lo que para mi, entonces, quizás me pese que aún no hoy, era lo auténtico, lo verdadero, lo que había vivido al leerlo. Tan convencido estaba de que era real lo que se mostraba como tal. Finalmente acabé creando mis propias historias y creyendo que nada lo es. Hay cosas que no cambian, sin embargo y sin rubor. Aún llueve, y así destiendo mis preocupaciones. Pienso a saltos, o eso creo, como si no importara llegar a ningún acuerdo, me vienen ahora a la mente Dios, no se por qué y la esponja de Menger, que es un magnífico entretenimiento que nos ha regalado la matemática fractal y que, ahora que lo pienso, bien podría caber en la definición de Dios para según quién, no importa; yo no soy tú, tú no eres yo, ¿qué más puedo decir si ya he dicho que dibujaba para interactuar con un libro?¿si el sólo olor a lluvia me lleva en el tiempo y hace que diga esto que estoy diciendo? Haz la mezcla tu mismo. Por aquí llueve, sigue lloviendo, ha quedado limpio el aire, reluce el viento y comienzan a oírse los regueros. Hace una magnífica tarde para amar y dejarse amar por los libros; Mandelbrot, Tanizaki, Cartier-Bresson, Fromm… ¿por qué esperas que siga escribiendo?.
Quién me iba a decir...
Quién me iba a decir que el tiempo,
extraño contador de pasos contantes-no siempre perdidos-,
y que nos lleva vagamundos por el silencio si sin compañía,
por la vida repleta o vacía, y que en mí
ha sido durante toneladas de horas, durante kilómetros de segundos
un viaje o, la tragedia de la soledad, vívida,
en todo lo que se respira.
Cómo es posible que todo ese páramo yermo una vez quedado atrás,
una vez tragado por el sumidero, se contenga después de tanto, con toda su inmensidad,
(con la totalidad de su dolor matemático y quedando infinitamente preso,
por la calidad aquilatada de tus cotidianos),
en UNO sólo, amor,
en tan sólo uno de tus pelos.
A menudo...
A menudo pienso en lo engañosos que son los pensamientos. Vas por la calle, enumerando tareas, deberes, recuerdos, obligaciones venideras…los vas anudando mientras creas nuevas ideas en las que, contra toda lógica, seguir pensando….no hay nada que te acerque a la realidad mientras tanto. Sólo puede pasar desapercibido todo aquello sobre lo cual no prestamos atención, sobre todo aquello que no enfocamos atentamente. Así me he ido dando cuenta yo de cómo me transformo diariamente, de cómo te transformas tú mientras tanto, de cómo todo va cambiando; una vida, un espacio, una casa, un barrio, una ciudad y un estado.
Los únicos que no cambian son los muertos. Los que nos dejaron y nos conocieron, por millones en los telediarios y a los que, tele-diariamente, jamás tenderemos la mano o daremos un beso.
Recuerdo cómo era mi cara de antaño por la fotografía, recuerdo lo que pensaba por lo que dejé plasmado, no recuerdo lo que sentía porque el tiempo lo ha ido solapando dejándolo todo almibarado. Veo todas las fotografías que conservo y que podrían documentar una película fotograma a fotograma. Sería una película con final abierto me temo. Saldríais tantos en ella. De pequeño jugaba a crear la historia de los ocupantes de los coches que de contrario se nos cruzaban por la carretera. En ese fugaz momento en que veías apenas unos rostros en el instante justo de una acción,-he visto de todo-, peleas, gente cantando, discusiones, he visto muchos borrachos, niños tirando de los pelos a sus padres, padres pellizcando piernas hacia atrás y contorneándose, he visto grandes gestos de amor. Quizás te he visto a ti lector, lectora, quizás fuiste tú, mujer con la que me besé y rocé mímicamente escondido en un asiento y por el diminuto lapso que dura un semáforo rojo en tornarse verde, eras tan guapa y disfruté tanto esa estancia en Sevilla que aún hoy la considero a ella uno de mis rollos, en ese recuento estúpido e incomprensible que hacemos de nuestras relaciones, haciendo categorías que en mi caso, llega a crear etiquetas del tipo pelandrusca o gran amor de dos horas y media.
Decía que así voy pensando mientras camino, saltando de una rama a otra. Sobrevolando, por inconsciente, la realidad y lo cotidiano, consumiendo segundos mientras tanto, echando un rato contigo de nuevo lector, mientras tanto. Qué lástima que no tenga una cámara de fotos a mano, que no estés tendida, (es mi guiño lectora), desnuda a mi lado.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
A contragolpe
A contragolpe escribo. A contratiempo. Miro a uno y otro lado y al fondo, tan al fondo que es a mis pies, la ciudad encendida de sueños y que no sueño, proclama que todas nuestras vidas no sirven para alentarla nueva, distinta, autónoma, independiente. Entretanto desplanto devaneos tendiendo los vientos en tu pelo mujer que vuelas, que volabas o que no has vuelto. Rizo anhelos en tu pecho desnudo e ignoto, temerosa morena, o castaña, o almendra, que desvelas lo que, despierto, desconozco. ¿Cómo no ir pese a lo incierto? Suenas a adentros desde fuera pese a tu asombro. No puedo orientarme sin más signo que el rumor o el silencio, así no. Esperar entonces es mucho más, quizás demasiado para que todo lo breve lo retenga. Probablemente no merece la pena aquello que no perdura ni pervive ¿Cómo revivir lo que no resucita? ¿no son, acaso, ecos que suenan sordos , o ni suenan, demudados? Observo que así estoy, aquí, escribiendo a las dos de la madrugada que no te veo o que de no hacerlo no voy a ningún sitio, por ahora o por ejemplo. Así voy escribiendo, a entretiempos, desbrozando la madrugada silente, recorriendo adormecido los valles y campos de este cuarto vacío, Ínsula Barataria, tierra Micomicona en jeroglífico. No vayas a los ángulos dormidos donde lo oscuro penetra, ave desnuda que no vuelas ni clamas anhelos por cielo. Suerte de Ícaro concienciado que no despega del suelo. Los pies llenos de barro, las manos llenas de ceniza que no lleva el viento. Todo el cuerpo abandonado en llagas grandes como ciervos. Clave que desatinas el arco más severo. Tránsito de males, seres, enseres que no llevar a un destierro. No vayas. No te esperan, tenlo por cierto. Bastará que llegues para que florezca el desconsuelo. Ir es entonces remar a contrarremo. Nadar es nada más nada. Pecar es creer que es un acierto. Vivir así no es vivir, cielo, has de saberlo. Vas y vienes por distintos senderos y por ninguno de ellos triunfa tu rastreo de huellas u holladuras, tu caza tenaz de tiempo distraído, teniendo o entreteniendo, destejiendo, diluyendo esfuerzos y borrando dedos o manos que no desmerecen tus senos, la oquedad de tu espalda resbala hasta el suelo y no me llega tu ser fúlgido de escamas, y así tornas de espuma mis arenas y me dejas tumbado de salitre y alga, salado de saliva, enarenado, tecleando aliviado que acabo así esto que escribo.
CONCIUDADANOS
Conciudadanos. Atroces conciudadanos. Impertérritos testigos del genocidio cotidiano. Demudadas manos escondidas cobardemente. Copartícipes por omisión. Cooperantes asesinos. Egoístas, inconscientes, meapilas, engañabobos, tuercebotas, infieles, desleales, mentirosas degeneradas, traidores de medio pelo, enfermas de celulítico ego que os miráis en cualquier escaparate que distorsione vuestro patético reflejo, alcohólicos de desidia, paseantes de vida triste, amigos todos de la elucubración lúbrica en esta ciudad de provincias, en esta región de provincias, en este país de provincias, en esta a Europa de provincias, en este mundo auténticamente provinciano. Títeres pasivos manejados al antojo de la incompetencia política. Atendedme, totalidad de vosotros que no os dais nunca por aludidos. Pensad un poco. Están muriendo tantos inocentes cada día que se acabarán extinguiendo totalmente. Al final todos seremos culpables y aún estamos a tiempo. ¡ Si sólo fueran los niños, los viejos, los débiles, los enfermos crónicos, los discapacitados, los movilizados en una guerra, los condenados a la inanición, los enganchados a la droga, los enfermos mentales, los marginados, los pobres de solemnidad, los abandonados, los huidos, los deportados , los expatriados, las mujeres maltratadas, los denunciados falsamente por maltrato, los que no pueden pagar sus deudas, los que crédulamente profesan cualquier religión no dominante, los que tienen otra raza, otra orientación, otra cultura, otro acerbo, aquellos que simplemente son como son, los que defienden cualquier derecho básico para el hombre, por el hombre, los perseguidos, los desaparecidos, los ejecutados, los represaliados, los exterminados, si, sólo fueran cientos de miles más , millones, hombres víctimas directas de otros hombres, hombres víctimas directas de otros hombres durante generaciones, hombres con las manos manchadas con las entrañas de otros hombres, hombres y más hombres o montañas de cadáveres, orgía mortal que la historia siempre reclama ! ¡Si sólo fuera eso aún tendríamos remedio! Al final la vida se abriría paso aún a pesar nuestro, no sería la primera vez que la historia reescribiría ese cuento. Si sólo fuera eso. Hemos dejado, sin embargo, moribundas las ideas, la educación, los valores, la moral, la ética, la capacidad de regenerarnos como cultura, de avanzar hacia lo nuevo. Somos los peores analfabetos, somos aquellos que creemos que algo sabemos, los que damos por cierto que nos estamos extinguiendo mientras acabamos con el medio alimentando el miedo, justificando lo atroz, acabando con el propio mundo conocido, sonriendo durante horas frente al televisor, viviendo una vida encerrado en un salón. Somos los que hemos hecho fracasar el concepto de democracia, los que nos hemos quedado sin solución. Si soy el único responsable de mi opinión en este periódico, desde aquí, esto es lo que digo: Revolución, Subversión, Desobediencia Civil, Objeción de conciencia social, Espírirtu crítico, libertad de conciencia, Subversión del orden establecido. Libertad. El mundo es de los vivos.
DESACATO EN DESDICHADO DESAFUERO
Estoy. Estoy bien o no estoy, eso seguro, mis amigos lo saben. No sé si vengo o si voy, si dejo un rastro cierto o si no se me puede seguir, sin embargo. Aquí haré una pausa, -siento que me lo deben-, para hablar a aquéllos que me abordan para pedirme explicaciones de por qué escribo lo que escribo o lo hago como lo hago. ¿es necesario que estés borracho para que lo comentemos, amigo, lector? y tú, lectora ¿por qué no me pides que te escriba en una teta que te chupe un pezón? Me encanta hablar, aburro de hecho, pero es como todo ¿es que no se nota cuando me tambaleo, y tartamudo entreabro pesadamente los párpados? ¿que, aunque ebrio, intento ligarme a la chica que me acompaña? ¿qué quieres que te diga? ¿qué puedo hacer si no me entiendes? Un buen amigo dice que si no sabemos lo que se siente al tirar un penalti o tocar ante miles de personas, es porque nunca lo hemos hecho. Entendedme hoy, aquí, me obliga el título que he decidido. No me apetece hablar de las calles injustas y desproporcionadas o de la política mundial o de Cáceres, ni quiero valorar el panorama bursátil español, ni apostarme 20 pavos con Aníbal a que el Madrid pasará a la siguiente eliminatoria si no es en una tertulia en el Cali. No conozco un solo grupo de los que cita el amigo Canuto con tanto detalle y profusión, ni sería entonces capaz de escribirlo con ese ritmo que impone. Sin embargo puedo tomarme con él un buen birroncio hablando de su programa en la radio y luego contarlo como me de la gana. No soy tampoco un exalcalde de Cáceres al que poner a caldo o dárselo. Tampoco he sido aspirante a la Alcaldía. Carezco de interés mediático, estoy a salvo. Sin embargo, hago lo que hago así como lo hago, fijo los cuadros “prepintados” que veo en los lienzos, relleno cromática y simplemente lo que veo, aunque sólo yo pueda verlo. Así escribo también lo que va pasando mientras muevo los dedos, ¿veis? acabo de volver a hacerlo. Se trata de eso en realidad, de captar un momento, que es mi momento, aunque no haga sino pervertirlo cuando loco, lo comunico.
Mi hermano Rodrigo dice que para leerme hay que aguantar demasiado tiempo la respiración. Yo sin embargo sólo pienso en cómo me siento cuando me siento y escribo. Hoy es un día demasiado gris como para evitar que a mi no se me note. Desde el cálido silencio de mi habitación, hoy sí, soy impermeable a la pareja que desde la calle discute.
Mi hermano Rodrigo dice que para leerme hay que aguantar demasiado tiempo la respiración. Yo sin embargo sólo pienso en cómo me siento cuando me siento y escribo. Hoy es un día demasiado gris como para evitar que a mi no se me note. Desde el cálido silencio de mi habitación, hoy sí, soy impermeable a la pareja que desde la calle discute.
ANAmorfosis
Encuentro palabras que hallo terriblemente arrugadas, en los tristes bolsillos de la desmemoria y por el cadencioso paso justo de los años. ¿Cómo contener en las palabras un cuerpo o una cara como los de ella? ¿Cómo escribir su presencia manifiesta? ¿Cómo decir que sube los ojos distraídamente y que apenas sí apunta una mueca, que sus labios me piden que la bese y sus ojos, sus ojos, desde lejos que la espere, que no recorra más camino sin que su sombra y la mía, fundidas en desigual contorno, activas en los desniveles presentes y venideros, hablando de ese extraño uno que somos o que todos acabamos siendo después de todo, nos acaben reconciliando con nuestros pre-prejuicios, cómo? Camino incierto el de esta certeza sin apuesta ni futuro, lleno de maleza como sentimientos secos durante el invierno, jarales que el daño ventea, polvo que la soledad levanta a su paso, mezcla detraída a todo lo unificado, jardín que espera volver a ser combinado en fructífera constancia. Flor que si no nace no marchita; cuánta sed consume que no apagan los tragos de des-desdichas. ¿Cómo teclear remando contra el tiempo, si somos ahogados aún antes de habernos embarcado, si no hay un nuevo Finisterre, si el mundo ya está acabado y no cae pese a todo, si buscamos lamentablemente monstruos más allá de los espejos, o a través de la tierra plana, o redonda o cúbica, tanto da pues no cambia ningún hecho de lo hecho, corazón irresuelto, temor que abundas en mis adentros, llagas de risa entre mis dedos, cómo triunfar así previendo? Acodo sentimientos en claro desafuero, rotundo empero el tiempo las palabras sofoca, allí está Prometeo riendo mientras nos grita que no hay nada más que nada, que nunca hubo fuego, que el pobre Sísifo, desgraciado, nada carga. Avanzo, aquí llegados, con esmero, has de saberlo, por entre tu cuello y buscando tu boca de horas interrumpidas, de tardes que el alba no llora, de noches en vela, viento que atina un horizonte recuperado de lo enfermo, atrás quedó un feo denuedo en claro desvarío. Me gustas pluralmente. ABC. Hoy tú. Mañana luego. Quizás lejos, sí. Mientras tanto espero.
2 X 1
AUTORRETRATO SIN MÁS
Soy el que pinta.
Soy el que sube y baja escaleras,
El que se cansa y corre
y para y mira
y toca con un dedo las espaldas,
el que echa cupones a una lotería
que no está en venta.
Soy aquel que asoma en la
ventana de los días,
aquel que enfoca o desenfoca,
que respira o transpira,
que expira un poco a cada lienzo
y asume como todo comienzo,
que no hay nada más,
el que apenas sí recaba
un pedazo de metal,
una hojita de papel,
y un poquito de aliento
que conforman su sustento,
para nada o, simplemente,
¿para qué?
ESTOY ESCRIBIENDO AHORA
Estoy escribiendo ahora, lector,
y tú me lees,
pero no sabes cómo soy
ni desde dónde escribo.
Podría hablarte de ella, hombre, mujer,
podría decirte que la anhelo,
que sueño su huella en una de mis almohadas aspirando su olor a sábana.
Escribirlo ahora no me entristece.
Podría decirte incluso que la entiendo,
como si tú y yo nos conociéramos,
como si te importase saber cuánto
desconcierta su mirada mas allá de mi espalda, cómo suena su voz de deshielo,
su cuerpo misceláneo y sus ojos de muralla entrecerrada y larga.
¿Sabías que ríe desde otro continente?
¿qué en ella, todo, es lo ignoto?
Ya lo sé, tú simplemente me lees,
esperando a que yo haga algo,
y no me quejo de que lo hagas, no,
tampoco yo me siento capaz
de hablarte de su compañía,
ni del extraño desasosiego de su ausencia.
Pero escribo, sí, escribo.
Y no sé por qué.
Quizás distraigo las horas
hasta que la vuelva a ver.
Quizás como tú, lector, lectora,
que me acompañas
huyendo también del tiempo.
Soy el que pinta.
Soy el que sube y baja escaleras,
El que se cansa y corre
y para y mira
y toca con un dedo las espaldas,
el que echa cupones a una lotería
que no está en venta.
Soy aquel que asoma en la
ventana de los días,
aquel que enfoca o desenfoca,
que respira o transpira,
que expira un poco a cada lienzo
y asume como todo comienzo,
que no hay nada más,
el que apenas sí recaba
un pedazo de metal,
una hojita de papel,
y un poquito de aliento
que conforman su sustento,
para nada o, simplemente,
¿para qué?
ESTOY ESCRIBIENDO AHORA
Estoy escribiendo ahora, lector,
y tú me lees,
pero no sabes cómo soy
ni desde dónde escribo.
Podría hablarte de ella, hombre, mujer,
podría decirte que la anhelo,
que sueño su huella en una de mis almohadas aspirando su olor a sábana.
Escribirlo ahora no me entristece.
Podría decirte incluso que la entiendo,
como si tú y yo nos conociéramos,
como si te importase saber cuánto
desconcierta su mirada mas allá de mi espalda, cómo suena su voz de deshielo,
su cuerpo misceláneo y sus ojos de muralla entrecerrada y larga.
¿Sabías que ríe desde otro continente?
¿qué en ella, todo, es lo ignoto?
Ya lo sé, tú simplemente me lees,
esperando a que yo haga algo,
y no me quejo de que lo hagas, no,
tampoco yo me siento capaz
de hablarte de su compañía,
ni del extraño desasosiego de su ausencia.
Pero escribo, sí, escribo.
Y no sé por qué.
Quizás distraigo las horas
hasta que la vuelva a ver.
Quizás como tú, lector, lectora,
que me acompañas
huyendo también del tiempo.
397 palabras
Decir que no estaba deseando sentarme a escribir sería, por mi parte, absolutamente absurdo, burdo. Estaba deseando decir, por ejemplo; La memoria puede ser a veces el paladeo de lo grato, el viaje breve de la risa hasta las comisuras, el pulso que sobrescribe los trazos tensos y tristes de otros días y de otros aires, todo aquello que no supimos evitar o que hicimos simplemente. Escribir hipnotizado que olvidar se conjuga entonces con gestos de cabeza que señalan al infinito, que hoy el olvido sirve exclusivamente para introducir a todos aquellos que quiero, estimo o aprecio. Que creo necesario traer a este frente de líneas a los que están dispuestos a cerrar picas apretando los dientes con emoción y también a los pobres que salieron huyendo y hoy, por desgracia, se esconden excusándose y en desconcierto. No quisiera olvidarme de los que dan sin esperar más, de que Monty y Manolo me dicen y facilitan que escriba, ellos lo saben. Traer ahora a Josefo diciéndome limpiamente lo que piensa. Hacerme acompañar de nuestro amigo Patxi, baterista que extermina des-células hasta la victoria final, en un gran concierto. También todos los que en el Cali te tienden la mano y la sonrisa, los que te ponen una cerveza fría delante conminándote a quedarte, a compartir. Soñar con una barra naranja de Silestone que nos volverá a agrupar a todos ya por fin y de una vez. ¡ Ah, el tiempo!. Justo ahora que fijo sin fijar doscientas cuarenta y siete palabras, ya demasiado fijas para ser ciertas y en las que tú, si tú, al contarlas, lector, descubrirás que es cierto y pese a todo, innecesario. No hallarás una respuesta cierta ni si se acierta. No importa qué vean nuestros ojos, finalmente la sinrazón lo copa todo y nos escribe en la frente entre risas la palabra amor, escribiendo también olvido en un post-it rosa que se despegue al tiempo. En un gesto me pides que te posea, mujer que me desamas. Radiohead canta Weird fishes y me emociono innecesariamente recordando una canción que nunca hemos compartido, sirena de mis días, sonar o ruido que no alarma, también yo sigo al fin, leyendo lo que escribo. Por incrédulo caigo abatido por las palabras tras las que me escondo, lo sabes, amor que me desarmas , que no tienes cara o no la recuerdo, por breve. Ve. (397).
martes, 29 de septiembre de 2009
VIDA Y OBRAS DE ESPONTÁNEO PÉREZ.
Me llamaron Espontáneo porque mi padre que era marino, al regresar tras 10 meses de travesía y abrazar a mi madre, ésta le dijo:”Suelta ya, Paco, y llévame al Hospital que voy a dar a luz”.A mi padre sólo se le ocurrió decir -¡Hostia!-,y como no podían llamarme así, ni tampoco Eureka, me llamaron Espontáneo, porque a decir de mi padre, eso es de lo que yo era fruto, de la generación espontánea. Años más tarde me enteré de que mi padre se emborrachaba desde entonces todas las noches, que daba tumbos de tasca en tasca y sufría mucho, que después de pensarlo fehacientemente llegó a la conclusión de que yo no debería llamarme Espontáneo, pues esto no era posible, que sin duda yo era fruto de aquel deseo libidinoso y algo sucio que entraba al abordaje en el camarote de mi padre todas las noches allá en alta mar y que le hacía desear a mi madre desnuda, entre un montón de cajas de pescados refulgentes y húmedos de pasión. Mi abuela decía de mi padre que era un deslenguado, un Catón barriobajero, un estibador de insultos soeces, y mi padre pensó de mí que era un lenguado, por tan callado y ausente y, cosas del vino malo, llegó a relacionarlo con sus deseos en las noches demasiado calurosas o demasiado frías y por eso sufría y maldecía mi padre, nunca más podría desear a otra, ni soñarla desnuda en un banco de peces, igual de resbaladiza y húmeda, igual de peligrosa. Mi padre era un náufrago en tierra que bebía con la esperanza de que fuese suficiente para albergar a un pequeño esquife y poder huir así de sus verdades, de sus limitaciones. Y es que los marinos son gente ingenua e insegura en tierra, pues en alta mar –como gustaba decir mi padre- todo es distinto incluso para masturbarse; sólo tienen que extender el brazo y colocar la mano en forma de O mayúscula, que la mar ya hará el resto. Siendo todo así de fácil, no me extraña, pese a todo, que me pusieran este nombre y que mi padre no se asombrase de mi parecido con el médico del pueblo, que según él, era de tanto que iba a su consulta, aunque en el pueblo se decía que la culpa no era mía, sino de las visitas que mi madre le hacía a su vez, aunque eso tampoco lo he entendido nunca. Nunca he creído que el aspecto físico se contagiase, pues yo siempre me he pasado las tardes con mi abuelo paterno en el puerto, que cuando joven fue uno de esos famosos bomberos toreros, y al pobre le saco dos cuerpos, pues soy incluso más alto que el médico, que siempre fue el más alto de todo el pueblo. Esto debe fastidiar mucho al viejo doctor, pues se le saltan las lágrimas al verme, como cuando recogí el diploma de primeros auxilios en un acto de la Casa del Mar y que él me entregó, como ya he dicho, con lágrimas en los ojos, y digo yo que por la rabia debe ser, pues está muy bien ser el más alto del pueblo, todos cuchichean y me señalan con el dedo cuando paseo con mi abuelo o sin él, esbozan una sonrisa a mi paso. Me gusta ser el más alto del pueblo.
ERA DE TAL MANERA QUE NUNCA ABRIÓ UNA CARTA
Era de tal manera que nunca abrió una carta. Guardaba expectante la esperanza hasta que algún día, quizás, secretamente, pudiera abrirlas habiéndose desprendido de su humanidad, de las marcas y cicatrices o, arañaduras desgarradas, queridas o autoinflingidas, y del más mínimo poro de identidad hasta que, ahora sí, quedara sanado de tanta vida vívida, y poder así recorrer los sesgos de tinta encanecida y arrastrada por un papel demasiado amarillo de tiempo. Saltar la consciencia cambiando el eje o algo así, ni él mismo lo sabía. El plan, la urdimbre, iba orientada desde un comienzo. No sólo se dedicó durante años a enviar cartas a todo tipo de empresas solicitándole catálogos de cualquier clase con las más peregrinas preguntas y peticiones, sino que fabulaba identidades con la destreza de un falsificador. También llegó a cartearse con ancianos de un asilo con los que compartía camaleónicamente que cualquier tiempo pasado fue mejor o peor , quién lo sabe y a quién le importaba, el caso es que morirse y saberlo es una putada y ya está. Como debía parecerle sin duda poco acertó a pergeñar una doble estratagema, se colaba en las bodas y, jugando trivialmente con el lenguaje se acercaba unos y a otros mientras almacenaba alimentos como en una cornucopia al revés, robando frases y recuerdos cogidos al descuido o al descaro que poco más le daba. El caso es que no hubo boda en la que no llenara más de siete páginas de su listín de direcciones, uno marrón y desgastado que dejara olvidado u abandonado alguna mujer con la que compartiera algún frío despertar, o quizás incluso vida, como aquélla que, bueno mejor es no nombrarla. Como quiera que su dedicación casi exclusiva era la de enviar cartas y que anduvo haciéndolo tantos años que, con todos los excedentes de sellos que acumuló , al cabo, acabó teniendo una de las mejores colecciones modernas de la región, aunque confieso que no sé si es mucho o poco, en fin , en su caso, no ya un buzón sino un contenedor de obra camuflado de buzón y que también con el tiempo acabó siendo por culpa del turismo, identificativo de la ciudad, recogía diariamente cual boca gigante que desconociera la palabra inapetente toneladas de misivas y demás correspondencia extraña, desde una prueba gratuita de una lentilla a un rolex, aunque aquí hubo un error, porque realmente era del vecino y se lo estaba devolviendo la casa suiza, con total confianza también suiza, y quizás un poco sueca, por lo imprudente. No había espacio donde almacenar tantas voces transcritas y enmudecidas en su mortaja de solapa y papel, ni mucho menos para los paquetes o los paraguas publicitarios. Hubo que donarlos. Ante el regocijo general en la inauguración de los archivos sociológicos que llevaran su nombre, se le nombró hijo predilecto bajo una lluvia seca de aplausos. Llegándole la muerte se dio cuenta de que no había conseguido superar su propia consciencia ni su humanidad. La gente lo saludaba por su apellido por la calle, nadie se atrevía a tutearlo, lo veían como una eminencia que había dedicado su vida a La Gran Obra, nadie sabía cuál ni qué, aunque el boca a boca iba pasando que era un genio, no lo era, el lo sabía, había sido derrotado por su propio esfuerzo. Decidió comenzar a liberarlo todo, dejar salir los textos del cautiverio, los colores, los diseños. Abrió sin mirar una carta. Era para su nieto Pablo.
UNA NOCHE DE ABRIL KOSOVAR EN EL AÑO 1999. EUROPA.
-¡ Abra la puerta Józef Bartlomiej ! . La muerte golpea muchas veces, pero sólo llama una vez a su víctima. ¡ Abran la puerta !. Los puños son culatas de fusiles importados. ¡ Sabemos que están en casa, abran ! . Suena música a lo lejos, algo suena, a lo lejos, ¿ o son quizás los carros, las carretas?, ¿ o son quizás los muertos ?.
Siete ojos expectantes, de helado el aire, tiritaba el miedo. Atrás, su casa, enfrente la calle, transitando el odio; recogido el silencio.
- ¿ Qué sucede ?, ¿ Qué sucede ?, ¿ Qué sucede ?, ¿ Por Dios, qué sucede ?.
- Nada, cállese. ¡ Salgan todos fuera !, ¡ Salgan!
- Pero, ¿ por qué, señor ?, ¿ Por qué ?, mi familia no, por favor señor, por favor.
- ¡ Cállese !, ¿ cuántos son ?, ¡ Que se pongan los hombres cerca de la ventana !
- Mis hijos no, Dios mío, mis hijos no... Ayúdenme, por favor, ayúdenme.
- ¡ Que se calle viejo !, ¡ Deje ya de gimotear y póngase también en la ventana !
- Por favor señor, se lo pido de rodillas, mire señor, mire, mire...
- ¡ Suélteme, no me toque ! ¡ Suélteme!, ¡ Lleváoslo a la ventana !
Las noches son frías, son más frías sin alba. La nieve rebosa de lágrimas y el valle de almas. Los recuerdos que uno ha ido recogiendo, de nada servirán si la vida es un jardín repleto de dentelladas y de fusiles, de botas y de balas.
- ¿ Cómo te llamas, hijo ?
- Slavko, señor.
- ¿ Y vosotros dos ?
- Slojan, señor...
-Y yo Jan, señor.
- Supongo que tu eres el mayor, ¿ verdad ?
- Así es, señor.
- Por favor, señor, por favor... Dios mío.
- Cállate viejo, que estoy hablando con tu hijo... A ver, ¿ Qué hacéis aquí ?, ¿ Por qué no os habéis ido ?... Ján, ¿ verdad ?
- Sí, señor, Jan... Sólo tenemos esto, señor, nada más tenemos... es nuestra casa... Lo entiende, ¿ verdad señor ?, ¿ verdad que lo entiende ?
- Vuestra casa... ya veremos... ¡ Vámonos !
- Gracias, señor, muchas gracias, Dios rescatará su alma de entre los muertos...Vamos, Gracias Dios mío, muchas gracias, gracias, oh, Dios, por salvar nuestra humildad... Vamos Ifigenija, Olga...vamos entrad en casa...dejad de llorar ya... gracias Dios mío, gracias...vamos Narcyza... ¿ ha entrado ya Mina ?...
Apenas un gesto, un llanto quedo de bisagras, pone su cerco a la muerte, al odio sempiterno de las llagas. El que oprime las risas del que nada tiene, el que nada espera sino la muerte, ahora vaga con sus fantasmas en el estertor último de la noche...
La muerte siempre tutea a los mortales, pero sólo una vez los apellida...Tres noches repitieron la misma escena, la misma representación funesta...
- ¡ Józef Bartlomiej Zlatavic, ¿ dónde está tu hijo Ján ? !...
- No sé dónde está, señor...se lo juro por mi familia, se fue hace tres días y no ha vuelto, por Dios señor ¡ créame !, por favor no, por favor...
- Está bien Józef, te creo..., mataremos a tu familia entonces...
La nieve siguió cayendo durante toda la noche y nada pudo borrar... Jan Zlatavic fue entregado en la madrugada del diecisiete de abril, su padre le aferraba fuertemente la mano mientras lloraba...¡ Qué fría queda la vida tras la llegada del alba...!
Siete ojos expectantes, de helado el aire, tiritaba el miedo. Atrás, su casa, enfrente la calle, transitando el odio; recogido el silencio.
- ¿ Qué sucede ?, ¿ Qué sucede ?, ¿ Qué sucede ?, ¿ Por Dios, qué sucede ?.
- Nada, cállese. ¡ Salgan todos fuera !, ¡ Salgan!
- Pero, ¿ por qué, señor ?, ¿ Por qué ?, mi familia no, por favor señor, por favor.
- ¡ Cállese !, ¿ cuántos son ?, ¡ Que se pongan los hombres cerca de la ventana !
- Mis hijos no, Dios mío, mis hijos no... Ayúdenme, por favor, ayúdenme.
- ¡ Que se calle viejo !, ¡ Deje ya de gimotear y póngase también en la ventana !
- Por favor señor, se lo pido de rodillas, mire señor, mire, mire...
- ¡ Suélteme, no me toque ! ¡ Suélteme!, ¡ Lleváoslo a la ventana !
Las noches son frías, son más frías sin alba. La nieve rebosa de lágrimas y el valle de almas. Los recuerdos que uno ha ido recogiendo, de nada servirán si la vida es un jardín repleto de dentelladas y de fusiles, de botas y de balas.
- ¿ Cómo te llamas, hijo ?
- Slavko, señor.
- ¿ Y vosotros dos ?
- Slojan, señor...
-Y yo Jan, señor.
- Supongo que tu eres el mayor, ¿ verdad ?
- Así es, señor.
- Por favor, señor, por favor... Dios mío.
- Cállate viejo, que estoy hablando con tu hijo... A ver, ¿ Qué hacéis aquí ?, ¿ Por qué no os habéis ido ?... Ján, ¿ verdad ?
- Sí, señor, Jan... Sólo tenemos esto, señor, nada más tenemos... es nuestra casa... Lo entiende, ¿ verdad señor ?, ¿ verdad que lo entiende ?
- Vuestra casa... ya veremos... ¡ Vámonos !
- Gracias, señor, muchas gracias, Dios rescatará su alma de entre los muertos...Vamos, Gracias Dios mío, muchas gracias, gracias, oh, Dios, por salvar nuestra humildad... Vamos Ifigenija, Olga...vamos entrad en casa...dejad de llorar ya... gracias Dios mío, gracias...vamos Narcyza... ¿ ha entrado ya Mina ?...
Apenas un gesto, un llanto quedo de bisagras, pone su cerco a la muerte, al odio sempiterno de las llagas. El que oprime las risas del que nada tiene, el que nada espera sino la muerte, ahora vaga con sus fantasmas en el estertor último de la noche...
La muerte siempre tutea a los mortales, pero sólo una vez los apellida...Tres noches repitieron la misma escena, la misma representación funesta...
- ¡ Józef Bartlomiej Zlatavic, ¿ dónde está tu hijo Ján ? !...
- No sé dónde está, señor...se lo juro por mi familia, se fue hace tres días y no ha vuelto, por Dios señor ¡ créame !, por favor no, por favor...
- Está bien Józef, te creo..., mataremos a tu familia entonces...
La nieve siguió cayendo durante toda la noche y nada pudo borrar... Jan Zlatavic fue entregado en la madrugada del diecisiete de abril, su padre le aferraba fuertemente la mano mientras lloraba...¡ Qué fría queda la vida tras la llegada del alba...!
RELATO DE LA ESPAÑA DE 1936.
La noche arrastraba su silencio por los empedrados con la misma constancia sumisa, asustada y torpe, del condenado a muerte en procesión. Apenas unas sombras iban por los quicios, por las columnas y los aleros, con la celeridad premonitoria del que siente que aún le queda mucho por hacer, por vivir. El silencio arrastrado helaba las espaldas de los hombres y de las casas, llenando de ojos y de temblores los braseros.
La plaza del humilladero, tantos días de mercado transitada, sonreída, ilusionada, tantas noches buscada en los bancos, en los poyos oscuros palpitantes de besos y de deseos acunados por caricias, por cosquilleos. Ahora desierta, mascando el miedo y lo funesto. Ahora muerta.
Tenue luz ilumina los rostros inquietos alrededor del fuego. La susurrante espera del que se sabe muerto abarca la sala de pétrea paciencia. Los perros, extenuados, desobedecen las lágrimas silenciosas de las madres, de los niños, de los viejos. Hay hombres que se duermen cansados y se abandonan en su sueño, y se sueñan mujeres florecientes de carnalidad y de sexo, y se sueñan agarrados de las rodillas de una madre, y se sueñan rodeados de nietos, y eluden así el miedo.
Empiezan a sonar ecos verdugos por los linderos, se acercan a paso ligero, cabezas inclinan oídos, se estremecen los cuerpos. Clamor de botas abunda, sudor de entierro ventea y en las casas, los hombres rompen sus sueños y las brasas humean: Humo rojo para los muertos, y para los vivos, negro.
Tres segundos golpean la puerta, son catorce los que esperan. El silencio entonces es más denso cuando abre la puerta el hijo." El universo entero cabe en el crepúsculo y Dios viste ansioso catorce uniformes nuevos " - piensa-.
-" ¿ Es aquí donde los García Hernández, traidores, agitadores del pueblo ?. ¡Contesta!, que no están las cosas para silencios ". La espuma tiene bigote y sed de sangre hasta en las cejas. " ¿ Gritan aquí libertad, compañero ? "...
-" Aquí es, sí, pero mi padre y mi tío hace tres días que se fueron y no sólo gritan sino que también piensan en ello ".
Se siente la rabia impaciente tiritando en las pistolas y en los brazos cargados de fusiles.....-" ¿ Qué edad tienes, muchacho ? ". La ira es una mueca ávida de muerte.
-" En un mes hago trece ".
-" Edad suficiente para encontrar la muerte. ¡ Adelante! ". Una seña vale más que una masacre.
La noche arrastraba su silencio por los empedrados. La sangre arrastra su injusticia por entre los cuerpos y nada más será arrastrado. Nadie quiso huir de su infancia, de sus recuerdos, ¿ Qué me pueden hacer por pensar lo que pienso ?.
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